(JCR)
El hermano salesiano Honorato Alonso, un burgalés de 62 años con quien tengo el gusto de trabajar en el proyecto que me ocupa en Goma, lleva en la República Democrática del Congo 32 años. Todos los días se levanta a las 4 de la mañana, corrige
exámenes durante una hora antes de ir a la capilla a rezar y a las 6:45 ya está poniendo orden en su taller antes de empezar sus clases de electricidad en la escuela técnica Suele ensenar siete horas al día y por las tardes aun tiene humor para entrenar equipos de fútbol formados por chavales de barriadas miseras. Con pocas excepciones, todo aquel que en Goma y alrededores sabe hacer una instalación eléctrica o reparar una lavadora o un generador ha pasado por su aula. Honorato me perdonará mi indiscreción si añado que por este trabajo recibe un sueldo mensual de 200 dólares (he dicho doscientos, no me he comido ningún cero), cantidad que va directamente a su comunidad, donde viven muy modestamente. Su medio de transporte habitual es la bicicleta o alguna de las furgonetas abarrotadas que circulan por estas calles.
Martes, 29 de mayo
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo