En clave de África

Mujeres en el Congo protestan por las matanzas del LRA

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(JCR)
Me imagino que pocos de ustedes estarán informados de que en poco más de un mes los rebeldes ugandeses del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en sus siglas inglesas) han matado a unas 900 personas en el remoto Noreste de la República Democrática del Congo (distrito de Haut-Uele). Otra llaga abierta en este martirizado país que sufre también una guerra más al sur, en la región del Kivu. Digo esto porque ya sabemos que en nuestro mundo hay muertos de distintas categorías, lo cual depende de que haya cámaras de televisión cercanas y enviados de la ONU que hagan declaraciones, pero la lejana selva del Noreste del Congo no es Gaza, ni Irak, ni Colombia, ni por desgracia parece que nadie vaya a organizar ninguna campaña para defender el derecho de estas personas a la vida.

Conozco bien el LRA después de pasar yo mismo 20 años en el Uganda, de los cuales estuve casi siempre en el norte asolado por esta guerrilla dirigida por el líder mesiánico Joseph Kony, un verdadero sádico que cada vez que ordena matanzas de civiles de las maneras más crueles que uno se pueda imaginar. Hasta finales de 2005 tenían sus bases en el sur de Sudán, desde donde atacaban el norte de Uganda con apoyo militar del régimen de Jartum. Pero cuando llegó el acuerdo de paz en Sudán y la seguridad pasó a manos del SPLA (el movimiento que luchó por el sur del país frente a la dominación islámica), el LRA muy astutamente se trasladó a la selva del parque nacional de la Garamba, en la vecina República Democrática del Congo. Allí, mientras sus representantes negociaron un acuerdo de paz con el gobierno de Uganda en Juba, ellos se reorganizaron, volvieron a armarse (seguramente con discreto apoyo de Jartum, a quien le interesa desestabilizar el sur de Sudán todo lo que pueda) y cuanto tocaba firmar la paz, Kony se negó. Desde el año pasado el LRA ha pasado de ser un problema local que afectaba a un rincón del norte de Uganda, a convertirse en un problema internacional que afecta ya a cuatro países: Uganda, Sudán, República Democrática del Congo e incluso la República Centroafricana, donde también han lanzado incursiones letales y secuestrado a grupos de niños y niñas.

El pasado 14 de diciembre, el ejército de Uganda lanzó una ofensiva contra el LRA, con apoyo de tropas congoleñas y de Sudán del Sur. Pero hasta la fecha, lo único que ha conseguido –como era de prever- es que el LRA se vengue con la población civil. Una de las peores matanzas tuvo lugar el 26 de diciembre, cuando los rebeldes ugandeses atacaron a varios cientos de personas que asistían a un concierto de Navidad en la localidad de Faradje y mataron a machetazos a 160 de ellas. Otras localidades, como Dungu y Watsa, han sufrido ataques similares. Hace muy poco la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras acusó a la MONUC (la fuerza de paz de Naciones Unidas en la R D Congo) de no hacer nada para proteger a la población.

Me llega hoy el testimonio, enviado por un misionero comboniano que trabaja en esta zona, de un grupo de mujeres congoleñas que hace pocos días organizaron una manifestación por la paz en la ciudad de Isiro, la capital de la región. “Varios cientos de madres, muchachas jóvenes y niñas, todas ellas descalzas, marcharon agitando ramas de árboles, entonando cantos funerales en memoria de las víctimas de las atrocidades cometidas durante las últimas semanas”

Al final de esta marcha de duelo, las mujeres leyeron un comunicado, uno de cuyos párrafos dice así: “¿Es que la República Democrática del Congo no tiene relaciones diplomáticas con países poderosos y ha firmado acuerdos con organismos humanitarios internacionales que deberían ayudar cuando ocurren este tipo de problemas? No entendemos si los principios de la declaración universal de los derechos humanos deben aplicarse dónde, cuándo, para qué raza o grupo social o en qué territorio o país”.

Y es que, estas poblaciones del Noreste del Congo, además de ser masacradas por el LRA, reciben ayuda humanitaria con cuentagotas. Hay varios cientos de miles de personas desplazadas, a las que la Cáritas del Congo ayuda como puede con sus limitados y escasos recursos, pero que no reciben la misma ayuda que otros lugares del planeta donde hay más publicidad mediática y más intereses geoestratégicos o económicos.

Algo que he aprendido en África durante los 20 años que viví allí, es que cuando el mundo comete un olvido imperdonable, siempre es un grupo de mujeres, sobre todo madres, quien se encarga de recordarnos que nadie debería ser considerado un ser humano de segunda categoría.

3 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por martha beltran 16.05.09 | 04:55

    unamonos y gritemos al mundo lo que esta pasando en el congo, por el derecho a la s reglas minimas de humanidad ayudemos con gritas de protesta las voces tiene que hacer eco y llegar al la organizacion de la naciones unidas , no permitamos que pase en nuestras narices y luego digamos y nos flagelemos ya para que que no pase lo de ruenda y la ex yuguslavia

  • Comentario por martha beltran 16.05.09 | 04:55

    unamonos y gritemos al mundo lo que esta pasando en el congo, por el derecho a la s reglas minimas de humanidad ayudemos con gritas de protesta las voces tiene que hacer eco y llegar al la organizacion de la naciones unidas , no permitamos que pase en nuestras narices y luego digamos y nos flagelemos ya para que que no pase lo de ruenda y la ex yuguslavia

  • Comentario por maria pura 10.02.09 | 21:04

    Es que la maternidad, marca.

Martes, 29 de mayo

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