En cristiano

Antígona: ley de la piedad frente a tiranía

01.06.06 | 17:35. Archivado en María Traid
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Por María Traid

El intelectual italiano Claudio Magris, centró su discurso de recepción del doctorado Honoria causa en la Complutense, en la figura de Antígona, la heroína de Sófocles. Magris destaca el duelo entre la ley de la piedad y la razón de Estado, tema de candente actualidad; yo prefiero enfocar la figura femenina más grandiosa de toda la literatura occidental.
Antígona es hija de Edipo y Yocasta, hermana de Ismene, Eteocles y Polinices, todos conocemos la historia: Edipo, forzado por el destino, mata a su padre, ocupa el trono de Tebas y se casa con su madre. Al conocer su inconsciente parricidio e incesto, abandona horrorizado el trono, se saca los ojos y vaga errante acompañado por sus hijas. La tragedia de Edipo es una muestra del sentido moral innato que el ser humano lleva en sí grabado aún sin conocer la Ley de Moisés y cinco siglos antes del nacimiento de Cristo.

Y volvemos a la figura de Antígona. Creonte, hermano de Yocasta se ha erigido rey de Tebas dando lugar a una lucha fratricida entre los hijos de Edipo: Eteocles a favor de Creonte, Polinices en contra del usurpador. Ambos mueren y el tirano ordena dar muerte a quien entierre a Polinices.

Antígona entierra a su hermano impulsada por una ley inscrita en su corazón, la ley de la piedad. Ella no pretende derribar al tirano pues, en una hermosísima frase que compendia el sentido de una vida, afirma: “Yo no he nacido para el odio, he nacido para el amor.”

La tragedia se consuma con la muerte de Antígona y el suicidio de su prometido, hijo de Creonte incapaz de resistir la muerte de su amada. Por primera vez en la tragedia griega aparece la noción de libertad. Antígona no se somete a un destino aciago marcado por dioses caprichosos; actúa obedeciendo la ley de la piedad inscrita en lo más primigenio de su naturaleza.

El C. Ratzinger, en las conversaciones mantenidas con Peter Seewwald en Montecasino, publicadas bajo el título Dios y el mundo, afirma que la ley natural muestra en la creación una inteligencia, un orden interno a través del cual podemos leer los pensamientos de Dios. Antígona supo llegar a ellos siglos antes de que Cristo probara que Dios es amor. Amenazados hoy por los totalitarismos de la razón política, la ciencia sin conciencia y las nuevas formas de esclavitud, necesitamos el ejemplo de la heroína griega. Incluso para no caer en el odio o la venganza. Quizá por eso Magris la evocó.


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