Fuente: claret.org

“En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. Qué bella, Señor, esta oración que recitamos cada noche al concluir nuestra jornada. Nos ayuda a mirar nuestra vida desde Ti y a entenderla dentro de ese gran Proyecto que Tú tienes para tus hijos e hijas.
Mientras recordamos las experiencias que han marcado nuestro caminar durante el día que se acaba, nos sentimos de nuevo amados por Ti y renovamos nuestra fe en tu Providencia que nunca nos abandona. En el calor de tus manos descansamos y recuperamos las fuerzas para continuar gastando nuestra vida al servicio de tu Reino.
En tus manos, Señor, nos sabemos “barro”. Conocemos nuestra fragilidad y pequeñez, pero nos damos cuenta también de que vivimos gracias al soplo de tu Espíritu, fuente de la vida que inundó aquel “polvo de la tierra” que amasaron tus manos.
En tus manos, Señor, nos sentimos hermanos de todos, modelados como nosotros por ellas, en una experiencia de fraternidad que tiene en Ti su fuente y razón y que, por ello, supera todos las diferencias que hemos ido construyendo a lo largo de la historia. Tú eres el Padre/Madre que ha “tocado” cada uno de sus hijos y que los sigue acariciando con un amor que no conoce límites.
Desde tus manos, Señor, se nos transmite el dolor que como Padre experimentas al percibir las heridas de tus hijos, producidas por el egoísmo y la violencia de sus hermanos.
En tus manos, Señor, descubrimos también los signos de tu esfuerzo incansable para seguir sosteniendo el caminar de la humanidad y corregir el rumbo de la historia cada vez que se aparta del camino de justicia que Tú mismo le has indicado.
En tus manos, Señor, nos sentimos llamados a amar a quienes Tú amas y a modelar la historia impulsados por el soplo de tu Espíritu. Tus manos, Señor, nos hablan de fortaleza y de ternura, nos sostienen para que no desfallezcamos en la tarea exigente de construir un mundo donde reine la justicia y la paz y en el que la Creación, “obra de tus manos”, sea verdaderamente respetada..
En tus manos, Señor, nos sentimos libres para anunciar el Reino, sin miedo a quienes pretenden acallar la voz que se hace eco de tu Palabra.
A tus manos confiamos, Señor, la vida de nuestros hermanos que han concluido su camino en este mundo y esperan ser recibidos por Ti en la plenitud del Reino que anunciaron y al que dedicaron enteramente sus vidas.
Desde tus manos, Señor, nos sentimos enviados porque a través nuestro quieres que la experiencia de sentirse amados por Ti ilumine y llene de esperanza la vida de cada uno de tus hijos, especialmente de aquellos que no aciertan a sentir el calor de tus manos que los abrazan y sostienen.
En tus manos se nos hace más concreto el sentido del “Charitas Christi urget nos” que resume el espíritu que animó la vida y el ministerio de nuestro Fundador, San Antonio Mª Claret. Con él, te decimos: “¡Bendito seáis, Dios mío, que tan bueno y misericordioso habéis sido conmigo! Haced que os ame, que os sirva con todo fervor y que os haga amar y servir de todas las criaturas” (Aut 152)
En tus manos, Señor, colocamos nuestra Congregación y la vida de cada uno de los que formamos parte de ella. Haznos, Señor, instrumentos de tu amor, artesanos de una historia que encarne realmente los valores de tu Reino.
A todos os deseo una feliz celebración de la fiesta de nuestro Santo Fundador.
Roma, octubre 2006
Josep M. Abella, cmf.
Superior General
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Necesitamos urgente el telefono del superior general de la congregación P. Josep Abella Batlle, para comentarle los hechos que estan ocurriendo en el colegio Claretiano de Chile.
Por favor con el respeto que me merecen ayudennos.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos