(AE)
Robert es un carpintero diría que modélico en sus obras. Para lo que es el nivel de los trabajos profesionales en algunos barrios marginales de las grandes urbes africanas, el trabajo de Robert
sobresale por encima de la media. Poco a poco, a base de duro trabajo e imagino que no pocos sacrificios, Robert ha conseguido sacar adelante a su familia, se ha hecho de una cierta clientela (local y extranjera) y tal como está el patio se puede decir que, sin nadar en la abundancia, por lo menos llega a fin de mes y puede asegurar el sustento y la escuela para sus hijos. No es poco en los tiempos que corren.
Sin embargo, hay un aspecto que siempre me frustra cuando hablo con él. Posiblemente sea debido al instinto de supervivencia que hace que uno se fije casi obsesivamente en superar el día de hoy... mientras que el futuro inmediato o remoto casi que pertenece a otra galaxia y por tanto no es una prioridad el considerarlo ya que hay temas mucho más urgentes con los que bregar durante el día de hoy. Vivir el día a día, superar los obstáculos inmediatos y tirar para adelante cueste lo que cueste es la máxima a seguir, el mañana – tan incierto – ya vendrá con su propia pena.
(AE)
Recuerdo la propaganda de una cierta congregación religiosa que recogía donativos para sus misiones de África. Estos religiosos y sus trípticos eran ya famosos en el mundillo
misionero por su continuado afán de escoger las fotografías más impactantes y dramáticas, de manera que el destinatario de los mismos se viera con un verdadero cargo de conciencia y terminara el dilema moral rascándose el bolsillo en favor de aquellos niños legañosos y desamparados y de aquellos heroicos religiosos.
Ya cada vez hay menos congregaciones que postulen con tales medios, su lugar ha sido ocupado en los últimos años por una miríada de oenegés que utilizan todos medios mucho más modernos que el del buzoneo para captar subscriptores y donantes. Hay que reconocer que, gracias a los códigos éticos de los departamentos de prensa de estas organizaciones, el tema de la pobreza y de la ética de las imágenes se trata de una manera mucho más profesional y menos tremendista que en el pasado (aunque siempre haya alguna que saque los pies del plato, qué se le va a hacer)
(AE)
No será hoy la primera vez que afirmemos solemnemente en este blog que uno de los canales más efectivos para timar a alguien en África es la religión. Es tal el respeto que las personas tienen hacia los textos sagrados (sean de la religión que
sea) y los representantes de las diferentes confesiones que la extendida reverencia se convierte en un terreno abonado para la picaresca más descarada e incluso el crimen. El problema es cuando la moral de los líderes religiosos se resquebraja haciendo honor a aquella frase evangélica de que “el espíritu está pronto, pero la carne es débil.”
Esta situación está agravada por el inmenso número de iglesias, sectas, grupos y gropúsculos de la más diversa índole que a veces operan desde unos cuantos metros cuadrados, simplemente con una chabola, una bandera y un tambor. En el barrio marginal de Kariobangui, en las afueras de Nairobi, una oenegé descubrió que en el barrio el número de iglesias superaba con creces al número de letrinas y retretes. Se pueden imaginar la escena.
(JCR)
Durante estos días saboreo la emoción que me produce estar a las puertas de otro viaje a África, que en este caso me llevará durante un mes a Uganda y al Este de la República Democrática del Congo. Anticipo muchos de los momentos bonitos de los que disfrutaré en un continente que cada vez que lo piso me devuelve las ganas de vivir por muchas razones. Uno de los aspectos de estos viajes que siempre me dejan una mejor huella es la oportunidad que tengo de vivir en comunidades religiosas y de ver el trabajo admirable que hombres y mujeres de distintas congregaciones realizan con la gente más pobre y en las circunstancias más difíciles.
(JCR)
Durante varios meses hemos seguido día a día la publicación de los cables filtrados por Wikileaks, que daban cuenta de los entresijos de ciertas políticas
internacionales y de reacciones de gobiernos que han sonrojado a más de un político. En particular, el periódico El Pais ha destapado una cantidad enorme de información bastante comprometedora. Pero si creíamos que nos han contado todo, estamos muy equivocados. Hay un hecho reciente de nuestra historia al que parece que nadie quiere enfrentarse, y es el asesinato de nueve ciudadanos españoles a manos de las fuerzas del Frente Patriótico Ruandés, es decir, el régimen del presidente de Ruanda, Paul Kagame. En febrero de 2008 el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, emitió órdenes internacionales de arresto contra 40 altos cargos del gobierno y el ejército de Ruanda por estos y otros crímenes considerados de lesa humanidad.
(JCR)
Se llamaba Walter Ochora y era algo así como un Bud Spencer a la africana con aires de cacique local que se debatía entre un temperamento irascible y un afán por dar una imagen de pacificador e incluso de compadre bromista y dicharachero.
Antiguo guerrillero convertido en militar con aspiraciones políticas, durante muchos años me lo topé constantemente, dada su condición de gobernador del distrito de Gulu (Uganda), donde viví mis buenos años, y mantuve con él una larga relación de amor-odio. Lo mismo me pasaba un rato tomando una cerveza con él al caer la tarde riendo de buena gana con sus ocurrencias, como al día siguiente me acusaba de todo lo imaginable gritando como un desaforado y amenazaba con expulsarme. Estaba gordo, gordísimo, y nunca hizo caso de los consejos de los médicos para controlar su tensión. Bebía como un cosaco y fumaba como un carretero. Falleció ayer (3 de marzo) por la tarde en un hospital de Kampala.
(JCR)
“Este libro no trata sobre África, porque no la conozco”. Con esta frase empieza Chema Caballero su libro “Los hombres leopardo se están extinguiendo”, recientemente publicado por PPC. Lo mejor que se puede decir de él es que cuando uno termina de leerlo uno no puede estar más en desacuerdo. Aunque el autor sólo ha estado en Sierra Leona –país donde ha trabajado desde 1992- y algunos otros lugares de África Occidental- sí conoce África, y muy bien. Lo demuestra el hecho de que se ha adentrado en las profundidades de los cambios y contradicciones que vive cualquier sociedad africana, y lo ha hecho desde la empatía de quien se ha puesto al nivel de la gente que vive en la remota área de Tomko Limba, tomando una cerveza con los jóvenes al atardecer, organizando partidos de fútbol y escuchando con humildad muchas horas.
Martes, 29 de mayo
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo