(AE)
Hace pocos días la vicepresidenta del gobierno español se declaraba horrorizada ante la foto
que inadvertidamente se había hecho con un empresario africano que resultó ser el marido de tres mujeres mucho más jóvenes que él... hombre, ya puestos a horrorizarse, a ver si primeros quitamos de casa las piedras de escándalo para luego poder hacer lo propio fuera ¿no? Y para muestra un botón. Gracias a una amiga, me han llegado las sentidas palabras del último galardonado por los premios Ortega y Gasset.
En el acto estaban presentes la Vicepresidenta del gobierno, varios ministros, exministros, la presidenta de la Comunidad de Madrid, el alcalde de Madrid, el presidente del Senado y centenares de asistentes.
Juzguen Uds. por sí mismos.
DISCURSO PRONUNCIADO POR GERVASIO SANCHEZ (PERIODISTA Y FOTÓGRAFO) DURANTE LA ENTREGA DE LOS PREMIOS ORTEGA Y GASSET ESTE 7 DE MAYO.
(AE)
Hoy me lo vuelvo a encontrar después de meses de ausencia. Me cuesta trabajo reconocerlo. Sus brazos, otrora fuertes, fibrosos de puro músculo y fuerza, están ahora desinflados y fofos. Apenas puede caminar, su gesto es triste y sus ojos no pueden evitar una mirada profundamente triste.
La enfermera que lo atiende me dice que sospechan lo peor. No sabemos exactamente lo que tiene, pero habría que hacerle la prueba para ver si tiene “la enfermedad”. La llama así, con artículo determinado, como si fuera una definición bien clara y contundente. Por desgracia, pienso lo mismo que ella. No es posible que el físico de Sukiri (nombre ficticio) haya podido cambiar tanto en los últimos meses a ser que haya habido una gran infección o una transformación masiva en su organismo.
Hoy día, miles de personas en África luchan diariamente contra la pandemia del SIDA. Especialmente en Kenia y Uganda, es maravilloso ver a personas que, gracias a la buena labor de grupos de apoyo y de otros grupos de presión que han conseguido que se generalice y se abarate el tratamiento de medicamentos antiretrovirales, hoy son personas renovadas física y espiritualmente.
(JCR)
Hoy les comunico, humildemente, que esta semana la editorial Mundo Negro publica un libro que terminé de escribir el año pasado. Se llama Hierba Alta.
Historias de paz y sufrimiento en el Norte de Uganda.
El próximo domingo 1 de junio, si se pasan por la Feria del Libro (caseta 282) me encontrarán allí firmando ejemplares. Les anticipo unos párrafos del primer capítulo, y que lo disfruten. En los próximos días les serviré algo más.
Capítulo 1
La banda del Matamujeres
No hay nada que me desconcierte tanto como la hierba alta de la sabana africana, y en octubre pasa de los dos metros, formando altos muros a ambos lados de los caminos que cortan la espesa foresta. Cuanto más se adentra uno, más impenetrable se torna la exigua senda delante de nosotros. Si vamos a pie, la hierba se nos echará encima del cuerpo, produciéndonos picores y haciendo que el trayecto sea molesto en extremo. Si la marcha se prolonga varias horas, resultará harto monótona, privándonos de toda perspectiva que nos levante el ánimo. Tal vez vayamos doblando y arrancando briznas para entretenernos con su roce entre los dedos.
(JCR)
Recuerdo hace algunos años cuando daba clase de religión en una escuela secundaria en Kitgum, una pequeña localidad del Norte de Uganda, y me tocó hablar a mis alumnos de las cartas de San Pablo a los Corintios. “Para que nos hagamos una idea de lo que era Corinto –empecé diciendo- vamos a considerar cómo suele vivir la gente en una gran ciudad…” A continuación pregunté si habían estado alguna vez en la capital, Kampala. Ni uno solo levantó la mano. “¿Conoceréis por lo menos Gulu (la capital de la región norteña, a unos 100 kilómetros de Kitgum)?” De mis 30 estudiantes, dos alzaron el brazo mientras empecé a devanarme los sesos sobre cómo continuar mi lección… Nunca como hasta aquella ocasión me había dado cuenta de que para la gente con la que yo trataba diariamente las fronteras de su mundo estaban a muy pocos kilómetros de su villorrio.
Los que tenemos la suerte de viajar regularmente, tener amigos de varios países, leer periódicos y navegar por Internet corremos el riesgo de acabar pensando que todos tienen nuestro mismo conocimiento del mundo en que vivimos. Nada más lejos de la realidad. Una gran parte de la humanidad está excluida de los beneficios de vivir en una aldea global y no podrán nunca tener una visión de conjunto del mundo. Lo he visto infinidad de veces en el África rural.
(AE)
Tiene aspecto de personaje bíblico con su barba blanca, su unción y su hablar pausado. Sus
vivos ojos hablan por sí mismos como si quisieran salir de sus órbitas y contarnos ellos mismos la historia de turno. Lo mismo te habla de una fábula de alguno de los animales del bosque que de una de sus innumerables vivencias en 72 años de vida, la gran mayoría de ellos vividos en medio de la guerra que ha asolado el país durante decenas de años. Él es la memoria viva del Sur de Sudán, de su sufrimiento y sus luchas y a pesar de todo todavía se empeña en ser un pacificador, un “pontífice”, es decir, un constructor de puentes que lleven a un futuro de armonía, de convivencia pacífica, de respeto para cada ser humano.
Su nombre es Monseñor Paride Tabán, obispo emérito de la Diócesis de Torit, en el Sur de Sudán. Después de intensos años al servicio de su diócesis convenció al Papa para que le aceptara su dimisión antes de tiempo, para poder así dedicarse a su última misión que se materializaría en un poblado llamado Kurón.
(JCR)
Hoy quisiera recomendarles un excelente libro que acaba de ser publicado
en castellano. Aunque en sí mismo no es de tema africano, el 95% de lo que su autor escribe es sobre este sufrido continente. Se trata de “El Club de la Miseria”, del economista británico Paul Collier, profesor de Oxford y antiguo oficial del Banco Mundial. Su planteamiento de base no podía ser más certero: hay que distinguir entre “países en vías de desarrollo” y aquellos que están estancados y no crecen. Los primeros –como India, Brasil, China y otros antiguos integrantes del “Tercer Mundo”- están levantando cabeza y sus habitantes tienen la convicción de que sus hijos van a vivir mejor que ellos (como pasaba en Europa hace 50 años). Pero queda un grupo de 57 países, casi todos ellos en África, que forman parte de este peculiar “club de la miseria” en el que están integrados mil millones de seres humanos.
(JCR)
No sé si están ustedes informados (y si no lo están asumimos la parte de culpa que nos toca) de que el año próximo se celebrará en
Roma el Segundo Sínodo Africano. Recordemos que el primero de ellos tuvo lugar en 1994, año que por cierto tuvo una gran significación para África por ser cuando se produjo el genocidio de Ruanda y las primeras elecciones democráticas y no racistas en Sudáfrica. Al año siguiente Juan Pablo II recogió las conclusiones de este Sínodo en la excelente carta apostólica Ecclesia in Africa, un documento por desgracia aún sin asimilar en muchos rincones de la Iglesia Católica en este continente. El tema del próximo encuentro de obispos del que estamos hablando gira en torno a algo muy a flor de piel: Justicia, Paz y Reconciliación, tres palabras que son gritos en toda África.
(AE)
La noticia del ataque a la capital de Sudán por parte de grupos rebeldes darfuríes del JEM (Movimiento para la
Justicia y la Igualdad, en sus siglas inglesas) ha sido una gran sorpresa pero no comparable con el mayúsculo fiasco que supone para el país que un grupo de 3000 efectivos hagan cientos y cientos de kilómetros con armamentos y vehículos sin ser detectados y puedan llegar hasta Omdurmán, la parte antigua de la capital Jartúm.
Hace pocos meses, veíamos una situación muy similar pero a la inversa, en la cual rebeldes procedentes de Darfur (aparentemente con apoyo del régimen de Sudán) llegaron a poner en jaque a la población de N'Djamena, capital del Chad, asediándola durante varios días hasta que fueron repelidos gracias a la “providencial” ayuda del ejército francés, experto en intervenciones militares en la región.
(AE)
Una vez más se repite la desgracia: el clamor de los pobres no encuentra un eco en aquellos que están más obligados a escucharlo, sus representantes políticos. Ante una tragedia de gran magnitud como la que está teniendo lugar en Myanmar, el gobierno de aquel país impide la entrada de las organizaciones humanitarias e incluso las Naciones Unidas deciden suspender la ayuda una vez que se ha confirmado que el gobierno la ha confiscado y no la reparte... con amigos así ¿quién necesita enemigos?
La indefensión de todas esas personas terriblemente vulnerables en su adversidad es manifiesta y todas las personas e instituciones de buena voluntad ven con impotencia cómo los recursos humanos y materiales están ahí preparados pero no pueden ser empleados debido a la deliberada obstrucción de un régimen que, en su intento de mantenerse en el poder y evitar cualquier intento de subversión o revolución política, no tiene reparos en dejar morir a miles de personas.
(JCR)
Hoy traigo a colación dos temas, que aparentemente no tienen mucho que ver entre sí y que ocurren en dos lugares harto distintos y distantes en
Africa. El primero es este: si van ustedes a la República del Níger (el país más pobre del mundo si no me equivoco) encontrarán abundantes cebollas de bastante buena calidad procedentes de Holanda en casi cualquier mercadillo o tienda del país, y a precio más barato que las cebollas que produce cualquier agricultor nigerino, que ya le debe costar sus buenos sudores con el secarral que es aquello. Imagínense ustedes las consecuencias para los productores locales que intentan vender sus hortalizas en el mercado local. El segundo lo conozco algo mejor y me causa una gran pena: en Uganda muchas familias tienen que enfrentarse estos días a una difícil situación, la de decidir cuáles de sus hijos abandonarán sus estudios y se quedarán en casa, porque debido a la subida de los precios de los alimentos las escuelas han visto dispararse el coste de sus modestos menús escolares y no han tenido más remedio que subir el precio de las tasas escolares, que muchos padres ya no pueden pagar.
(JCR)
“Dios sabe que este mundo está lleno de desgracias”, “Jesús cargó con
la cruz en un mundo de miseria”. Así empiezan dos himnos religiosos en lengua acholi, del Norte de Uganda. Hay muchos más de parecido tono. Cada vez que los he oído cantar no he podido evitar un estremecimiento difícil de describir, quizás porque durante 20 años he visto muy de cerca lo triste que puede ser la vida para quien cada jornada está tejida de un entramado de carencias y frustraciones y se vuelve a Dios para encontrar respuestas o por lo menos algo de consuelo.
Si la Biblia está llena de referencias a la religiosidad de los pobres poco extraña que en lugares como África la gente con menos medios muestre una gran facilidad para desarrollar un sentido religioso que ya de por sí abunda en casi todas las culturas africanas.
(AE)
Las declaraciones del presidente de Senegal parece que no daban lugar a duda. Saltándose la exquisita diplomacia que adorna las maneras y actitudes de ciertos políticos, el estadista no dudó en poner a la FAO en el punto de mira de la presente crisis alimentaria que está afectando incluso a los productos más esenciales de los países más pobres e incluso hizo un llamamiento para que se eliminara a esta agencia que, según su opinión, no estaba haciendo su trabajo de la manera debida.
Creo que, aunque la afirmación del presidente pueda ser osada, es cierto que en el terreno más de una vez nos encontramos con organizaciones dependientes de las Naciones Unidas que, debido a gestores incompetentes, a políticas a veces inadecuadas y a situaciones de una administración deficiente, no proveen servicios adecuados a las personas que más lo necesitan.
(AE)
La noticia se ha hecho pública ya, pero se veía venir. Después de anunciar a bombo y platillo la composición del nuevo gobierno de coalición, ahora el ministro de hacienda de Kenia anuncia que se las va a ver canutas a la hora de encontrar la pasta para poder pagar tanto cargo, tanta oficina, tanto coche y sobre todo tanto sueldo. Estamos hablando de un gabinete de 40 ministros y 52 viceministros... "muy fuerte" dirían los más jóvenes.
Los cargos políticos en Kenia se cuentan entre los mejor pagados del mundo. Unos 17.000 dólares del ala que se lleva cada uno a casita (libre de impuestos) junto con coches, beneficios y otras prebendas adicionales (como, por ejemplo, asistir y calentar una silla durante una comisión)
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez