Por Carmen Pérez Rodríguez

Le he dicho a Melania que vamos a escribir juntas. Me he conmovido tanto en clase esta mañana que se lo he propuesto. Tiene 17 años, cumplidos el 5 de octubre, una guapa chica malagueña, que por un accidente de moto está en el hospital de parapléjicos en Toledo. Y yo tengo el enorme regalo de ir a darle clase. Bueno, creo que aprendemos juntas. Siempre he pensado que un profesor que no aprende al mismo tiempo, no puede enseñar. Sí, muy socrático, pero muy real.
Su profesor de Málaga, desde aquí me alegro profundamente con él, tiene que estar encantado. A Melania le gusta la filosofía, y le brillan los ojos cuando recuerda a su “”profe”, se ha traído su cuaderno de apuntes personales que leemos juntas y comentamos. Siente, como Ortega y Gasset, que la filosofía es un saber radical y lo es porque se plantea problemas últimos y primeros, por tanto radicales; y porque se esfuerza, como es lógico en pensarlos de modo radical. Sabe que la ciencia no admite más problemas que los que son susceptibles de solución, son problemas mansos, como animales domésticos, y entran en la investigación como entran, en la pista de circo, los leones amaestrados. Pero los problemas de la filosofía, de la vida, son problemas feroces, son leones sin limitación alguna de su brío pavoroso. Sabe y descubre que no se “aprende” filosofía, como decía Kant, se aprende a filosofar. Le gusta el atreverse a pensar y vivir sin prejuicios. Me dice, de esa manera sosegada y certera que tiene de hablar, que hay cuestiones fronterizas en la ciencia y en la filosofía, que hay distintas formas de lo que llamamos certeza, que la filosofía es una visión del mundo, y que los niños tienen su propia filosofía. Ella se admiró y conmovió la primera vez que vio llorar a un hermano suyo.
“Me preguntan, dice Melania, como me siento estando inmóvil. Y yo les contesto: lo que está inmóvil es mi cuerpo pero no mi corazón y mi cabeza".Por la hondura de contestación descubre cada día nuevos horizontes, cielos no vistos, estrellas desconocidas. Tanto si tiene el tono vital alto, como si esta “baja” Melania no está inmóvil.
Nos entusiasmamos las dos con su contestación, nos alegra por dentro y sentimos lo que dice Unamuno en la plenitud quinta “Adentro” Dejar de lado eso de progresistas y retrógrados, ¡adelante¡ ¡arriba¡. Todo eso es moverse en el ámbito exterior, Queremos estar en el espacio interior. Y sentir dentro el universo entero que es la mejor manera de derramarnos en él.”En vez de decir, pues, ¡Adelante! o ¡Arriba!, di: ¡Adentro! Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que reboses luego, conservando el manantial. Recógete a ti mismo para mejor darte a los demás, todo entero e indiviso. "Doy cuanto tengo", dice el generoso; "Doy cuanto valgo", dice el abnegado; "Doy cuanto soy", dice el héroe; "Me doy a mi mismo", dice el santo; y di tú con él, y al darte: "Doy conmigo el universo entero". Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti, ¡dentro!” Por la hondura de su espíritu, descubre cada día cielos no vistos, estrellas nuevas. ¡Que buena contestación la de Melania¡ Corazón y cabeza eso es la persona.
“No lleves la silla en el cabeza, póntela en el culo” Es una expresión muy gráfica la que nos ha dicho Santiago, un agradable y servicial profesor del hospital. Vaya expresión buena para comprender lo importante de que nuestra libertad es la causa de la actitud que podemos tener ante las situaciones, “lo que me ha pasado a mí, concluye Melania.
Viernes, 17 de febrero
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