(AE)
No sé si en su día vieron una película dirigida por Clint Eastwood que tenía por nombre “Invictus.” En ella se narraba la historia de Nelson Mandela en su primera etapa como presidente de la Suráfrica post-apartheid y el incierto destino de la selección nacional de rugby, un deporte mayoritariamente seguido por la minoría blanca. Pues bien, en esa película, en medio de una confrontación entre el presidente y el receloso grupo de sus guardaespaldas, el guionista pone en labios de Mandela la siguiente frase: “El perdón libera el alma y quita el miedo, por eso es un arma tan poderosa.”
(JCR)
¡Por fin una misa larga, con bailes, palmas, colorido y alegría, como Dios manda! Así fue mi Eucaristía este domingo
de Pentecostés en la parroquia Notre Dame de Fatima, en el barrio más populoso de Bangui, conocido como el Kilometre 5, habitado por algo más de 100.000 personas. Me presento allí a las 6,10 de la mañana y si llego a demorarme cinco minutos más no encuentro un sitio para sentarme.
(JCR)
Cuando el pasado miércoles 23, de madrugada, salí del avión de Air Maroc que me llevó de Casablanca a Bangui y una bocanada de calor sofocante me dio la bienvenida, el lugar me resultó familiar. Aún me acordaba de una visita a la República Centroafricana realizada allá por 1989 en la que alguien me apartó de la fila del control de pasaportes para indicarme que fuera a vacunarme de no sé qué en la oficina de salud, donde me encontré con tres hombres bebiendo cerveza que se rieron cuando les mostré mi cartilla de inmunización y me exigieron una propina antes de dejarme marchar. Me dio la impresión de que el lugar no ha cambiado nada, y yo por si acaso me aparté de la salita de marras por si aquellos tres hombres aún seguían por allí y se acordaban de mi cara de incauto.
(AE)
Se ha sancionado hoy el Real Decreto-Ley 26/2012 que reduce el acceso a la sanidad pública de aquellos emigrantes que no tengan papeles. Otros lo llaman el apartheid sanitario. Durante los últimos años, cuando la gente de África me ha preguntado por mi país, siempre he dicho con orgullo que uno de sus mayores logros era el hecho de que, aunque uno estuviera en situación irregular y enfermaba, el estado no te iban a dejar que te murieras en la recepción de un hospital. Me parecía que era una de las mejores cosas que teníamos en mi país y lo contaba con orgullos, como quien se cuelga una medalla y ensancha el pecho. Ahora ya eso no va a pasar.
Soy el primero que reconoce que había que meter la tijera por muchos sitios de nuestro incoherente y mastodóntico estado con las inútiles multiplicaciones de competencias que hay en los diversos niveles de poder nacional, autonómico y local. Reconozco también que la herencia que han recibido de la última administración ha sido infame y que había que hacer algo para atajar tanto desatino.
(JCR)
En vísperas de otro viaje que me llevará dentro de pocos días a África, vuelvo de Roma después de pasar allí apenas 24 horas por motivos de trabajo. Tras dos reuniones con el obispo de Goma (R D Congo) monseñor Théophile Kaboy y el hermano Jean Mbeshi, asistente
general para África de los hermanos de la Caridad, intentamos dejar encarrilada una proposición de proyecto que contempla la construcción de un centro de formación profesional para personas discapacitadas en Goma, la capital del Kivu Norte, una castigada región que desde hace pocas semanas sufre de nuevo los embates de la enésima rebelión que no deja en paz a sus habitantes. Prisas, más documentos y trabajo contra-reloj. Un trozo de pizza recalentada tomado de pie y a la carrera antes de ir a dormir ha sido mi única concesión a los placeres romanos. Todo sea por los 18.000 discapacitados que malviven en las calles y barriadas de la ciudad que contempla el volcán Nyaragongo.
(JCR)“Yaya, iríi maber?” Siento una gran alegría cada vez que mi niño de tres años saluda así a su abuela ugandesa cuando hablamos con ella por teléfono. Cuando, el año pasado, estuvo en nuestra casa de tres meses en Madrid le contaba cuentos en su lengua alur antes de acostarse y nuestro hijo –y su hermana de casi dos años- está creciendo escuchando tres lenguas en casa. Conozco muchos ugandeses en Londres y una de las cosas que me da más pena es ver cómo, por circunstancias muy comprensibles, sus hijos nacidos en el Reino Unido pierden la lengua materna de sus padres. Al mismo tiempo que aprenden el español y el inglés, no me gustaría que nuestros hijos se sintieran unos extraños cuando vayan al país de su madre y no pudioeran comunicarse con sus primos. El que aprendan al menos algo de la lengua alur es también una cuestión de que se sientan orgullosos de sus raíces.
(JCR)
Hace apenas dos o tres años África alcanzó su punto más bajo de conflictos armados desde el tiempo de las independencias. Había entonces una gran esperanza en que el continente que ha sufrido más guerras durante las últimas cuatro décadas llegaba
finalmente a una situación prometedora de paz. Conflictos muy largos y complicados como los de Angola, Mozambique, Chad, Sudán, Norte de Uganda, Liberia, Sierra Leona, Burundi y otros se daban por terminados e incluso algunos de estos países emprendían una senda de estabilidad y desarrollo, con altas tasas de crecimiento económico. Pero desde el año pasado la situación empeora y hoy parece que el mapa de África vuelve a estar lleno de puntos rojos de conflicto.
Viernes, 24 de mayo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Emilio Rodriguez Ascurra
Francisco Baena Calvo
Peio Sánchez Rodríguez
Faustino Vilabrille Linares
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
JC Rodríguez, A Eisman
Ana Bou