(JCR)
Está a punto de concluir la cumbre de Copenhague. Todo parece indicar que no se van a alcanzar acuerdos que arreglen el estropicio del cambio climático creado por las emisiones de gases que son el producto del desenfreno de los países ricos. Mirando estos días el telediario se me ocurría que lo mejor que se podría haber hecho varias semanas antes de la cumbre es meter en un avión a los jefes de Estado del mundo superdesarrollazo, llevarlos a una aldea del norte de Uganda o de Kenia, o de Chad, y dejarlos allí durante un mes para que se dieran cuenta de lo que quiere decir comer una vez al día y caminar cinco kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para recoger un bidón de agua turbia para beber, lavarse y cocinar. Aunque, bien mirado, bastante desgracia tiene la gente de esos parajes con vivir en la pobreza para encima tener que aguantar a una cuadrilla de ese calibre.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez