Europa y África. Una relación penosa
09.05.08 @ 18:29:22. Archivado en Desarrollo, Política y Economía, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
Hoy traigo a colación dos temas, que aparentemente no tienen mucho que ver entre sí y que ocurren en dos lugares harto distintos y distantes en
Africa. El primero es este: si van ustedes a la República del Níger (el país más pobre del mundo si no me equivoco) encontrarán abundantes cebollas de bastante buena calidad procedentes de Holanda en casi cualquier mercadillo o tienda del país, y a precio más barato que las cebollas que produce cualquier agricultor nigerino, que ya le debe costar sus buenos sudores con el secarral que es aquello. Imagínense ustedes las consecuencias para los productores locales que intentan vender sus hortalizas en el mercado local. El segundo lo conozco algo mejor y me causa una gran pena: en Uganda muchas familias tienen que enfrentarse estos días a una difícil situación, la de decidir cuáles de sus hijos abandonarán sus estudios y se quedarán en casa, porque debido a la subida de los precios de los alimentos las escuelas han visto dispararse el coste de sus modestos menús escolares y no han tenido más remedio que subir el precio de las tasas escolares, que muchos padres ya no pueden pagar.
Se preguntarán ustedes a lo mejor qué tiene que ver la velocidad con el tocino. Pues mucho, porque resulta que de ambos males, el de Níger y el de Uganda (y tantos otros sitios más de África) tienen mucha culpa algunas políticas nefastas que se deciden en la Unión Europea. En primer lugar, si en muchos lugares de África los productos importados están inundando ya los mercados locales, y a menudo a precios más baratos, con el consiguiente perjuicio para los productores locales, eso se debe a los acuerdos (más o menos impuestos) de libre comercio conocidos como EPAs (Economic Partnership Agreements) entre la Unión Europea y los países de ACP (Africa, Caribe y Pacífico). Y en cuanto al tema de la subida de los precios de los alimentos, si siguen ustedes la actualidad en los medios de comunicación sabrán que una de las principales causas que explican la vertiginosa subida de alimentos en el mundo, y que está afectando sobre todo a los más pobres, es el desmedido uso de producción de cereales para biocombustibles. Pues bien, hoy acabo de enterarme de fuentes bien informadas que el 65% del maíz que se cultiva en los países de la Unión Europea no es para consumo como alimentos, sino para producir etanol. El maíz, por cierto, es el alimento básico en las escuelas de Uganda y de muchas otras partes de África.
Reflexionando sobre estos dos temas, me llama enormemente la atención la falta de reacción y de crítica que distintos grupos más o menos reivindicativos en Europa tienen ante temas como estos y otros parecidos. Podríamos hablar también de los intentos que durante estos últimos días está realizando la Unión Europea de endurecer los periodos de detención para los extranjeros en situación irregular, al mismo tiempo que favorecen la inmigración de personal extra-comunitario profesionalmente cualificado, como médicos y enfermeras, robando a los países africanos de un personal sanitario muy necesario para atender a enormes masas de población con problemas serios de salud.
Lo que más me llama la atención del caso es que multitud de grupos y lobbies en países europeos sí suelen ser muy sensibles ante ciertos temas percibidos como injusticias y abusos de derechos humanos cometidos por Estados Unidos. Ahí sí que se organizan campañas, se grita, se sale a la calle y se aplaude a quien hace gala de su anti-imperialismo yankee. ¿Es despiste o es oportunismo más o menos teñido de ideología? ¿Por qué no mostrar la misma sensibilidad y afán reivindicativo cuando las malas políticas y las injusticias sociales se plasman en legislaciones de la Unión Europea? ¿No será que en el fondo nos cuesta más criticar dentro de nuestra propia casa a unos gobernantes y parlamentarios que después de todo hemos elegido con nuestros votos?
Les invito a que saquen ustedes sus propias conclusiones. Yo, que durante 20 años me he encontrado a muchos campesinos africanos que vuelven del mercado sin dinero para comprar ni una pastilla de jabón y a muchos padres que no pueden pagar la escuela a sus hijos, hace tiempo que he sacado las mías.
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Lo digo para saber qué debo gritar la próxima vez ante la embajada norteamericana.
Un cordial saludo,
P.-
1. Si es a ayuda humanitaria, le doy la razón: la caridad no ha sacado a ningún país de la miseria. Las ONG están haciendo un daño enorme a África, proporcionando productos gratuitos y asfixiando las economías locales. Toda la cooperación europea es una ruina económica y una obscenidad moral.
2. Pero si habla de empresas libres que ofrecen productos a un precio más barato que los productores locales, ¿por qué le parece mal? ¿No tiene derecho esa gente a comprar los productos al precio más barato que le sea posible? Los productores ineficientes deben cambiar de actividad.
Como comprenderá, como liberal estoy bastante en contra del poder de influencia y regulación que pueden tener instituciones como el Banco Mundial o el FMI, que representan a gobiernos, y no a particulares en el ejercicio de su competencia privada. Y si tengo mejor concepto del gobierno de EEUU que de cualquier otro es porque deja a sus ciudadanos mayor margen de libertad que cualquier otro de todo el mundo. Lamento que en esto las mayorías me respalden: la gente emigra a EEUU, y no a Cuba. Las razones no son complicadas de entender: donde hay capitalismo económico y democracia liberal se genera riqueza; donde hay socialismo se genera miseria. De los regímenes moderamente socialistas, pero prósperos, podríamos hablar, pero no hay espacio suficiente.
Le pediría por favor aclarara su definición acerca de "socialdemocracia" y "liberalismo". Me parece interesante dada la ignorancia que Usted me atribuye. En términos que van más allá del Estado-Nación, la aplicación del término socialdemocracia a una estructura económica no la he conocido. Lo que sí he conocido es, por ejemplo, los procedimientos de votación en organismos como el FMI, en el que el peso de cada país es dado en función de sus aportes a la misma. Sin, necesariamente, volver vinculativas las instrucciones de estos organismos. EEUU, por ejemplo, no aplica lo que el FMI o el Banco Mundial señala. Pero obliga a que países en subdesarrollo sí lo hagan.
Otro ejemplo interesante es la relación que hay entre México y los mismos EEUU. En el tratado de libre comercio de América del Norte se obliga a no subsidiar sectores agropecuarios bajo criterios de competencia desleal. México, obediente como es ha seguido la política. EEUU no. El subsi...
No soy el blogger. Simplemente un habitante de un país también tercermundista que ha visto como transnacionales estadounidenses y, algunas, europeas llenan nuestros mercados de productos a cuyo precio no pueden competir nuestros campesinos. No porque sean flojos o ignorantes. Simplemente regulaciones impuestas sobre nuestros países evitan el desarrollo de estos sectores. El "libre mercado" al que Usted se refiere es un mito. Todo mercado es exitoso en causa, por lo menos en gran parte, de la estructura en que se inscribe. Si esta estructura desincentiva la competitividad de los productos locales, es difícil que no "nos coman el mandado" en términos más vernáculos.
Quedo de Usted,
Carlos
Lo que usted llama primer mundo no es liberal, es socialdemócrata.
Y dejen de impedir que la gente dé opiniones si no vive en el tercer mundo. Es de un racismo que asusta.
No culpe del drama de las cebollas al libre comercio. Las cebollas holandesas que llegan a Níger las llevará alguna ONG, ¿verdad? Pues no hable de libre comercio: HABLE MÁS BIEN DE SOCIALISMO, y de cómo el envío de bienes gratuitos, a través de la falsa caridad occidental, ahoga la iniciativa empresarial, la iniciativa privada, de los agricultores del Níger.
Y tampoco se queje de que personal cualificado de países africanos emigre a Europa: todo el mundo tiene derecho a progresar. Viva el libre comercio y viva la libre circulación de las personas.
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JC Rodríguez, A Eisman
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