Por Carmen Pérez Rodríguez

La “Comunión de los santos” es la esencia de la vida y dinamismo cristiano expresa la participación de todos en la vida de la Iglesia, sacramentos, Eucaristía, carismas, dones…En la raíz de la comunión está el amor que impulsa a “poner todo en común” incluso los propios bienes materiales al servicio de los más pobres.
Evidentemente expresa también la comunión entre todas las personas “santas” los que ya están con Cristo. Unos vivimos peregrinos en este mundo, otros ya difuntos, se purifican, ayudados también por nuestras plegarias, otros finalmente, gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros. Todos juntos formamos en Cristo una sola familia, la Iglesia. María es Madre de la Iglesia, porque ha dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios. Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Lo sabemos, Jesús, agonizante en la Cruz, nos la dio como madre con estas palabras: Ahí tienes a tu Madre. Ella, es nuestro modelo de fe y de caridad. Vemos en ella una imagen de la resurrección que nos espera. Necesitamos en nuestra vida vivir sintiéndola como madre, abogada, auxiliadora, socorro, mediadora.
Es maravillosa la realidad de la comunión de los santos. Es la fuerza y el motor de toda forma de relación humana, tanto desde la ayuda que sentimos, y muchas personas hablan de la experiencia que tienen de sentir como los suyos, que están en Dios, les ayudan, y les sienten presentes, sienten consuelo, paz, ayuda. Y los que estamos en la tierra es de una riqueza y amor extraordinario pensar que podemos ayudar a personas que están purificándose. Es impresionante la vida y el dinamismo que esto supone: la unidad, la universalidad, la santidad Es la real y auténtica relación entre las personas. Lo que pensadores, por ejemplo toda la filosofía de la relación y comunicación, sienten es un pálido reflejo de lo que es la GRAN REALIDAD que abarca todo cuanto existe, todos los acontecimientos y contenidos de la vida. Jesucristo es le instante de la historia en que la realidad cesa de ser ambigua y vuelve a convertirse de manera glorificada en conducto hacia Dios, dice Luigi Giussani. Esta comunión de los santos expresa de manera única lo que realmente es el sentido de nuestra vida. Que bien se expresa la colaboración del hombre en la tarea de la comunidad en la que fluye la obra redentora de Cristo.¡Y cómo ilumina todo este gran misterio de amor la Eucaristía¡ Adorar, culto de latría, adoración que lógicamente sólo corresponde a Dios, tanto durante la celebración de la eucaristía como fuera de ella. Pertenece a la vida de la Iglesia esta adoración eucarística, la diligencia con que se lleva a los enfermos y personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, lo que se vive en la solemne adoración perpetua, las procesiones, los sagrarios. La Eucarístia nos hace vivir la comunión de los santos. Toda la Iglesia ante el Cordero (Por eso los textos del Apocalipsis que vimos el otro día).
El gran milagro de comunión, de encuentro, de vida es desde luego la Eucaristía sus nombres los dicen: Eucaristía, Santa Misa, Cena del Señor, Fracción del Pan, Celebración Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santísimo Sacramento del Altar, Sagrada Comunión. (Un día nos deberíamos centro solo en la celebración de la Eucaristía para comprender y necesitar más de la Adoración. Como el que sabe lo que es la familia cuida después todos los aspectos. La Eucaristía es “prenda” de la gloria , nos fortalece, nos une a Cristo, a la Iglesia del cielo, a la Iglesia que está en situación de purificación, a la que camina día a día.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos