En cristiano

El "Código da Vinci" a examen

15.05.06 | 22:00. Archivado en Títulos prestados
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por José Antonio Caballero García

Hace varios años se publicó el "Código da Vinci". Parece que el autor ha "querido revelar" la verdad del cristianismo a raíz de algunos evangelios gnósticos. ¿Qué hay de verdad en todo esto?
Verdad lo que es verdad, no la hay, a pesar de que el autor de este folletín defienda la fidedignidad de sus contenidos y abrigue la esperanza de que sea una puerta abierta para ulteriores investigaciones. Dan Brown, autor del Código da Vinci, sugiere que la Iglesia católica destruyó los evangelios gnósticos para dejar los solos canónicos, más afines a sus doctrinas. Más aún, a decir de Brown, el cristianismo nació con Constantino el año 325, fecha del concilio de Nicea. Y desde entonces la Iglesia se ha dedicado a destruir y perseguir a cuantos no aceptaran la divinidad de Cristo, ya que antes de Nicea nadie lo tenía por solo Dios. Su deificación fue obra también de Constantino, adorador del sol, es decir de lo masculino, por lo que hiño de Cristo un héroe y "dios solar". Brown no escatima afirmaciones un tanto irreverentes contra la persona misma de Cristo: tuvo como mujer a María Magdalena y sus descendientes eran los merovingios franceses. Jesús y la Magdalena constituían la dualidad masculino-femenina adorada por el verdadero cristianismo de los orígenes y, una vez más, suprimida por Constantino. La adoración del sacro femenino se oculta en las catedrales hechas por los templarios, en la orden secreta del Priorato de Sión a la que pertenecía Leonardo da Vinci según él.

En la obra abundan otras confusiones históricas, ciertos anacronismos o imprecisiones. He aquí algunos ejemplos notorios.

El autor dice que las olimpiadas griegas se celebraban en honor de la diosa Venus, ya que el planeta con ese nombre, al moverse, dibuja el pentagrama de Ishtar, lo que equivale a los cinco anillos, símbolo de las olimpiadas. Pero sabido es que eran en honor de Zeus (no se olvide que una de las siete maravillas del mundo antiguo era la estatua de Júpiter en Olimpia), y los anillos correspondían a los años en que se habían celebrado tales juegos en la modernidad: sólo que se quedaron en cinco y dejaron de agregarse más...

Se afirma que los templarios crearon las catedrales, cuya nave central constituye un tributo de adoración al vientre femenino. Sin embargo, las catedrales solían seguir la estructura de la planta basilical de la Roma antigua y eran encargos de obispos o canonjías. La orden de los templarios nace hacia 1119 de un grupo de cruzados franceses al cabo de la primera cruzada (1095), entre los que figuraban Hugo des Payens y Godofredo de Saint Omer, con el fin de proteger a los peregrinos que se dirigieran a los santos lugares. Tampoco es cierto que el Papa Clemente V arrojara al Tíber las cenizas de los templarios: el Tíber es el río de Roma. Los templarios fueron juzgados y torturados en 1307 en Francia y no por orden de la Iglesia, sino a instancias de Felipe el Hermoso que quiso apoderarse de sus bienes para financiar su guerra contra Inglaterra.

Brown profiere que al Priorato de Sión pertenecían Leonardo da Vinci, Víctor Hugo, Newton... Pero esta organización fue fundada en 1956. Es como decir que Leonardo, Newton o Víctor Hugo inventaron o tuvieron consigo la máquina del tiempo a fin de pertenecer al Priorato.

El cristianismo no nace en Nicea. Los Hechos de los apóstoles refieren que a los discípulos comenzó a llamárseles "cristianos" precisamente en Antioquía (Hechos 11,25): [obsérvese que a propósito cito los Hechos de los Apóstoles: no es uno de los cuatro evangelios]. Por otro lado, el primero que empleó el término "católico" fue san Ignacio de Antioquía (Ad Smyrn No 8). Es interesante la figura de san Ignacio Antioquía, ya que muere el 110, diez años después de san Juan evangelista. En sus obras se habla también de la generación de Cristo, hijo de Dios y de María (Ef 20,2), la Eucaristía, dice, es la carne de Cristo (Smirn 7,2), medicina de inmortalidad y antídoto para no morir (Ef 20,2); en sus obras aparece también la figura del Obispo al frente de la comunidad cristiana (Smirn 8,2 y Ef 3,2); pero ¿dónde se habla del sacro masculino y femenino? Brown dice que la comunión o "acto de comer a Dios" se remonta a las religiones mistéricas paganas del culto a Mitra. Pero no hay datos que indiquen que los adictos a este culto consideraran que comían el cuerpo y la sangre de un Dios. Por otro lado, el contexto de la Eucaristía es la Pascua judía (Mt 26,19; Mc 14,16; Lc 22,15).

El concilio de Nicea (325 dC), trata de dar respuesta a los problemas que Arrio (256-336) planteó a la fe de la Iglesia. Arrio sí admitía que Cristo era Hijo de Dios y el Verbo encarnado, sólo que decía que Cristo no era Dios en sí, ya que no era el principio originante, sino originado: era una criatura -la primera criatura-; hubo un tiempo en que no existía (no es Dios por naturaleza según Arrio). Fue, sigue Arrio, el instrumento por el que Dios creó el universo: pese a no ser Dios por naturaleza, en cierto modo lo es de manera funcional, ya que es nuestro creador. Nicea respondió diciendo que Cristo es Dios de Dios, Dios verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre; esta verdad ha sido confirmada siempre por la Iglesia. Aún hoy la proclamamos en el credo.

La Escritura habla claramente de la divinidad de Cristo. Para ello, no se citarán los evangelios, sino una obra que de la que no habla Brown: el Apocalipsis de Juan. El autor del Apocalipsis, si tiene una característica, ésta es una aborrecimiento visceral de todo lo que signifique paganismo, como la magia, (Ap 9,21; 13,6; 21,8; 22,15), el nicolaitismo (Ap 2,6.15), las blasfemias contra Dios (Ap 2,9; 13,6), la adoración de los ángeles (Ap 19,10; 22,9), de los ídolos (Ap 21,8; 22,15), del demonio (Ap 2,13; 13,4-6). Si fuera cierto que la Iglesia desde un principio adoraba al sacro masculinofemenino y que Cristo a su vez no era Dios, el autor del Apocalipsis se habría lanzado con todas sus fuerzas contra esto que habría constituido una aberración pagana más. Sin embargo, compara el rostro de Cristo con el sol (Ap 1,16) y dice de María que aparece vestida de sol (Ap 12,1). Claro que si estas comparaciones se hubieran prestado a sincretismo, el autor las habría descartado a ojos ciegas de su obra. Pues bien, ¿qué dice de Cristo el Apocalipsis para que se deduzca que es Dios? Cristo llama "Padre" a la primera persona de la Trinidad en Ap 2,28; 3,5.21; 14,1. Que Cristo goza de las mismas prerrogativas de Dios y que es una persona al mismo tiempo diversa del Padre pero de naturaleza divina, y por tanto "Yavé", queda claro por el modo como se le aplican los títulos "alfa y omega": de Dios Padre se dice en Ap 1,8 y 2,16; de Dios Hijo se dice en 22,13 (que es Cristo quien habla, se deduce de la relación de Ap 22,12.14 con 3,11). Cristo goza del mismo poder que el Padre: nadie es capaz ni en la tierra ni sobre la tierra ni bajo la tierra de tomar el libro de la diestra del que se sienta sobre el trono, sino sólo el "León de Judá", el descendiente de David, "el cordero de pie como degollado". Por eso es que Él también puede ocupar el trono de Dios (Ap 5,1-14). Esto es divinidad: pleno yavismo, pero diferencia de persona. Por eso es que se entona un himno de adoración al cordero y al que se sienta sobre el trono sin hacer distinción entre ambos en Ap 5,13. De Dios Padre se dice también que es "el que vive" (Ap 4,10; 10,6; 15,7) como se dice también de Cristo (Ap 1,18). "Señor" -en griego "Kyrios"- es el modo como los LXX traducen al griego el tetragrama YHWH (Yavé): se aplica a Cristo en Ap 22,20.21; 11,8; 14,13.

En cuanto a la paganización realizada por Constantino dentro de la Iglesia se han de aclarar algunas cosas. Se suelen lanzar dos acusaciones sobre los elementos "paganizantes" según algunos, introducidos por Constantino y que serían como la prueba de la desviación de la Iglesia: la celebración del domingo y la fiesta de Navidad.

Celebración del domingo. La palabra "domingo" proviene de "Dominus" y es traducción latina del griego "Kyrios" (Señor), de la que deriva "kyriaké hemera": día del Señor, día en que Cristo resucitó. El texto principal sobre la festividad del domingo es Apocalipsis 1,10 ("Estaba yo en el Espíritu en el día del Señor -kyriaké hemera; en latín: "in dominica die"-, y oí detrás de mí una gran voz, como sonido de trompeta"); pero no sólo; véase qué dice san Pablo en 1Cor 16,2: "Que el primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas". El día del Señor es el primer día de la semana, dado que para los judíos el último era el sábado; cf Jn 20,1.19; Lc 24,1; Mt 28,1; Mc 16,9; Hechos 20,7 ("Y el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba, pensando partir al día siguiente, y prolongó su discurso hasta la medianoche"). Hay varios escritos antiguos, incluso profanos, que atestiguan que los cristianos se reunían los domingos para celebrar la Eucaristía: la carta de Plinio el Joven a Trajano (del año 112); un escrito encontrado hacia 1873 en Constantinopla, que contiene la enseñanza de los 12 apóstoles, las prácticas de la iglesia de los orígenes relativas al Bautismo y a la Eucaristía más otros preceptos. Este escrito se llama la "Didaché" y se remonta aproximadamente al S. I d.C. Más testimonios antiguos son la epístola del Pseudobernabé, y las ya aludidas cartas de Ignacio de Antioquía, y san Justino en su diálogo con Trifón (del 165 d.C). El enlace entre la fecha del Apocalipsis, la Didaché, san Ignacio y san Justino muestra una línea ininterrumpida de continuidad entre la Iglesia de los orígenes y el período final de composición de los libros del Nuevo Testamento. Lo que hiño Constantino fue declarar de manera oficial que el domingo era día de descanso.

Con relación a la fiesta de Navidad, tampoco decimos que el 25 de diciembre haya sido la fecha exacta del nacimiento. Algunos estudiosos la ponen a inicios o mediados de marzo como posibilidad, pero tampoco dejan de mostrar ciertas reservas. La iglesia nunca ha ocultado que se ha trata de de una inculturación: de haberse celebrado la fiesta del "sol invicto" de los romanos, se dio el paso a celebrar la Navidad. La fiesta del "sol invictus" fue establecida por el emperador Marco Aurelio (121-180 d.C.). El culto al sol estaba relacionado, según parece, con el del dios Mitra, divinidad indoiraní de la luz, que tuvo gran difusión en el imperio romano del S. II al IV d.C., y se le representaba en el momento de dar muerte a un novillo cósmico, cuya sangre, a decir del mito, constituía la fuente de la vida. La fecha del 25 de diciembre coincide con el solsticio de invierno: ese solsticio es el momento en que el sol baja más en el horizonte y permanece menos tiempo en el cielo, como si quisiera desaparecer por completo, pero de nuevo “renace”. A fin de cristianizar y sacralizar la festividad, los cristianos optaron por trasladar a ese día la fiesta del nacimiento de Cristo y ello comentó a hacerse a partir del S. IV d.C., una vez que el culto al dios Mitra había comenzado a menguar. ¿Qué motivó a los cristianos a relacionar con Cristo el “sol invicto” en la inculturación de la fiesta? Sin duda que pudiera haber más pasajes, de todos modos, bástennos cuatro: Cristo dice de sí mismo que es nuestra luz (Jn 9,5), se le compara con el sol en Apocalipsis 1,16; el día de la resurrección se relaciona en Juan con un nuevo día -el primer día de la semana- de manera que a partir de entonces inicia incluso una nueva era y un nuevo cómputo de la semana: en adelante el domingo será el día del Señor: Y el primer día de la semana María Magdalena fue temprano al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro, y vio que ya la piedra había sido quitada del sepulcro" (Jn 20,1). "Mas para vosotros que teméis mi nombre, se levantará el sol de justicia con la salud en sus alas" (Mal 4,2). Así que no es ninguna aberración "purificar" una costumbre antigua y cristianizarla.

A este respecto, es cuanto menos sorprendente el decir que el tetragrama "Yavé" (YHWH) venga de Jehová, por un lado, y que dicho nombre de Jehová provenga de una unión física andrógina del masculino Jah y el nombre hebraico de Eva (Havá). Hoy día los exegetas opinan que “Jehová” está universalmente considerada una “aberración no gramatical”. El nombre "Jehová" se remonta al 1100 d.C. Figura en el manuscrito “Pungio fidei” del dominico orientalista Raymond Martini (1278): para Martini dicha forma se encuentra entre los manuscritos rabínicos de los SS. VIII-X d.C. De ella se hace eco Pietro Galatino, secretario de León X: Galatini adujo esta transliteración errada el tetragrama en pugna con una aún peor abreviación del nombre divino, “Jová”, ya que se prestaba a malinterpretaciones por analogía con el “Jovis” latino. El tetragrama YHWH de Ex 3,14 no se pronunciaba nunca ya que los judíos estaban movidos por un profundo respeto por el nombre de Dios, también para evitar que se le profanara por parte de los paganos. Una sola vez se pronunciaba el nombre de Dios y lo hacía el sumo sacerdote el día del Yom Kipur o fiesta de la expiación. Con todo, su pronunciación seguía desconociéndose, ya que nadie solía estar presente cuando el sumo sacerdote lo profería. Los judíos en lugar de "Yavé" decían "Señor" (Adonai), o "el Nombre". Creemos que se decía "Yavé" porque así lo pronunciaban los samaritanos, y eran portadores de una antigua tradición. De todos modos, cualquiera que haya sido el nombre de Dios en el AT, Cristo nos ha enseñado a llamarlo "Padre" (Mt 6,9; 26,36-46); más aún nos ha dicho que "quien lo ha visto a Él ha visto al Padre" (Jn 14,9).

Otro aspecto notorio sin base histórica es la acusación de que los merovingios eran los descendientes de Cristo y María Magdalena: reflejo de su enlace sería el cuadro de la última cena de Leonardo: quien está al lado de Jesús sería María de Mágdala; es ella el santo grial... y que la Iglesia católica respaldó a la dinastía carolingia en su paulatina persecución y asesinato de los merovingios. En realidad quien figura al lado de Cristo en el cuadro de Leonardo es san Juan, uno de los doce y autor del cuarto evangelio. En la obra de Leonardo no aparece siquiera un cáliz o grial, ya que Leonardo evoca el momento en que Cristo dice. "Uno de vosotros me va a entregar" (Jn 13,21). La dinastía de los merovingios gobernó el reino de los francos del 481 al 751. El nombre deriva de su antepasado "Meroveo" (que rigió las tribus francas entre del 448 al 458). Su sobrino Clodoveo fue el primer soberano merovingio en cuanto tal. Tanto Clodoveo como su esposa Clotilde se bautizaron cuando se convirtieron al cristianismo. Si eran descendientes de Cristo, ¿cómo es posible que descuidaran el bautismo de su antepasado y que rindieran culto a divinidades paganas antes de su conversión? El último rey de la dinastía merovingia que logró ejercer un poder efectivo fue Dagoberto I (629-639), ya que sus sucesores fueron cediendo su autoridad a los mayordomos de palacio que terminaron por privarles del poder a causa de su incapacidad de llevar las riendas del reino. En el 751 tuvo lugar la deposición formal del último rey merovingio: Quilderico III; de este modo los merovingios quedaron suplantados por Pipino el Breve, fundador de la dinastía de los "pipínidos" o "carolingios" (751).

Finalmente, ¿qué decir de los evangelios apócrifos? Los evangelios canónicos son del siglo I y no hay un solo texto gnóstico previo al S. II. Nada más distorsionado que declarar que de entre 80 evangelios se eligieron los más afines con la teología católica como afirma el "Código da Vinci". Conviene recordar que en un momento determinado la Iglesia quiso fijar con claridad cuáles han sido esos libros que forman parte de su vida. Es lo que se conoce como "canonicidad". Esta palabra deriva del griego: canon es metro o medida. Por dar una definición, la canonicidad es la lista de los libros reconocidos como inspirados por Dios y que tienen un valor de regla de fe y costumbres: el término asume este significado en el año 360, con ocasión del Sínodo de Laodicea, en la carta pascual de Atanasio. No se ha tratado de un concepto abstracto, sino que la Iglesia ha reconocido lo que ha sido siempre su patrimonio espiritual y doctrinal. En dicho reconocimiento, la Iglesia se ha percatado de que no sólo se han usado los libros de la Biblia judía en su liturgia, en su oración, en su estudio, en su vida; sino también varias obras que los judíos no tienen por sagradas. Estas obras se llaman deuterocanónicas. Este término fue acuñado en 1569 por Sixto de Siena para distinguir de algún modo a las obras que no formaban parte de la Biblia judía. A las obras que en campo católico se denomina deuterocanónicas, los protestantes llaman "apócrifas". En campo católico se entiende por “apócrifos” aquellos libros que no forman parte del canon de las Escrituras. Hay libros apócrifos tanto para el Antiguo como para el Nuevo Testamento. Apócrifos del Antiguo Testamento son, por ejemplo, el Libro de los jubileos, el Testamento de los doce patriarcas, el Libro de Henoc. De entre los del Nuevo Testamento se encuentran el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Tomás, el Apocalipsis de Pablo. Estas obras no han sido siempre parte de la vida de la Iglesia; por ello, se las ha excluido del conjunto de obras que son parte del legado espiritual y doctrinal de nuestra fe. No son Sagrada Escritura. Por lo general, carecen de valor histórico cuando tratan de transmitir o reflejar datos sobre la vida de Jesús o sobre la Iglesia de los orígenes [de ahí el error de decir que la Magdalena y Cristo eran marido y mujer: a Cristo se le pudo haber acusado de ser amigo de pecadores, pero no de ser un mujeriego (Mt 11,9; Lc 7,34)]. Volviendo al tema del canon, una vez que los judíos terminaron por dirimir la discusión y definieron cuál era el conjunto de sus libros sagrados, la Iglesia decidió hacer lo mismo, sólo que para entonces la Iglesia ya era suficientemente independiente de la sinagoga como para resentirse directamente de su influjo. La Iglesia de oriente, sobre todo a partir de Orígenes (185-253) intentó en un principio hacer coincidir el número de sus escritos con el de los 22 ó 24 de los judíos. Pero ello no fue motivo para admitir en el canon cristiano obras que excluían los judíos o que se encontraban en la Biblia de los LXX. En occidente, sobre todo gracias a san Agustín (354-430), se adoptó la práctica habitual de la Iglesia. En el siglo V varios concilios, bien que regionales, expresaron su parecer sobre la lista de los libros inspirados por Dios. En 1442 el concilio de Florencia, y en 1564 el de Trento disiparon toda posible duda sobre el conjunto de los libros canónicos de la Iglesia católica. Este fue el modo como la Iglesia recibió el canon definitivo, y que se basó en su uso constante. Con ello se preservó la memoria continua de los orígenes cristianos.

Conclusión

¿Qué se puede deducir de todo esto? Mejor, ¿qué nos enseña todo esto que trae consigo el Código da Vinci? Ya Juan en su primera carta había advertido a sus destinatarios que no creyeran a "cualquier espíritu", sino que tuvieran el discernimiento conveniente para deducir si era de Dios. El autor reconocía que muchos pseudoprofetas habían salido al mundo. Pero no se quedaba en una recomendación o advertencia en abstracto. ¿Cuál es el patrón para ese discernimiento de los espíritus? "Todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo" (1Jn 4,1-3). ¿Por qué Juan no dijo "todo espíritu que no confiesa a Jesús y a María Magdalena no es de Dios"? Sin duda porque no se adoraba en la Iglesia de los orígenes a ningún sacro masculinofemenino. Confesar a Jesús venido en la carne era desde los orígenes de la Iglesia una profesión de fe en la divinidad del Hijo de Dios. Juan da testimonio de Jesús ya que proclama lo que ha visto y oído "para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1Jn 1,3).

(Publicado en Sacerdos 54, Noviembre diciembre 2004, 31-37).

Bookmark and Share

Hacer comentario


Opine sobre la noticia

caracteres
Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 9 de febrero

    BUSCAR

    Editado por

    Hemeroteca

    Febrero 2010
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
    1234567
    891011121314
    15161718192021
    22232425262728

    Sindicación