(AE)
En Uganda, todos los 26 de Enero se celebra el día del Movimiento Nacional de Resistencia (NRM en sus siglas inglesas), heredero del Ejército Nacional de Resistencia al frente del cual Joweri Museveni tomó el poder del país en 1986, un poder que – contrariamente a sus promesas – se ha resistido a dejar ya que alguien (no me acuerdo si fue Gaddafi o Fidel Castro, tanto da) le convenció de que “los verdaderos revolucionarios no se jubilan.” En este día se rememoran las “gestas” del ejército que echó del poder al presidente militar Tito Okello, el cual había
tomado el poder de Milton Obote, un presidente que, como su predecesor Idi Amin Dada, hizo todo lo posible por eliminar a los que no eran de su cuerda, dejando al país en cada caso hecho unos zorros.
La llegada de Museveni y su ejército supuso en un principio algo de orden y de estabilidad en un país que había sufrido ya demasiada violencia. Lo que pasa es que hay dirigentes que se enquistan en el poder y, aunque hayan comenzado de buena manera la gestión del país, el “régimen” se convierte más tarde en un fin en sí mismo.
(AE)
Las últimas semanas no han deparado nada bueno en la situación que vive la región fronteriza entre el Sudán y el Sur Sudán. Las relaciones entre los dos países no
están para tirar cohetes y aquí tienen un resumen de las "zonas calientes" dentro de este conflicto:
En el Sudán:
- La situación de la región del Sur Kordofán es crítica. El ejército sudanés se prepara para una aparente ofensiva que tendría como objetivo erradicar elementos del SPLM (Movimiento Popular de Liberación de Sudán, el mismo partido que está en el poder en el Sur) de la zona de Kauda, en las Montañas Nuba. La retórica prebélica parece que sube varios enteros en Sudán y esto ha hecho que un grupo anónimo de oficiales escriba una carta al presidente Bashir advertiéndole de serias consecuencias si se llevara a cabo de nuevo – tal como amenazan desde los estrados mitineros - una ofensiva militar en el Sur.
(JCR)
Cuando viajo por estas carreteras del Este de la República Democrática del Congo, una de las visiones que me hace sentirme más orgulloso de ser español es la de carteles que anuncian hospitales o dispensarios construidas con fondos de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID). Mira por donde, me digo, ya era hora de que
ademas de conocernos por nuestra selección de fútbol sepan que España ha intentado hacer algo para que la gente en este país – el más pobre del mundo según el ultimo Indice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas – pueda tener un acceso más decente a la sanidad.
Mucho me temo que esto se acabó, al menos en buena medida. En el Congo, en Guatemala y en la Cochinchina. Y me da pena, porque con los fondos de la AECID y de otros organismos como Comunidades Autónomas y Ayuntamientos se han conseguido muchas cosas que merecen la pena.
(JCR)
Lo confieso. Después de más de dos décadas en este continente, hay situaciones en África en las que, más que miedo, siento pánico, y una de ellas es cuando hay un accidente en la
carretera. Hace pocos días volví a vivir una pesadilla que creí que el tiempo había borrado pero que se me mostró ante mis ojos con toda su crudeza. Y me quedé con uno de esos cargos de conciencia en los que uno, hiciera lo que hiciera, tiene la sensación de haber obrado mal.
Por exigencias del trabajo, todos los días conduzco por estas maltrechas carreteras de Goma y sus alrededores, en el Este de la República Democrática del Congo. Siempre suelo ir cargado de sacos de alimentos para el proyecto humanitario que tenemos con desplazados a las afueras de la ciudad.
(AE)
Recuerdo una escena de mi Jaén natal: una vecina mía, muy joven por cierto, había muerto víctima de un cáncer galopante y en su entierro se había reunido un gentío tal que al cura oficiante (que a ojos vistas comenzaba ya a chochear) no se le ocurrió otra cosa que exclamar “nunca he visto esta iglesia así de llena, así que hoy me voy a explayar”… y por Dios que lo hizo. Obviando la pena de
ese joven viudo que había perdido a su mujer en una hora tan temprana, obviando la presencia de tantas personas que esperaban una palabra de consuelo o de sabiduría... el clérigo comenzó a despotricar, sacando de su armario todos los temas habidos y por haber. Con sólo decir que en medio de la homilía presuntamente funeraria habló de los preservativos y de Felipe González (presidente en aquel tiempo) lo digo todo. Desbarró desahogándose o se desahogó desbarrando, tanto da... el caso es que comprensiblemente provocó la ira y el monumental cabreo de esa familia que se sentía ninguneada en su sufrimiento, con ese celebrante centrado solamente en la ocasión única que se le presentaba pero completamente insensible al dolor y al pesar de los allí presentes. Me contaron que si no hubiera sido por la serenidad de aquel viudo, que calmó los ánimos de los más exaltados, aquel cura se habría ido a la cama bastante caliente y posiblemente con algunas contusiones importantes.
(JCR)
La última vez que vi a mi cuñado Martin en Kampala vino a verme con un traje impecable con su corbata que contrastaba con mis viejos vaqueros y mi camiseta. Se acababa de
comprar un coche nuevo, aunque de segunda mano, con capacidad suficiente –según me dijo- para salir los fines de semana con su mujer y sus cuatro niños. Me contó que hacía poco habían estado en un hotel en las fuentes del Nilo y se lo habían pasado muy bien. Martin y su familia viven en una casa espaciosa a las afueras de la capital ugandesa. Mientras me habla, le suena con frecuencia su Blackberry y otro teléfono de última generación cuyo nombre se me escapa. Cada vez que le veo no puedo menos de acordarme de la primera vez que nos vimos, allá por 2004, cuando estaba en el paro y sobrevivía gracias a trabajos ocasionales. Sus hermanos le ayudaron a terminar sus estudios y hoy trabaja en una de las mejores compañías internacionales de seguros que prosperan en un país donde no cesan de crecer las inversiones extranjeras.
(JCR)
En mi anterior post hablaba de situaciones en las que la Iglesia en África no parece estar a la altura de las circunstancias y da señales de vivir de espaldas a la sociedad. Hoy tengo que mostrar la otra cara de la realidad : la que muestra una Iglesia
que sabe hacer las cosas bien y tener valor profético para denunciar las injusticias y dar un sentido de orientación cuando la gente es víctima de las maquinaciones de los poderosos. Hace pocos días, el 12 de enero, la Conferencia Episcopal de la República Democrática del Congo publico un mensaje que ha tenido amplio eco en el país, en el que denuncia el fraude cometido durante las elecciones presidenciales y legislativas del pasado 28 de noviembre.
Recomiendo vivamente la lectura de la carta pastoral « El pueblo congoleño tiene hambre y sed de justicia y de paz. El coraje de la verdad » (El texto está disponible en www.cenco.cd). Los obispos no se han mordido la lengua al afirmar que « el proceso electoral ha estado manchado de graves irregularidades que ponen en tela de juicio la credibilidad de los resultados públicos ».
(JCR)
Llevo una semana en el Congo, y en las ocasiones en que lucho a brazo partido con una conexión a internet que se interrumpe cada dos por tres y que parece que lleva una velocidad
accionada a pedales, intento ponerme al día de la actualidad religiosa de los últimos días. Si no me falla la memoria, la lista de los cardenales creados por Benedicto XVI con ocasión del ultimo consistorio se desglosa así por procedencia geográfica : 17 europeos (de los cuales 10 italianos), tres americanos y dos asiáticos. Ninguno de África. Mi primera reacción ha sido de sorpresa mezclada con una cierta indignación.
(AE)
Uno de los temas más recurrentes en las tertulias que a veces surgen a la sombra de un mango o alrededor de una cerveza fresca al final de una jornada de trabajo es la manida pregunta de “Y esto ¿cómo es en tu país?” Y la pregunta puede estar referida a todo, al fútbol, al estilo de vida, al sistema sanitario, a los políticos o lo que sea.
En estos últimos años (siempre a uno le gusta quedar bien y fardar) disfrutaba mucho cuando le
contaba a la gente que yo no necesitaba darle un sobrecito al funcionario o policía de turno cuando se trataba de expedir un pasaporte, obtener un documento o hacer una diligencia cualquiera... la gente, al oír esto, se quedaba como traspuesta y más de uno echaba un gemido casi de incredulidad. Esto era perfectamente comprensible porque aquí, en casi todas las instancias de la administración, cualquier ciudadano de a pie tiene que abrirse camino a base de lubricar más de una voluntad... Sin ir más lejos, la gente no sabe que obtener el pasaporte es un derecho de cada ciudadano y por tanto, tienen que pagar buenas cantidades si no quieren que la carpetita con la documentación se “pierda” en algún estante polvoriento.
(JCR)
Llegar a las cuatro de la madrugada después de ocho horas de avión y prepararse para otra noche sin dormir es para agotar la energía de cualquiera. Eso es lo que pensé el pasado 4 de Enero cuando, tras aterrizar en el aeropuerto de Entebbe (Uganda), el taxista me dijo que ese mismo día a las tres de la tarde salia un avión con destino a Bunia, en el Este de la República Democrática del Congo. Tras dormir, o mas bien dar algunas cabezadas, hasta las ocho de la mañana en la casa de los combonianos en Kampala, llame por teléfono a la compañía aérea y una amable voz femenina me informó que había plazas disponibles para el vuelo de esa tarde, pero que el avión se detendría en Beni, un poco mas al sur de Bunia, para salir de allí al día siguiente con destino a Goma, la ciudad que era mi destino final.
Martes, 29 de mayo
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo