(JCR)
"En mi parroquia no hay más que hambre y pobreza, y sin embargo la gente vive la presencia de Dios”. Con esta convicción se expresaba ayer el padre José Javier Parladé, recién llegado de Yirol, en el sur de Sudán, donde lleva ya 35 años trabajando. Su homilía de la misa en la que se celebraba la Campaña Contra el Hambre, en la capilla de los misioneros combonianos en Madrid, no dejó a nadie indiferente.
Había 17 años que no veía a este misionero sevillano de 35 años que ha venido para descansar y reponerse un par de meses, algo que no hacía durante los tres últimos años. Este hombre, que ha conocido de todo en Sudán –la guerra, la enfermedad, la carencia de todo y hasta la cárcel- nos sacudió la conciencia contándonos cómo murió uno de sus feligreses, Celestino, un viejo catequista que se ganaba la vida reparando zapatos. Debe de ser un oficio que da algo de ganancias, porque en África un par de zapatos es un bien preciado que no se puede tirar cuando se rompe, y quien echa un remiendo con arte tiene asegurado un buen número de clientes. Hace pocas semanas, el padre Parladé acudió a celebrar la eucaristía en el poblado de Celestino, pero el buen hombre –por primera vez en muchos años- no estaba. Al final de la misa le dijeron que quería verle. Cuando el sacerdote acudió a su paupérrima choza, le encontró muy enfermo y casi en las últimas. “Padre, quería decirte que me queda poco para ir con Dios. Despídete de mi parte de todos los cristianos y diles que me muero tranquilo, sin tener nada contra nadie y muy feliz”.
“Yo me pregunté, ¿cómo podía ser tan feliz y tener tanta fe un hombre que no tenía nada?”, lanzó el padre Parladé al final de su homilía. En su parroquia, situada en una zona que ha sufrido la guerra que ha asolado el sur de Sudán hasta hace apenas cuatro años, se vive una tensa calma y muchos temen que el conflicto (que empezó a finales de los años 50 y causó más de tres millones de muertos) pueda volver a reanudarse. Durante el último año la gente ha pasado mucho hambre. “Hace pocas semanas iba yo visitando una de las aldeas a pie, cuando una familia me dijo que me parara porque me querían dar de comer –siguió explicando-. Yo no quería aceptar porque sabía que la gente no tiene nada, pero ellos me dijeron que no me preocupara, que se habían arreglado bien y tenían el granero lleno. Me senté a comer, y cuando me marche de su casa mi acompañante me dijo: “No es cierto. Te han dado lo último que tenían”.
¿Qué pueden enseñarnos los cristianos de lugares como Yirol que han vivido toda clase de privaciones? La respuesta saltó a las claras cuando el padre Parladé nos habló de un sudanés originario de su parroquia que reside actualmente en Estados Unidos y que después de muchos años vino a visitar a sus familiares en la aldea la pasada Navidad. Confió este hombre al misionero que en América, ocupado por nada más que buscar dinero y salir adelante, había perdido la fe. Hacía mucho tiempo que no acudía a rezar, pero durante los días de fiesta se unió a sus antiguos vecinos para acudir a los oficios navideños y vivió una fuerte experiencia de vida espiritual. “Aquí mi gente no tiene nada, pero me han devuelto a Dios”, concluyó aquel hombre.
Así son las experiencias de muchos misioneros en África y en otros lugares de la geografía de la miseria. Muchos católicos españoles habrán escuchado testimonios similares ayer en las iglesias donde acudieron a misa. Ojalá sacudan nuestras conciencias y nos ayuden a tener una visión de la Iglesia que vaya más allá de nuestras fronteras.
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Las vivencias de los misioneros siempre son para los que vivimos nuestro cristianismo con comodidad un aguijón en nuestros corazones. Felices ellos que pueden rodearse de gente tan auténtica.
Hubiera dado algo por escucharle, porque el P.Parladé siempre removio mi coinciencia. Y porque como aquel sudanes venido de America,de vez en cuando necesito que alguien me devuelva a Dios.
Un abrazo muy fuerte para él.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez