(AE)
Mirando a ciertos países y situaciones desde fuera y desde los cómodos observatorios de una situación normal y estable, se subestima muy mucho el gran esfuerzo que supone para
una sociedad determinada superar una situación de violencia, guerra o desorden generalizados.
Si la senda hacia un deterioro de la situación de seguridad que lleve a una guerra o a una situación crónica de inestabilidad es extremadamente rápida y efectiva al estar a veces apoyada por poderosos intereses financieros (pongamos por caso el famoso coltán, los diamantes o el petróleo...) una vez que se ha alcanzado esa situación de enfrentamiento bélico es muy difícil parar las armas... más difícil aún firmar la paz y aún cuando se haya alcanzado esa loable meta la cosa no estará segura. Un país que ha vivido situaciones extremas de brutalidad y de abuso es difícil que vuelva a la normalidad emocional en poco tiempo. El camino que supone salir de una cultura de la violencia o de las armas a una cultura del diálogo y de la tolerancia es muy pedregoso, arduo y no pocas veces lleno de trampas y de obstáculos que amenazan la vuelta al caos y la destrucción.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez