40 ministros... ¿Alí Babá y los 40 ladrones?
18.04.08 @ 09:37:15. Archivado en Desarrollo, Política y Economía, Artículos Alberto (AE)
(AE)
Finalmente, después de varios largos meses de espera e incertidumbre,
parece con el nombramiento de los miembros del nuevo gabinete de Kenia se cierra oficialmente la crisis abierta a raíz de las elecciones del pasado Diciembre. Trabajito le ha costado a la clase política y a los líderes de los partidos ponerse de acuerdo y repartirse el suculento pastel del poder. Lo siento, no puedo evitar el pensar que si hubieran hecho hace unos meses los gestos que han hecho en estos días, quizás varios cientos de personas estarían todavía viva y cientos de miles estarían todavía en sus casas en vez de malvivir confinados en campamentos provisionales de desplazados.
Alguna vez he mencionado ya en este blog que quien sale perdiendo de toda esta disputa es el pueblo de Kenia, aquel que se manifestó masivamente en las elecciones cuyos resultaros se manipularon y se utilizaron como arma arrojadiza contra los enemigos políticos, azuzando sentimientos de deudas históricas y soliviantando los ánimos de aquellos que se aprovechan de cualquier circunstancia para sacar ganancia política, no importa si está bañada de sangre.
Hoy los muertos de aquellos días de violencia miran a este gabinete y uno desearía que sus espíritus, tal como se cree en ciertas tradiciones africanas, acompañen a todos aquellos encorbatados y engalanados líderes que con su cobardía y su ambición fueron la fuente de su desgracia.
Como ha habido que contentar al máximo número posible, no se han escatimado recursos y lo peor es que la extravagancia que se está mostrando en estos días va a pagarse del bolsillo de los contribuyentes. Tenemos nada más y nada menos que 40 ministros, 52 viceministros... y luego un número sin fin de secretarios permanentes en cada ministerio. Un gabinete artificialmente abultado ya que tenía que albergar a muchos que, después de trabajar lealmente al servicio del partido o coalición correspondiente, estarían dispuestos a repetir hasta la saciedad la versión africana del castizo de “¿qué hay de lo mío?” y vive Dios que no se han visto defraudados. Aparte de un suculento salario, generosos beneficios y prebendas, 2 coches nuevos por cabeza, 5 personas de seguridad para cada ministro y viceministro. Solamente en salarios el gobierno de Kenia le costará a su erario público un millón de dólares cada mes, una cifra exorbitante teniendo en cuenta las condiciones en las que vive el 60% del país, que sobrevive con menos de 1 dólar al día. Todo un escándalo para un país cuya capital está rodeada de miserables barrios de chabolas y de un cuarto mundo sin servicios básicos algunos.
Y la verdad es que ya se ha creado una tradición... aunque suene a tópico fácil y manido: la política (por lo menos en este país) es simplemente un medio para enriquecerse, como podría ser el ser miembro consejero de una gran multinacional. Es la oportunidad de oro para hacer lo que no se ha podido hacer antes: poner cara como de esforzarse para luego embolsarse estratosféricas sumas (de lo que se sabe, que aparte vienen luego los favores por “mover los hilos” en cualquier instancia y se reciben comisiones por permisos de obras, trámites burocráticos y otros obstáculos de papeleo) Los queridos y añorados parlamentarios de la última legislatura en Kenia tuvieron a bien autootorgarse una paga extra de final de periodo parlamentario de 20.000 Euros, y eso que en los cuatro años que hubo la cantidad de leyes que se aprobaron fue realmente irrisoria. Con premisas así ¿podrán convencer este gobierno a la comunidad internacional que el país sigue necesitando ayuda oficial para el desarrollo?
La gente ya se ha hartado de esperar a Robin Hood, que robaba a los ricos para darle a los pobres. Saben que todos los que prometieron el oro y el moro durante la campaña electoral vienen compinchados para hacer exactamente lo contrario y por eso votan al menos malo, al que creen que va a robar menos y dejar más migajas para los habitantes de los barrios como Kibera, esa masa humana hacinada en pocos kilómetros cuadrados de terreno, adonde apenas se materializa promesa electoral alguna y donde tanto el agua corriente como la electricidad (no hablemos ya de calles pavimentadas, recogida de basuras, etc.) son lujos inalcanzables. Lo malo es que con tantos gastos en los salarios de los legisladores quedarán pocas migajas para los muchos Kiberas repartidos por este país. Con un panorama así, no es extraño que haya quien aproveche cualquier movida social para sacar tajada, romper lunas, verjas y escaparates, poder asaltar un supermercado o una tienda y arrasar con lo que encuentre.
Digámoslo claramente: este país se desangra en una situación crónica de injusticia, con casi medio millón de desplazados y con una masa ingente de personas que intentan buscarse el pan cada día de una manera honrada sin conseguirlo. ¿Qué harán esta vez los flamantes ministros con sus 40 carteras por estrenar? Ahí queda la pregunta. Yo personalmente ya tengo mi sospecha y hago mi apuesta; no saben Uds. lo que yo me alegraría de que estos líderes hicieran bien su trabajo y me dejaran a mí por mentiroso.
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JC Rodríguez, A Eisman
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