JCR)
Hace varias semanas me llamaron por teléfono de una productora que estaba preparando una serie para televisión. Me explicaron que en la historia aparecía un diálogo en lengua acholi (del Norte de Uganda) y que –queriendo ser fieles a la realidad- deseaban que los personajes hablaran realmente en ese idioma. Se habían enterado que yo conocía la lengua en cuestión y me pedían que tradujera las frases que necesitaban, y acudiera un día con ellos a su estudio para enseñar a los actores que tenían que representar esa parte la pronunciación de la manera más correcta posible.
Mi primera reacción fue alegrarme por el hecho de que esa partecita de África donde he vivido durante casi 20 años hasta hace pocos meses saliera en un espacio público de gran audiencia.
(AE)
Kisii, Oeste de Kenia... hace unos cuantos días:
Los feligreses de aquella iglesia que se había congregado al aire libre no daban
crédito a sus ojos. En medio de un encendido sermón bajo un sol de justicia, el pastor sudaba profusamente, por lo que a los pocos minutos de comenzar su exhortación se le notaba ya castigado tanto por el arrebato de su oratoria como por el acaloramiento de hacerlo expuesto a los rayos solares. En ese momento y movido por una necesidad de alivio, metió su mano en la chaqueta buscando un pañuelo salvador que pudiera borrar las múltiples perlitas de sudor que habían comenzado a poblar su frente y su rostro.
(AE)
En cada país hay líderes rumbosos, salerosos y únicos, de esos que hay que echarles de comer
aparte; tales elementos tienen tasas altas de gracejo mezclado con gramática parda y sus salidas o incluso sus exabruptos se ganan a pulso los titulares de los medios y las discusiones en las tertulias y corrillos. Uganda parece ser que ha encontrado ya el político de turno que está poniendo pimienta a todas las salsas y no es otro que el Ministro de Ética e Integridad, ahí queda eso.
El buen hombre, llamado Nsaba Buturo, posiblemente estará harto de luchar con asuntos tan correosos y desagradecidos como la endémica corrupción en la administración y los cuerpos de seguridad, y se ha puesto a buscar un frente de lucha más agradable y menos prosaico: las minifaldas.
(AE)
Una lectora de este blog me preguntó hace varios días si no iba a hablar del ataque del ejército sudanés al campo de desplazados de Kalma. La verdad es que la noticia
me llegó pocas horas después del hecho pero, desgraciadamente, no me pilló por sorpresa y no la comenté.
El atento comentario de esta persona me ha estado rondando la cabeza todos estos días, cuando ya ha pasado el hecho y se han producido nuevos ataques y hay nuevas razones para dudar de la honestidad del gobierno de Omar al-Bashir y de su gobierno junto con el partido que le apoya en su sangrienta y execrable gestión. Creo que, personalmente, me he acostumbrado a esta danza macabra a la cual el gobierno de Jartum somete a muchos de sus súbditos; no me sorprende las acciones más abominables. Posiblemente de tanto predicar en desierto me he hartado ya de señalar que este gobierno – aunque haya firmado solemnemente acuerdos de paz – no es sincero en sus intenciones y tiene las manos manchadas de sangre.
Los Toposa son una tribu nilótica que vive en la parte sureste del Sudán. Desde el punto de vista antropológico pertenecen a la
misma familia que los Nyagatom (Sudan), Karimoyong (Uganda) y Turkana (Kenya). Como sucede con todos ellos y algunas tribus más de la región, su mundo y su cultura gira en torno al ganado, la mayor riqueza según ellos. Esta circunstancia determina muchos de sus valores y al mismo tiempo condiciona una de las prácticas que con la proliferación de armamento ligero se ha convertido en una verdadera maldición moderna: el saqueo de ganado.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez