(JCR)
Perdonen ustedes si estas líneas desentonan con el tono general de este medio digital tan dominado a veces por cotilleos de sacristía o si la familia en España está siendo atacada o no. En muchos lugares de África hay millones de familias que, simplemente, se ven atacadas por la violencia brutal de bandas armadas que convierten a muchos niños en huérfanos, a mujeres en viudas y a padres en seres desconsolados que han visto a sus hijos asesinados o secuestrados y que convierten sus vidas cotidianas en un infierno. Acaba de ocurrir en el noreste de la República Democrática del Congo, donde los rebeldes ugandeses del LRA (Ejército de Resistencia del Señor, en sus siglas inglesas)han matado a algo más de 200 personas desde el pasado 24 de diciembre. Sesenta de ellas murieron el 26 de diciembre durante una masacre realizada en el interior de una iglesia. Triste Navidad para ellos, que ni siquiera tienen el consuelo de que la prensa internacional les preste la misma atención que dan, por ejemplo, a los muertos en Gaza también durante las mismas fechas.
El desencadenante de esta última oleada de violencia ha sido el ataque conjunto realizado por los ejércitos de Uganda, Congo y Sudán del Sur contra las bases del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), grupo rebelde ugandés que desde finales de 1995 se retiró gradualmente del norte de Uganda para establecer sus nuevos campamentos en el parque nacional de la Garamba, una tupida selva que tiene aproximadamente la superficie de Bélgica. Tras dos años de tortuosas negociaciones entre representantes del LRA y el gobierno de Uganda, el líder del LRA –Joseph Kony, se negó a firmar el acuerdo final de paz. Ante la amenaza que este grupo armado representa para los tres países –más la vecina República Centroafricana- los tres países bombardearon las bases del LRA. Es difícil saber si esta acción militar ha conseguido algo en limpio, ya que la única fuente de información ha sido hasta la fecha el portavoz del ejército ugandés, quien no tiene mucha fama de decir la verdad. Los parlamentarios del norte de Uganda declararon en rueda de prensa que el ataque aéreo hizo blanco en campamentos rebeldes abandonados, y el arzobispo de Gulu John Baptist Odama –uno de los principales mediadores en el conflicto- declaró su oposición ante este ataque, aduciendo que sólo conseguiría ahogar las esperanzas de paz que quedaban y volver a la violencia.
Los hechos, por desgracia, le han dado la razón. Según informaciones de la oficina de asuntos humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), desde el pasado 24 de diciembre los rebeldes del LRA han matado ya a algo más de 200 personas en las localidades de Gurba, Doruma y Faradje, en el remoto noreste de la República Democrática del Congo, y en aldeas del vecino Sudán meridional. También han incendiado cientos de casas y secuestrado a docenas de niños. De este modo el LRA, que desde que empezó la guerra en el norte de Uganda en 1986 ha cometido estas horrendas barbaridades en su propio país, se convierte en una amenaza para los países vecinos, quienes cuentan con gobiernos que no tienen la capacidad para controlar lo que ocurre en remotas partes de su territorio, sobre todo en materia de seguridad.
Como decía el maestro Kapuscinsky, la mayor parte de las guerras de hoy en día se libran en lugares del mundo donde no llegará jamás una cámara de televisión y donde la gente muere en silencio sin que nadie les dedique una palabra. Nada mejor que comparar estas masacres del Congo con la reciente violencia en la franja de Gaza para darnos cuenta de este hecho. Servida por televisión a todas horas, los muertos de Oriente Medio –que también merecen toda la solidaridad del mundo, por supuesto- ocupan mucho más la atención informativa que los muertos de cualquier rincón perdido de África que son masacrados en guerras difíciles de entender para el lector o el espectador occidental.
He vivido muchos años –veinte- en el norte de Uganda y he sido testigo de masacres del LRA muy similares a las que han ocurrido durante los últimos días. Cada vez que han sucedido siempre he terminado con la misma triste sensación: que la comunidad internacional, y no digamos los medios de comunicación, funciona como si la vida humana no tuviera el mismo valor en todas partes. Una pena, pero es así.
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Por desgracia, tengo que poner la información al día. Según Cáritas Congo, que cuenta con información fiable de primera mano de las parroquias afectadas, la cifra de personas masacradas por el LRA durante los últimos días se eleva ya a 400.
Te entiendo. Saludos cordiales. Feliz año.
El mal llamado Ejército de Resistencia del Señor (más que el nombre del Señor deberían invocar el del Otro), es un azote para todo el Africa Central. Que haya tenido que retirarse hacia la RDC es una buena noticia... para Uganda. Pero muy mala para el ya muy castigado Congo.
Lo triste es que a los países vecinos no les queda otra alternativa que la militar. Es imposible negociar con Kony que exige la inmunidad solo para comenzar a negociar. La realidad es que el gran problema es que el gobierno de la RDC hace tiempo que dejó de controlar sus territorios en el este.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez