(AE)
Este pequeño poblado en el Norte de Kenia se hizo
un poco más famoso desde que el inefable John Le Carré pusiera a algunos de los protagonistas de la novela “El jardinero fiel” en este paraje tan peculiar.
Hace 15 años, esto eran un par de chozas miserables, una aldeílla de tres al cuarto solamente transitada por algunos nómadas y que apenas merecía ese nombre pero que era estratégica por su proximidad a la frontera sudanesa. Llegaron los peores momentos de la guerra civil del Sudán hacia finales de los años 80 y la ONU junto con otras organizaciones humanitarias decidieron establecer aquí una base de apoyo a las acciones de emergencia de aquel país. Se aprovechó que aquí había una pequeña pista de aterrizaje y poco a poco se fue construyendo una infraestructura cada vez más complicada. Alrededor de la base de la ONU comenzaron a surgir pequeños recintos vallados de diversas organizaciones, grandes y pequeñas, y lo que en un momento fue un sitio desierto y desangelado se convirtió en un frenético centro de operaciones logísticas. La pista de aterrizaje se asfaltó y se alargó de manera que incluso los poderosos aviones Hércules de 32 toneladas pudieran despegar y aterrizar. Un peculiar acuerdo de acceso humanitario a zonas de emergencia llamado Operation Lifeline Sudan hizo posible – no sin problemas, la verdad sea dicha – que cada día partieran de Lokichokio un puñado de aviones de gran y media envergadura que se dedicaron a arrojar cargamentos de comida en lugares ya señalizados para que las personas afectadas por los desplazamientos forzados pudieran sobrevivir. Especialmente durante la hambruna de 1998, el papel jugado por estas acciones humanitarias supuso un gran respiro para miles de personas para quienes la falta de esa ayuda les hubiera supuesto una muerte segura. Lokichokio se convirtió así en la base humanitaria de la ONU más grande del mundo.
Aquel ingente esfuerzo en términos económicos y de personal fue poco a poco perdiendo intensidad cuanto más progresaban las conversaciones de paz. Lokichokio (“Loki” para los amigos y conocidos) redujo progresivamente su actividad. La firma del acuerdo de paz de Enero del 2005 supuso que ya apenas había situaciones de emergencia alimentaria y los Hércules volaron definitivamente a otros destinos donde se necesitaran más. Además había una presión clara por parte del gobierno autónomo del Sur Sudán para que todas las agencias y ONGs se trasladaran a Juba, la nueva capital de la región. El enorme campamento de la ONU se redujo de extensión y de personal, siendo hoy una simple sombra de lo que fue. El peculiar hospital de Lopiding (en aquellos días único hospital “de campaña” en el mundo llevado por el Comité Internacional de la Cruz Roja donde se trataban diariamente a decenas de heridos por acciones de guerra y por minas antipersonales) fue traspasado al gobierno keniano, cerrando así un capítulo glorioso por la entrega pero también triste por el coste humano de la guerra.
A pesar del declive que ha vivido el lugar al irse casi todas las organizaciones, hoy Lokichokio es un pueblo mucho más avanzado y moderno que el de hace 15 años e incluso mantiene una cierta actividad comercial con los países limítrofes. El aeropuerto tiene ya su estructura, su sala de espera e incluso una torre de control y una tienda de artículos libres de impuestos, algo inaudito en este aeródromo hace solo un par de años. Hoy, al pasar por enésima vez por este lugar, doy las gracias por la labor humanitaria que desde aquí se llevó a cabo y por las muchas vidas que salvó. También hubo puntos negros, cómo no, pero creo que lo positivo supera a lo negativo.
Ojalá que no hicieran falta pueblos como Loki, operaciones humanitarias y bases de esta clase, pero ya sabemos que la cabra tira al monte y que por desgracia al espíritu humano le gusta más una guerra que a un tonto un lápiz.
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Estimados/as señores/as,
Escribo en representación de un grupo de tres estudiantes de Esade que están en la final mundial del concurso de Responsabilidad Social Corporativa del Banco Francés Societe Generale. Es la primera vez que un equipo español llega tan lejos. Nuestro proyecto responde al reto "¿Cómo puede Societe Generale trabajar por un mundo mejor?" y consiste en un sistema de becas para que emprendedores, con sueños y proyectos puedan viajar al tercer mundo a llevarlos a cabo.
El proyecto ya está en la fase final. Sólo le separa del éxito, y de su puesta en marcha, su comunicación. Es decir, S.G. nos valora no sólo por nuestro proyecto sino por nuestra capacidad de comunicarlo y de que la gente se involucre en él.
Por ello nos gustaria obtener su apoyo, como lideres en Responsabilidad Social Coorporativa que sois. El enlace a la página web del proyecto es:
http://www.citizenact.com/wiki_...
Al comentarista no se le olvida lo obvio del refrán, lo que pasa es que la realidad es muchas veces más compleja que la teoría de libro y puede ser que el hambriento esté en tal situación que no puede ni aprender nada... lo que necesita es comida ¡Ya! Lo que quería decir es que esta base humanitaria y la Operation Lifeline Sudan salvó de hecho miles de vidas y fue un esfuerzo ingente en una situación desesperada ¿Se podía haber hecho mejor? sin duda, pero eso no quita mérito a lo que se llevó a cabo para atender las enormes necesidades alimentarias de la población desplazada de un país tan vasto como Sudán durante años y años.
Yo que creo que al comentarista se le ha olvidado lo mas obvio que enseña el caso: "no le des peces al hambriento, enséñale a pescar". Es un buen ejemplo de como una actividad (la ayuda humanitaria) da la oportunidad de llevar al desarrollo a un rincón perdido del planeta.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez