En cristiano

La comunidad humana auténtica

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Por Carmen Pérez Rodríguez

Muchos de nosotros, hemos leído Le Petit Prince. Una preciosa fenomenología de la amistad. Hace ya muchos años que escribí sobre ello. Saint-Exupery admite dos formas de comunidad, como Heidegger y Jaspers. Una, la auténtica, fruto de la religación consciente y vivida, convierte al hombre en hombre de una religión, de una comunidad; une a los hombres en un objetivo común, aunque vayan por diferentes caminos. Es una comunidad por la que el hombre con su propio esfuerzo pero “en” Dios, va haciendo más vasta la extensión de su espíritu, llenando su soledad, abriéndola al silencio divino. De esta comunidad brota el deber y la responsabilidad, ella da sentido a la vida y a la muerte. La otra, por el contrario, es la “comunidad de la muchedumbre”, de la masa, en la que el hombre vive entre una multitud de presencias indiferenciadas, o si las diferencia es para dividir. El hombre en esta inauténtica comunidad se convierte en robot, falto de evidencia espiritual y de la cualidad humana.

Todo esto me ha venido por la fiesta de la “Comunión de los santos” seguida del día de los difuntos. Y he sentido una profunda alegría y me ha hecho sentir la visión amplia y grande de lo que significa para los católicos la “Comunión de los santos”, esencia de la vida y dinamismo cristiano que expresa la participación de todos en la vida de la Iglesia, sacramentos, Eucaristía, carismas, dones, vida ordinaria…En la raíz de la comunión está el amor que impulsa a “poner todo en común” incluso los propios bienes materiales al servicio de los más pobres. Esto dice el compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. El problema es de los que no lo vivimos así. En la medida en que no lo vivimos pues, sencillamente, somos menos cristianos.

Lo que pensadores, por ejemplo toda la filosofía de la relación y comunicación, el existencialismo, sienten, es un pálido reflejo de lo que es la GRAN REALIDAD de la Iglesia que pone de manifiesto y que abarca todo cuanto existe, todos los acontecimientos y contenidos de la vida. Jesucristo es el instante de la historia en que la realidad cesa de ser ambigua y vuelve a convertirse de manera glorificada en conducto hacia Dios, dice Luigi Giussani. Para él, “el santo es el hombre verdadero porque se adhiere a Dios, y por lo tanto, al ideal para el que está hecho su corazón, del que está constituido su destino. Santo es, en el sentido más exacto de la palabra, el hombre que realiza su personalidad, lo que está llamado a ser, de forma integral” ¡Claro¡ quiero ser santa. Esta comunión de los santos expresa de manera única lo que realmente es el sentido de nuestra vida. ¡Que bien expresada está la colaboración del hombre en la tarea de la comunidad en la que fluye la obra redentora de Cristo¡

La comunión se da, se vive, entre todas las personas. Los que vivimos peregrinos en este mundo, los ya difuntos, que se purifican, ayudados también por nuestras plegarias, y los que gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros. Todos juntos formamos en Cristo una sola familia, María, una mujer nacida como nosotros, es la Madre de esta familia, la Iglesia, porque ha dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios. Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Lo sabemos, Jesús, agonizante en la Cruz, nos la dio como madre con estas palabras: Ahí tienes a tu Madre. Ella, es nuestro modelo de fe y de caridad. Vemos en ella una imagen de la resurrección que nos espera. Y el que CREÓ la inmensidad de naturaleza que vemos, las maravillas que la ciencia va descubriendo desde la energía, en lo microscópico y en lo macroscópico hasta el ser humano capaz de objetivar, como dice Max Scheler, todo lo que llamamos creación, cosmos, mundos, “hacer” arte, historia, economía, política, religión, filosofía, cosmovisiones...El que llamamos Dios,¿no iba a “inventar” algo que ciertamente nos causa estupor?. Me siento como Romano Guardini: el misterio es exceso de verdad.

Es maravillosa la realidad de la comunión de los santos. Es la fuerza y el motor de toda forma de relación humana, por la ayuda que sentimos, por la amistad, por la responsabilidad que implica. Muchas personas hablan de la experiencia que tienen de sentir como los suyos, que están en Dios, les ayudan, los sienten presentes con su consuelo, paz, ayuda. Y los que estamos en la tierra, es, de una riqueza y amor extraordinario, pensar que podemos ayudar a los de nuestra comunidad humana que están purificándose. Es impresionante la vida y el dinamismo de esta comunión de los santos y de la fiesta de todos los fieles difuntos que celebramos: la unidad, la universalidad (catolicidad), la santidad, la apostolicidad. Si lo pensamos sin prejuicios, y con profundo sentido de la vida es la real y auténtica relación entre las personas y la realidad que esta aconteciendo.


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