
(JCR)
Que en África el fútbol desata pasiones como en ningún otro lugar es algo más que una frase hecha. Recuerdo un sábado de 2007 en que llevé mi coche a lavar en una esquina de Kampala. Las “grullas” de Uganda disputaban un partido clasificatorio con Níger para la Copa Africana de las Naciones. El equipo anfitrión, que siempre ha sido bastante flojito, marcó un gol –yo creo que más bien de chiripa- que les dio la victoria y en cuestión de pocos minutos las calles de Kampala se convirtieron en un hervidero de gente que desbordó su alegría incontenible bailando al son de tambores, agitando banderas y ramas de árboles mientras cantaban y gritaban exultantes. Los tres jóvenes que estaban lavando mi coche iniciaron una frenética danza alrededor del Toyota agitando sus mangueras por encima de sus cabezas y de paso dándonos una buena ducha que los clientes recibimos primero con estoicismo hasta que no tuvimos más remedio que unirnos a ellos y gritar hasta desgañitarnos que Uganda tenía el mejor equipo del mundo, faltaría más.
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(AE)
Sí sí, con vosotros hablo... no miréis para otro lado...
Vosotros, los que tanto os movéis por “ciertos” derechos humanos...
Vosotros, los que tanto rajáis de la Iglesia y del Cristianismo con su oscurantismo, su intolerancia y sus privilegios históricos...
Vosotros, los adalides de la corrección política...
Vosotros, los líderes de las comunidades islámicas de Occidente que tan perseguidos os sentís...
Vosotros, los ardorosos apóstoles de la alianza de civilizaciones..
Vosotros, los humanistas con un tremendo síndrome de Estocolmo...
Vosotros, los activistas con dos varas de medir...
¿Me diréis que no lo habéis leído? ¿Es posible que esta noticia no haya salido en vuestros boletines y panfletos?
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(JCR)
A mí, desde luego, estos consejos me han servido de mucho durante los 20 años que viví en África y ahora que viajo allí con cierta frecuencia. Me alegraré si pueden servir a otras personas que se dispongan a viajar allí por cualquier motivo o a las que ya vivan allí. Buena lectura.
1) La vida en África va a un ritmo muy diferente del europeo. Intenta tomarte las cosas con más calma, yendo más despacio, y no hagas planes demasiado cargados. Además, ten en cuenta que pueden suceder mil imprevistos y hay que adaptarse a cómo surjan las cosas sin perder la serenidad. En África, la prisa suele interpretarse como arrogancia. Cuando te encuentres con gente que está comiendo y te invitan a sentarte con ellos, acepta aunque ya hayas comido.
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(JCR)
Condenar a los homosexuales a la pena de muerte. Esta ha sido la propuesta del diputado ugandés David Bahatí hace pocas semanas, durante un debate parlamentario para decidir sobre la futura ley que endurecerá las penas contra los homosexuales. Su propuesta encontró un amplio eco en la Cámara y aunque no es probable que llegue a convertirse en ley, la nueva normativa establecerá, con toda probabilidad, penas muy duras. A los pocos días, en la vecina Kenia el gobierno anunciaba que iba a lanzar un censo para establecer el número de hombres gays en el país, algo que ha justificado como parte de los esfuerzos para detener la propagación del SIDA. Así anda el patio por muchos países africanos por lo que se refiere a este tema. Recuerdo que hace dos años el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, una de las figuras que habla siempre sin pelos en la lengua, se preguntaba por qué las sociedades africanas, y en particular las Iglesias, estaban tan obsesionadas con la homosexualidad.
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(AE)
Un querido amigo con amplia experiencia en África preparó hace algunos años una conferencia en la cual hablaba de las imágenes que a veces se tenía en África del extranjero blanco. Fue un discurso muy respetuoso y creo que bastante realista. Alguna de estas imágenes nos es cuando menos incómoda, pero creo que es real como la que más.
Un blanco que llega a África – en circunstancias normales, incluso si es de vacaciones – llega con ciertos estudios, con una posición social elevada (aunque tenga un pequeño cargo de tres al cuarto en una organización o agencia) y no es extraño que el dinero que tiene en su bolsillo para los pequeños gastos en cualquier momento determinado equivalga al salario mensual de los locales (no es que sea políticamente correcto decir esto, pero hay que aceptar que es la verdad)
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(JCR)
Cuando vivía en África siempre salía de casa con mi inseparable cuadernillo de notas. Ahora que mi trabajo me permite viajar por este continente de vez en cuando sigo con la misma costumbre. Siempre encuentro mil detalles que merecen la pena ser relatados, pero no me gusta entrometerme como un extraño en la vida cotidiana de nadie y por eso intento comportarme con discreción: una bolsa pequeña, nada de ordenadores y rara vez la cámara, sólo si estoy seguro de que necesito hacer alguna foto. Grabadora, sólo si tengo que entrevistar a algún personaje muy importante que quiere que se reproduzcan fielmente sus palabras. Y el cuaderno de notas lo saco lo menos posible. Prefiero escuchar a las personas que tengo delante, intentar memorizar lo esencial de lo que me dicen y, cuando tengo la ocasión, me aparto a un rincón y con rapidez escribo algunos detalles de lo que he visto y oído y que una vez que me ponga a escribir con más calma tirarán del resto de la historia.
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(JCR)
El pasado domingo 25 de octubre finalizó en Ávila el Congreso “La Fuerza Espiritual de África”, organizado por el Centro Internacional de Estudios Místicos. Me llamó la atención especialmente la última ponencia, sobre el tema “La Experiencia Espiritual de la Maternidad Herida: Mujeres Refugiadas y Niñas Soldado”, de la trabajadora social ugandesa Margaret Ber-Iwu. Les transcribo a continuación algunos párrafos sobre la situación de las mujeres refugiadas sudanesas con las que esta mujer trabajó durante cinco años en los campos de Adjumani, en el norte de su país. Creo que son lo suficientemente elocuentes.
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(JCR)
Nada mejor que una historia africana para entender la realidad de la reconciliación. Lo contó en obispo anglicano Mcleord Baker Ochola esta mañana en Ávila en el congreso "La fuerza Espiritual de África" que organiza el Centro Internacional de Estudios Místicos, al que acuden 200 personas:
"Hace muchos años había dos hermanos, Labongo y Gipir, que vivían juntos. Un día, cazando, Gipir perdió la lanza de su hermano y Labongo se enfadó tanto que le obligó a ir a buscar el elefante herido que había corrido con la lanza en su cuerpo. Gipir vagó por el bosque durante muchos mess y al final una mujer le condujo al lugar donde los elefantes mueren y allí pudo recuperar la lanza. Antes de volver, la mujer le curó sus heridas y le dio varias perlas de gran valor. De vuelta en su aldea, un día intentó engarzar las perlas en una cuerda y una de ellas se cayó al suelo y fue tragada por la hija de Labongo.
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(AE)
Creía haber visto mal la foto, pero no... son personas, personas de verdad que se han echado al suelo para que su rey acceda al trono con la seguridad de la sumisión total de sus súbditos.
La escena – de la cual por desgracia no he podido obtener una foto más grande – sucedió ayer en Jinja, la ciudad ribereña del Lago Victoria al Sur de Uganda.
Un año después de la muerte del rey de Busoga, los representantes del antiguo reino se han reunido para elegir al Principe Gabula Nadiope IV como Kyabazinga (rey) de Busoga y después de la elección tiene lugar tan atípica procesión, donde el rey acompañado de su guardia de honor pasa literalmente por encima de una fila de hombres que, echados en el suelo haciendo como una alfombra humana que lleva hasta su trono, rinden pleitesía al nuevo monarca.
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(JCR)
Desde hace pocos meses he formado parte de una grata iniciativa de la que he ido descubriendo paulatinamente detalles que la han añadido profundidad y emoción. Todo empezó el pasado mes de julio cuando, casi en vísperas de viajar a Uganda, una llamada telefónica de mi hermana me informó de que una amiga suya estaba dispuesta a financiar la excavación de un pozo de agua en África. Con mucho gusto me puse en contacto con la persona en cuestión, a quien recordaba haber visto una vez, y como me pareció que la cosa iba muy en serio, le prometí que en cuanto llegáramos a Uganda mi mujer y yo daríamos los pasos adecuados para informarnos sobre algún lugar donde la gente careciera de agua potable y qué empresa podía ocuparse del trabajo de excavación.
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(AE)
Mirando a ciertos países y situaciones desde fuera y desde los cómodos observatorios de una situación normal y estable, se subestima muy mucho el gran esfuerzo que supone para una sociedad determinada superar una situación de violencia, guerra o desorden generalizados.
Si la senda hacia un deterioro de la situación de seguridad que lleve a una guerra o a una situación crónica de inestabilidad es extremadamente rápida y efectiva al estar a veces apoyada por poderosos intereses financieros (pongamos por caso el famoso coltán, los diamantes o el petróleo...) una vez que se ha alcanzado esa situación de enfrentamiento bélico es muy difícil parar las armas... más difícil aún firmar la paz y aún cuando se haya alcanzado esa loable meta la cosa no estará segura. Un país que ha vivido situaciones extremas de brutalidad y de abuso es difícil que vuelva a la normalidad emocional en poco tiempo. El camino que supone salir de una cultura de la violencia o de las armas a una cultura del diálogo y de la tolerancia es muy pedregoso, arduo y no pocas veces lleno de trampas y de obstáculos que amenazan la vuelta al caos y la destrucción.
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(AE)
Desde donde vivo hasta la emisora de radio donde trabajo hay una distancia de casi dos kilómetros y medio que normalmente cubro en 20-25 minutos de agradabilísimo paseo entre cultivos agrícolas, árboles, casas de campo, algún hotel y alguna que otra oficina de la administración local.
Una de las cosas que en estos meses más me ha llamado la atención es que por lo menos la mitad de las personas que me encuentro en el camino me saludan. No estamos hablando de las mismas personas todos los días, sino diferentes personas que me encuentro en momentos diversos de mi pequeño paseo.
Como si fuera un impulso natural o lo más normal del mundo, uno se cruza con alguien – huelga decir que no importa si es desconocido – y le suelta un “buenos días, señor” o un “¿cómo está Ud.?” que a mí - lo confieso -, a veces me desarma quizás por aquello de la educación que uno ha recibido y la cultura que uno ha mamado.
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