En clave de África

Los excluídos de la Aldea Global

22.05.08 | 10:58. Archivado en Desarrollo, Costumbres, Artículos José Carlos (JCR)
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(JCR)
Recuerdo hace algunos años cuando daba clase de religión en una escuela secundaria en Kitgum, una pequeña localidad del Norte de Uganda, y me tocó hablar a mis alumnos de las cartas de San Pablo a los Corintios. “Para que nos hagamos una idea de lo que era Corinto –empecé diciendo- vamos a considerar cómo suele vivir la gente en una gran ciudad…” A continuación pregunté si habían estado alguna vez en la capital, Kampala. Ni uno solo levantó la mano. “¿Conoceréis por lo menos Gulu (la capital de la región norteña, a unos 100 kilómetros de Kitgum)?” De mis 30 estudiantes, dos alzaron el brazo mientras empecé a devanarme los sesos sobre cómo continuar mi lección… Nunca como hasta aquella ocasión me había dado cuenta de que para la gente con la que yo trataba diariamente las fronteras de su mundo estaban a muy pocos kilómetros de su villorrio.

Los que tenemos la suerte de viajar regularmente, tener amigos de varios países, leer periódicos y navegar por Internet corremos el riesgo de acabar pensando que todos tienen nuestro mismo conocimiento del mundo en que vivimos. Nada más lejos de la realidad. Una gran parte de la humanidad está excluida de los beneficios de vivir en una aldea global y no podrán nunca tener una visión de conjunto del mundo. Lo he visto infinidad de veces en el África rural.

Muchos millones de seres humanos siguen viviendo como el común de los mortales vivió durante siglos: en un espacio muy reducido del que nunca –o sólo en raras ocasiones- saldrán. Naces en tu aldea en un Congo o un Sudán, vas a la escuela (los que van) unos años hasta que no tienes más remedio que abandonar tus estudios al terminar la primaria o incluso antes, y pasas el resto de tu vida cultivando unas parcelas de terreno, yendo a buscar agua y leña, y disfrutando de las pocas ocasiones que se presentan de vida social en el mercado semanal, la función religiosa o los rituales del clan. Alguna que otra vez visitarán la ciudad más cercana, tal vez a varias horas de marcha a pie por carreteras poco transitables por donde apenas circulan vehículos, y si alguna vez tienen deseos de trasladarse a vivir allí se les quitarán las ganas cuando se den cuenta de lo caro que cuesta comprar alimentos y alquilar cualquier pequeño tugurio en un arrabal miserable. Si además comprueban que cien kilómetros más allá sus vecinos hablan otro idioma, ya tendrán otra razón para seguir arropados en la seguridad del terruño que pisan. Y si a esto se añade el que vivan en una zona conflictiva, tendrán delante de ellos una barrera más que les impedirá moverse más allá de unos pocos kilómetros. El mundo en el que vivirán se reducirá a un espacio cada vez más pequeño en el que siempre escucharán lo mismo y se relacionarán con las mismas personas. Los que tengan una pequeña radio oirán ecos de otros lugares que les abrirá algún boquete en esta celda tan exigua. Es posible que un día alguien ponga en el cruce de carreteras más cercano una televisión con conexión vía satélite o un video-club donde los asombrados campesinos verán por primera vez un modo de vida harto distinto que les hará pensar que en lugares lejanos otras personas viven a todo tren y albergarán el deseo de poder vivir también ellos de esa manera, si pudieran-

Lo malo de vivir en un mundo tan pequeño es que la falta de referencias y de visión de otros horizontes terminan por crear un caldo de cultivo en el que puede crecer fácilmente la intolerancia, los prejuicios la desconfianza hacia los que son distintos y el intercambio de ideas. Muchos de los conflictos que estallan un buen día en un lugar perdido de África y que nos horrorizan tienen parte de su origen por este provincianismo que se desarrolla cuando la gente vive en lugares muy pequeños donde no conocen otras mentalidades ni maneras de vivir.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por epark 01.09.08 | 01:39

    Soy estudiante en México. He leído varios artículos suyos y me han interesado mucho. Tanto, que escogí para un trabajo de clase el país Uganda, para estudiarlo y compartir lo que vaya aprendiendo con los demás de la clase. Podrías contarme sobre estas cuestiones: ¿cómo es la vida cotidiana de los jóvenes allá? ¿cuáles son sus aficiones o actividades en un día normal? ¿cómo es su vida social? comida típica? ¿cómo celebran el nacimiento de un nuevo niño? cómo se vive el noviazgo y el matrimonio? ¿los funerales? navidad? Gracias por la ayuda que pueda brindarme. EP

  • Comentario por patxi lurra 14.06.08 | 22:40

    Ese último párrafo lo suscribo, el no salir de tu pequeña comarca trae esos males que escribes y quizás alguno más. Mas por otra parte, aunque sea muy tópico decirlo, no sé si recibir las imágenes por TV de ese otro mundo, del nuestro por ejemplo, el animarles a algún día a dar el salto es algo tan bueno. Desde luego no lo es para los que mueren en el intento o los que se endeudan para luego acabar fracasando.

    Pero a lo que voy es que quizás no sea tan malo ser feliz con lo que tienes y no saber lo que te estás perdiendo, o saberlo y no codiciarlo. Es fácil decirlo desde aquí, con nuestra expectativa de vida, atención sanitaria, etc. Pero también nosotros nos lo podemos aplicar. Muchas personas pueden vivir felices aunque mueran a los 40 años, y otros muchos ser tremendamente infelices aunque lleguen a los 87.

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