(AE)
¿Saben una de las cosas más echo de menos en los países de África que conozco? Una asociación de consumidores... un grupo fuerte, activo, organizado, conocedor
de sus derechos que se lance a mover a la opinión pública para que también sea consciente de los mismos y pueda defender mejor a los consumidores que, en el caso de las sociedades africanas, se encuentran en la más flagrante vulnerabilidad.
El sitio donde vivo, Lira, es según se mire un pueblo grande o una pequeña ciudad en la cual hay un mercado local vibrante y en constante crecimiento. El hecho que en los últimos años el número de bancos y entidades financieras haya pasado de la decena es ya de por sí un signo fehaciente del crecimiento y la relativa estabilidad de esta región.
(AE)
Reconozco que en general disfruto bastante del peculiar estilo de mi paisano Antonio Burgos en las columnas que escribe regularmente en la prensa española. Más de una
vez, cuando quiero mirar a la situación social o política en clave de humor me acerco a sus comentarios y – mas allá de estar de acuerdo con él o no - tengo que reconocer que casi nunca me defraudan sus peregrinas onomatopeyas, sus comparaciones tan típicas del gracejo de la gente del Sur (“tontos con balcones a la calle” creo que es invención suya) y sus posicionamientos críticos que en gran medida podrían ser suscritas por mi madre, por el kiosquero de la esquina o la vecina del patio de luces.
En el artículo de este domingo, este columnista pone de chupa de dómine al Doctor Cavadas, famoso cirujano que en estos días ha estado en el centro de la atención mediática debido al transplante de cara que se ha llevado a cabo en Valencia.
(AE)
Como he contado ya en otro post hace unos días, estoy ahora haciéndome cargo de una emisora
comunitaria en el Norte de Uganda. Querría compartir ahora alguna de las experiencias que me han ocurrido en estos días.
Cuando ocurren cambios en alguna organización, siempre llega el momento de hacer limpieza y adaptar la nueva oficina al nuevo periodo. Mi predecesor dejó ya el puesto y una de las cosas que he hecho ha sido comenzar a poner en orden los documentos y lo que he encontrado en su despacho. Me dediqué uno de los días a hacer algo de limpieza y ordenar los documentos que todavía estaban archivados en la misma.
(AE)
Durante mi trabajo en Sur Sudán, recuerdo perfectamente la visita de una
persona que trabajaba para una ONG internacional. Me pidió que le hiciera un análisis de la situación de la región y expuse claramente la situación de postración en la cual vivía la población del Sudán meridional, subrayando que uno de los factores que habían provocado esta situación había sido el hecho que los sursudaneses habían sido repetidamente engañados y oprimidos por el gobierno central del país y por parte de la población árabe del norte en general.
Ante este juicio mío, esta persona no hizo sino poner el grito en el cielo y tildarme de “parcial” y de “anti-árabe,” adjetivos que según ella me impedían trabajar como se debe para una organización de cooperación.
(AE)
A nadie que tenga dos dedos de frente se le escapa lo retrógrado y lo pernicioso que es el régimen sudanés, enfrascado desde hace decenas de años en una intensa campaña de islamismo político y de intolerancia cultural y religiosa con tremendas consecuencias para la población de aquel país pero – como ocurre con frecuencia – esta situación no es lo suficientemente seria como para suscitar en otros países comités de solidaridad, ni tampoco para que los grupos de musulmanes moderados en el exterior hagan llamamientos para pararles los pies a esta reata de descerebrados con chilaba que llevan las riendas ideológicas y fácticas del país.
(AE)
Lo que escribo hoy me surge de la lectura de un artículo que habla de la “crisis de valores” que sacude a la juventud española (aunque se podría aplicar a las
juventudes de muchos otros países)
Según las estadísticas, 31% de los estudiantes que comienzan sus estudios no los terminan y que un gran porcentaje de los estudiantes que tienen que hacer la enseñanza obligatoria hasta los 16 años están allí en contra de su voluntad, amargando la vida al personal educativo y dando por saco a los compañeros que – pobrecitos ellos – hacen lo que pueden por progresar en medio de esa tortura psicológica que supone estar en una clase con niñatos de tal calaña; los sufridores de una situación así no quieren otra cosa que pasar a la enseñanza secundaria, donde el tiempo y las circunstancias hayan hecho ya un corte en el perfil de la población estudiantil y puedan por fin estudiar en un ambiente educativo más adecuado.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez