(JCR)
El balance con que África cierra este año su cuenta de haberes tendría que empezar con la tercera edición de guerra en el Este de la República
Democrática del Congo, comenzada en agosto (aunque a los medios de comunicación sólo empezó a interesarles a finales de octubre) en forma de una auténtica rapiña de recursos minerales –con Ruanda y algunos países occidentales detrás- que ha provocado el desplazamiento de 300.000 personas.
(JCR)
Perdonen ustedes si estas líneas desentonan con el tono general de este medio digital tan dominado a veces por cotilleos de sacristía o si la familia en España está siendo atacada o no. En muchos lugares de África hay millones de familias que, simplemente, se ven atacadas por la violencia brutal de bandas armadas que convierten a muchos niños en huérfanos, a mujeres en viudas y a padres en seres desconsolados que han visto a sus hijos asesinados o secuestrados y que convierten sus vidas cotidianas en un infierno. Acaba de ocurrir en el noreste de la República Democrática del Congo, donde los rebeldes ugandeses del LRA (Ejército de Resistencia del Señor, en sus siglas inglesas)han matado a algo más de 200 personas desde el pasado 24 de diciembre. Sesenta de ellas murieron el 26 de diciembre durante una masacre realizada en el interior de una iglesia. Triste Navidad para ellos, que ni siquiera tienen el consuelo de que la prensa internacional les preste la misma atención que dan, por ejemplo, a los muertos en Gaza también durante las mismas fechas.
(AE)
A veces se dice que los melifluos sentimientos de paz, bien, amor y fraternidad propios de estos días
son puro sentimentalismo creado por el ambiente, el subconsciente o incluso por los intereses comerciales que por desgracia imperan en estas fiestas tan comercializadas y que tradicionalmente se aprovechan del tirón de estos días para fomentar el consumismo y poder así hacer caja.
Yo estoy convencido que en el mundo hay “personas navideñas”, es decir seres que nos hacen creer mucho más en lo mejor que hay en cada humano. Recuerdo una familia “procedente del sur” que llegó a un pueblo europeo en medio de unas montañas con gente buena pero bastante cerrada de mollera y de costumbres. Hablaban otra lengua y tenían costumbres bastante diferentes de las de los lugareños.
(JCR)
Hace unas tres semanas, hablé con mi suegra por teléfono y le comenté que su hija y yo
habíamos pasado una tarde de sábado viendo las luces de Navidad en las calles de Madrid. Su comentario me hizo bastante gracia. “Pues vaya un país mas raro donde vivís. Aquí la Navidad empieza el 24 de diciembre por la tarde”. Ella es de Uganda, y vive en un poblado muy remoto en la parte norte del país. A sus setenta y tantos años, dos o tres veces por semana camina cinco kilómetros por senderos de montaña para acudir al mercado donde vende algunos de los productos que ella ha cultivado y compra artículos como sal, jabón, aceite para cocinar y parafina para que la lamparilla que usa por las noche pueda alumbrar su cabaña de barro y paja. El mercado de la localidad de Erussi está muy cerca de la frontera del Congo. Pero para la gente a ambos lados de la frontera, esta línea trazada en tiempos coloniales tiene poco significado, ya que ambos son de la etnia Alur, hablan la misma lengua y son parientes.
(JCR)
Un nuevo, peligroso y poco conocido fenómeno se está desarrollando en África desde hace pocos
años: multitud de compañías de países asiáticos y árabes se han lanzado a una carrera desenfrenada de compra de tierras en países africanos. Este proceso es favorecido por la conversión de los alimentos como objeto de especulación financiera. Pero durante los últimos meses se ha acelerado por la fuerte subida del precio de los alimentos y las fuertes expectativas levantadas por los biocarburantes. El presidente de la FAO, el senegalés Jacques Diouf, no ha tenido reparos en llamarlo un “nuevo colonialismo”.
(AE)
Esto parece ya una situación de opereta pero no de género cómico, sino más bien trágica y
sangrienta. Vas a morir matando y parece que te alegraras de ello. Qué maestro del engaño, máster cum laude del descaro, Honoris Causa de la manipulación más artera.
Después de años de exabruptos, salidas por la tangente y los miles de balones que echas fuera para desviar la atención tanto interna como externa, ahora te superas y rizas el rizo del esperpento internacional: no solamente afirmas con rotundidad que el cólera estaba controlado – no os os lo creéis ni tú ni tu gabinete hartos de vino – sino que ahora vienes a decir que esta epidemia es simplemente el resultado de una ofensiva militar del Reino Unido - ¿quién, si no? Tu Bestia Negra preferida - que ahora utiliza la guerra biológica contra el indefenso pueblo zimbabuense.
(JCR)
Si viven en Madrid, no se pierdan la exposición de “Belenes del Mundo”
organizada, por tercer año consecutivo, por los Misioneros Combonianos. Pueden visitarla todos los días, hasta el 7 de enero, de 5 a 8 de la tarde, en su sede de la calle Arturo Soria 101. La entrada es libre y gratuita. Allí encontrarán 150 Belenes de países tan variopintos como: China, India, Filipinas, Colombia, Ecuador, México, Brasil, Rusia, Uganda, Ruanda, Chad, Mozambique, Suráfrica, Malaui y un largo etcétera.
(JCR)
“Nuestra época es un tiempo de escepticismo sin precedentes. Cualquier opinión vale tanto como las demás. Lo único que se puede decir es que algunas opiniones son antiguas y
aburridas, mientras que otras son interesantes”. Así comienza el libro “Jesús Hoy”, escrito por el surafricano Albert Nolan y publicado este año en edición castellana por editorial Sal Terrae, cuya lectura les recomiendo vivamente, especialmente a aquellos que buscan alimento para la mente y el espíritu en este tiempo de Adviento. Sus primeros capítulos son una radiografía clarísima de nuestro mundo de hoy, con su globalización y su individualismo feroz, pero también con una enorme hambre de espiritualidad.
(AE)
Me encuentro estos días en España, invitado por la Coordinadora de Oenegés de Asturias para asistir a unas jornadas sobre conflictos olvidados que van a tener lugar del 11 al 14 de Diciembre en Gijón. Al mismo tiempo, aprovecho también para pasar algunos días en familia.
Pequeñas pausas como estas son realmente positivas para los que vivimos en un contexto tan diferente del nuestro. Creo que es bueno tomar algo de distancia para poder mirar a las cosas desde otra perspectiva y poder de nuevo sumergirse en el trabajo y la rutina cotidianos.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez