(AE)
Recuerdo aquel post que escribí en Febrero del año 2007 sobre un flamante senador norteamericano que tenía entre sus planes presentarse a las elecciones presidenciales de su país y ser así el primer afroamericano a llegar a ese puesto. En aquel tiempo pocos de los lectores lo conocían, aunque hacía ya tiempo que en África se le seguía la pista debido a sus orígenes (su padre era keniano y su madre norteamericana). Me alegro que aquel post fuera una premonición acertada de lo que ha pasado posteriormente en la larga carrera para el nombramiento oficial de Barack Obama como candidato demócrata a la presidencia de los EE.UU.
Antes que se hablara de su candidatura presidencial, sus visitas en África como senador habían sido ya antológicas y muy sonadas en los distintos medios de comunicación locales. Él ha sabido como nadie explotar y verbalizar sus sentimientos de persona “de frontera” que ha podido tener experiencia de dos mundos y dos culturas diferentes. Esto, unido a su innegable carisma personal y su arrolladora retórica, lo han hecho muy popular en diferentes países africanos.
Hoy, asistimos a su puesta de largo oficial como candidato a la Casa Blanca. Ni que decir tiene que los medios de comunicación por acá están “que no mean” con la noticia. Uno de los diarios de Kenia se vende hoy con un suplemento de 12 páginas sobre el político. Las personas entrevistadas en la televisión manifiestan su alegría incontenible e incluso ciudadanos que viven en los barrios de chabolas como Kibera quieren creer que Obama vendrá con un pan debajo del brazo y, como si fuera un “Plan Marshall africano”, aliviará las miserias de cada familia trayendo chuches y comida a todo bicho viviente. Demasiado bueno para ser verdad...
Durante estos meses, cuando he preguntado a algunos norteamericanos qué pensaban de su candidatura, ellos siempre decían que era imposible que pudiera llegar demasiado lejos. Parece ser que la experiencia les está llevando la contraria.
Mas allá de estas exageradas expectativas, hay que reconocer que la elección de este afroamericano como candidato serio a la Casa Blanca tiene un componente simbólico muy importante no solo para los Estados Unidos sino para muchos otros países: él es hijo de un inmigrante, no es parte de una poderosa dinastía política con fuertes ramificaciones financieras, él es negro pero no ha hecho de su negritud un constante discurso reivindicativo y visceral (aunque su pastor preferido sí lo haya hecho y Obama haya tenido que desmarcarse de su línea de pensamiento). Su “normalidad” y su falta de complejos es quizás uno de sus mejores aliados que le ha abierto puertas incluso en estados donde no se preveía un gran apoyo.
Ni que decir tiene que la llegada de Obama a la Casa Blanca no supondrá para África cambios radicales. Aunque el presidente del país más poderoso del mundo tenga muy buen rollito con los países subsaharianos, las cosas no cambiarán hasta que no se reformen algunas de las reglas del juego que están en la raíz de la postración del continente: comercio mundial y subsidios agrícolas, fondos de ayuda al desarrollo, corrupción interna de los países, explotación indiscriminada e insolidaria de petróleo y otros recursos minerales de África, despotismo y mal gobierno, etc. Obama puede ser que tenga una mano tendida a África, lo cual sería loable y deseable, pero esa mano se tiene que traducir tanto en cambios estructurales importantes en las relaciones multinacionales y en un esfuerzo por parte de los países africanos de aplicarse el cuento, luchar contra la corrupción, la pobreza y la desigualdad.
Un presidente negro en el Despacho Oval es ya de por sí una imagen esperanzadora. Ojalá que se materialice el próximo Enero y se convierta en hechos y gestos fehacientes para con los más pobres.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez