(AE)
Aquella anécdota del Huracán Katrina que tan devastadoras consecuencias tuvo para la ciudad de New Orleans describe perfectamente el tema de hoy: había dos fotos casi idénticas
de dos hombres – uno blanco, uno negro – que iban cargados de alimentos procedentes de algún comercio destruído por las calles de aquella ciudad. Mientras el pie de foto del hombre blanco decía “un hombre desafía los elementos intentando acaparar alimentos para su familia” la del hombre negro decía “uno de los muchas personas que aprovechan la situación de caos para saquear comercios destruídos por el huracán.” La misma acción se teñía de sesgos de “amor de padre” o de “instintos criminales” según la piel del sujeto en cuestión. Triste, pero real como la vida misma.
Me he acordado de esta historia al hilo de un lamentable hecho que acaba de ocurrir hace un par de días en Kampala, la capital ugandesa. Un famoso productor televisivo estadounidense, Jeff Rice, aparecía muerto en el balcón de su habitación del Hotel Serena de Kampala.
(JCR)
Hace pocos días que regresé a España de la República Democrática del Congo. A lo largo del año pasado y hasta la primera semana de febrero, he dedicado una buena parte de mi tiempo a llevar adelante el proyecto que la ONG en la que trabajo ha realizado en las afueras
de la ciudad de Goma, con población desplazada muy vulnerable, sobre todo con niños y jóvenes. Gestionar el dispensario, la clínica psicológica, los campeonatos deportivos, los talleres de formación y muchas actividades más me ha dado infinidad de alegrías y ha absorbido buena parte de mis energías. Ahora todo toca a su fin, y de esta experiencia de tránsito se puede aprender mucho.
(AE)
Desde el año 2009, estoy al frente de una emisora de radio comunitaria propiedad de la Iglesia Católica en el Norte de Uganda. Cuando llegué aquí, una de las cosas que
más me llamó la atención fue la generalizada falta de material técnico. La emisora llevaba ya funcionando unos ocho años, pero con medios completamente obsoletos y anticuados.
Como sabía que en España las emisoras habían dado ya el salto a la tecnología digital y habían abandonado los componentes analógicos, decidí dedicarme a escribir a diferentes sitios solicitando que nos donaran el material que, aunque seguía siendo bueno, había sido ya descatalogado y – me constaba – permanecía acumulando polvo en los almacenes de las grandes cadenas. Nunca conseguí material alguno, parecía como si los obstáculos burocráticos o el poco entusiasmo institucional pesaran mucho más a la hora de tomar una decisión que la satisfacción de ayudar a una iniciativa radiofónica en un país “del Tercer Mundo.”
(AE)
Si hay una institución que me merece todo el respeto del mundo en Goma es el Centro de Salud Mental “Tulizu Letu”, gestionado por los Hermanos de la Caridad, una congregación religiosa hospitalaria de origen belga. Hace pocos días
tuve la suerte de acudir a la inauguración de unas aulas nuevas en las que 38 de niños con traumas profundos o con discapacidades mentales graves han empezado ya a estudiar para tener un futuro más digno.
(AE)
Hace ya bastante tiempo que los productos Made in China comenzaron a hacerse un lugar importante en el mercado africano. Comenzaron con pequeños artículos poco sofisticados como herramientas y otros aperos. Luego llegaron las bicicletas Phoenix o Roadmaster, pesadas como ellas solas, y en cuestión de pocos años
comenzaron a ser parte integrante del paisaje, haciendo a millones de personas dependientes de sus pésimos repuestos. Poco a poco comenzaron a penetrar los textiles de todos tipos, con materiales sintéticos y llamativos colores que penetraron también en el mercado por ser muy baratos y asequibles a pesar de su falta de calidad. La ingeniería china ha tenido en África su terreno más fértil y rentable. Miles y miles de trabajadores de la construcción y de ingenieros se han pateado los caminos de África y aún hoy se les ve construyendo hospitales, aeropuertos, carreteras, edificios comerciales u oleoductos. En los últimos años, ha sido la electrónica la que ha crecido mucho más: por todas partes se ven ya aparatos electrónicos (algunos con los llamativos nombres de Panasoanic, Sonny y otras intencionadas homofonías de marcas comerciales), teléfonos móviles y otras mercancías mucho más tecnológicas.
Como si fuera una vuelta de rosca más, China parece haber dado el paso para incrementar su presencia mediática en el continente africano y esta vez lo hace con su canal gubernamental CCTV, especialmente diseñado ahora para el público africano. En esta semana se inauguran las emisiones de este canal desde Nairobi, comenzando con un telediario de 60 minutos que presenta la realidad africana vista desde la perspectiva asiática.
(JCR)
El hermano salesiano Honorato Alonso, un burgalés de 62 años con quien tengo el gusto de trabajar en el proyecto que me ocupa en Goma, lleva en la República Democrática del Congo 32 años. Todos los días se levanta a las 4 de la mañana, corrige
exámenes durante una hora antes de ir a la capilla a rezar y a las 6:45 ya está poniendo orden en su taller antes de empezar sus clases de electricidad en la escuela técnica Suele ensenar siete horas al día y por las tardes aun tiene humor para entrenar equipos de fútbol formados por chavales de barriadas miseras. Con pocas excepciones, todo aquel que en Goma y alrededores sabe hacer una instalación eléctrica o reparar una lavadora o un generador ha pasado por su aula. Honorato me perdonará mi indiscreción si añado que por este trabajo recibe un sueldo mensual de 200 dólares (he dicho doscientos, no me he comido ningún cero), cantidad que va directamente a su comunidad, donde viven muy modestamente. Su medio de transporte habitual es la bicicleta o alguna de las furgonetas abarrotadas que circulan por estas calles.
(AE)
Mi querido compañero de blog ha escrito un post dedicado a la apariencia física como uno de los principios más importantes y valorados por la gente en África. Subscribo completamente los contenidos ahí expresados por que también he podido corroborarlos en mi experiencia personal. No queda duda alguna
que la vestimenta es muy importante para la gente, y además denota una cierta dignidad. Recuerdo en Sudán cuánta gente se quedaba en casa el domingo y no iba a la iglesia simplemente porque no tenía jabón para lavar la ropa y les parecía casi una falta contra la dignidad y el decoro acercarse por el templo con los atuendos por lo menos lavados y limpios. Por lo tanto, el afán de tantos visitantes, cooperantes y turistas en general por aparecer entre la gente en el más puro estilo "Coronel Tapiocca" con pantaloncitos cortos mostrando vellito sobre piel extremadamente pálida, camisetas de tirilla o - peor aún - con chanclas de goma no es otra cosa que una falta de consideración y la gente se pregunta más de una vez de qué van estos blancos. No les falta razón.
El problema es que este tema tiene también una otra cara: el cuidado de la apariencia externa también implica un engañoso riesgo ya que puede quedarse en mera apariencia. Explico mi punto con un par de ejemplos:
(JCR)
«¡Antes me despojara yo de la vida que de un buen vestido!», decía el joven Crispín en la obra teatral de Jacinto Benavente "Los Intereses Creados". Estoy seguro de que los congoleños suscribirían totalmente esta frase. Una de las cosas que me llaman más la
atención en la República Democrática del Congo es el empeño en que las personas, por muy pobres que sean, ponen para arreglarse y tener una buena apariencia, y eso que está considerado el país más pobre del mundo. Personalmente, admiro la capacidad que los africanos tienen de revestirse de dignidad yendo más allá de los mil problemas acuciantes a los que tienen que enfrentarse cada día, y creo que merece la pena hacer un esfuerzo por estar a su altura para mostrar un respeto que se merecen.
Martes, 29 de mayo
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo