En cristiano

Identidad personal y nacional

23.08.06 | 12:00. Archivado en COLABORACIONES, Roberto Rubio Díaz
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Por Roberto Rubio Díaz

Este artículo presupone otros dos anteriores a los que pretende culminar. En el primero proponía un esquema para asimilar los signos de crisis en la identidad nacional, sometida a un proceso de inercia pendular entre el “Estado católico” de la posguerra y el actual “Estado autonómico”. Si el régimen franquista decretaba una identidad formal, el actual también ignora la auténtica autonomía personal, para centrarse en las autonomías como reparto de poder.

En el segundo artículo, la evidente crisis personal que late en lo que se denomina identidad de género, me ha servido, junto a la legislación del matrimonio de personas del mismo sexo, para ilustrar la tendencia de los estados actuales, si derivan en absolutos, a sustituir referencias pre-políticas de identidad, y llegan así a desarrollar incluso elementos de falsa identidad, comportándose como seudo dioses.

Este artículo presupone otros dos anteriores a los que pretende culminar. En el primero proponía un esquema para asimilar los signos de crisis en la identidad nacional, sometida a un proceso de inercia pendular entre el “Estado católico” de la posguerra y el actual “Estado autonómico”. Si el régimen franquista decretaba una identidad formal, el actual también ignora la auténtica autonomía personal, para centrarse en las autonomías como reparto de poder. En el segundo artículo, la evidente crisis personal que late en lo que se denomina identidad de género, me ha servido, junto a la legislación del matrimonio de personas del mismo sexo, para ilustrar la tendencia de los estados actuales, si derivan en absolutos, a sustituir referencias pre-políticas de identidad, y llegan así a desarrollar incluso elementos de falsa identidad, comportándose como seudo dioses. En este tercer paso quiero concluir con dos propuestas muy básicas.

En primer lugar, a modo de compresión, constatar que la tensión Persona-Estado sigue en el centro de la política. La deriva totalitaria, en las democracias europeas, no es algo del pasado amenaza siempre que la personalidad del hombre, equilibrio entre relación trascendente y verdadera autonomía, es atrofiada u oprimida.

En segundo lugar concluir lo obvio: que la única vía para abordar las diversas caras y niveles de las crisis de identidad, incluidos los ámbitos europeo o global, está en la iniciativa en “primera persona” de participación en los diferentes espacios de la vida social y política, desde la propia identidad.

La dimensión religiosa es la fuente más radical de identidad personal y social, lo contemplamos en las relaciones internacionales y en la pluralidad cultural sobrevenida en nuestras sociedades, como una emergencia imprevista por muchos, sobre todo aquí en Europa. Nuestras raíces cristianas son las únicas que responden al origen de la necesidad común de referencia trascendente de identidad, y lo hacen desde la semejanza original con el Creador, previa a la confesión religiosa. Por ello quienes estamos arraigados en la fe cristiana tenemos una responsabilidad especial de actuar desde nuestra identidad en esta sociedad plural, conscientes de que hacemos así un servicio a otras personas y también a la vida política, pues sabemos que esas raíces cristianas lo son también de las realizaciones políticas de la historia de Europa.


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