(JCR)
Ya tienen los norteamericanos su 44º presidente, y los libios con el mismo Gaddafi desde que el chupa-chups valía una peseta. Lleva en el poder en
Libia desde que diera un golpe de Estado en 1969, y hace pocos días fue elegido presidente en ejercicio durante la cumbre de la Unión Africana celebrada en Addis Abeba, tomando el testigo del presidente tanzano Jakawa Kikwete. Uno se pregunta, por ejemplo, cómo puede la Unión Africana condenar los golpes de Estado que tuvieron lugar el año pasado en Mauritania y Guinea Conakry, y al mismo tiempo tomar como modelo a un dirigente que accedió al poder mediante el mismo método violento. Me imagino que dinosaurios que llevan décadas oprimiendo a sus pueblos, como Omar Bongo en Gabón, Paul Biya en Camerún y Mugabe en Zimbabue, se habrán frotado las manos.
Pocos días antes de la cumbre, el dictador libio circuló una carta entre los asistentes diciendo que acudiría a la cita de Unión Africana con los poderes que le otorgan su condición de “rey de los reyes de África”, un título que por lo visto le fue otorgado el pasado mes de agosto por más de 200 jefes tradicionales africanos. Y nada más ser elegido declaró que la democracia pluripartidista sólo puede traer problemas a los países africanos, y que el mejor sistema de gobierno es el que tienen en Libia, con sistema de partido único.
Gaddafi ha mostrado, además, un enorme interés por poner en marcha su iniciativa de “los Estados Unidos de África”, algo que desea que empiece a funcionar inmediatamente, con una moneda única, un pasaporte común, así como un ejército y un gobierno unificados (suponemos que bajo su mando). Con una diplomacia bastante a la africana –sin decir nunca que no y sonriendo mucho, pero sin mostrar un excesivo entusiasmo- la mayor parte de sus dirigentes parece que han optado por decir que “vamos a estudiar la propuesta y ya volveremos a hablar de eso dentro de unos meses”. La gente que yo conozco en Uganda, Kenia, República Democrática del Congo o Sudán, lo que quisieran es que hubiera unidad en sus respectivos países, y en todo caso que hubiera más integración de bloques regionales. A mí siempre me ha resultado bastante curioso que, teniendo la condición de residente en Uganda, yo tuviera que pagar cincuenta dólares para entrar a la vecina Kenia para ir a una reunión de un día. Y si un hombre de negocios ugandés hace un viaje por Ruanda, Tanzania y Kenia, perderá una buena cantidad de dinero en engorrosos cambios de moneda, pérdida que hará que la próxima vez se lo piense antes de ir a comprar o vender a los países vecinos que se supone que están dentro de la federación de África del Este.
Además, parece que los dirigentes africanos tienen, por desgracia, una memoria bastante corta, porque pocos personajes han contribuido más a desunir África y sembrar cizaña que el coronel Gaddafi. Durante las guerras que asolaron países de África Occidental, como Sierra Leona y Liberia, durante los años 1990 e incluso algo entrado el presente siglo, los grupos rebeldes que cometieron las atrocidades más salvajes contra la población civil, como secuestrar a niños para convertirlos en soldados, apresar a niñas para hacerlas esclavas sexuales, torturar a campesinos cortándoles las manos o incendiar poblados fueron entrenados en Libia, país del que recibieron armas y munición suficientes para mantener guerras que sumieron a millones de africanos en la más absoluta miseria.
Pues lo siento, de verdad. Sospecho que una de las razones por las que ningún dirigente africano se atreve a toserle al dictador libio es el hecho de que su país suministra abundante petróleo a buen precio a un buen número de países africanos. Pero, por lo demás, me da pena pensar que con elecciones como esta los dirigentes africanos no tendrán derecho a decir que no se les toma en serio en foros internacionales.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez