La Vida Cotidiana de los Pobres (IV) Cómo conseguir unas monedas
15.04.08 @ 16:16:46. Archivado en Desarrollo, Política y Economía, Costumbres, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
Lo he visto cientos, tal vez miles de veces en 20 años de trabajo en Uganda, sobre todo en el Norte del país: hombres, mujeres y niños
recorriendo casas buscando trabajo. No estoy hablando de gentes que buscan un contrato laboral –lujo inalcanzable para la mayoría- sino de personas que se conforman con que les permitan hacer algo unas horas para poder ganarse así unas monedas y comer algo antes de ir a acostarse.
Es este uno de los nuevos fenómenos que acompaña un cambio del que Naciones Unidas acaba de informarnos: por primera vez en la historia de la humanidad la población urbana supera a la rural. Aunque África participa también de esta urbanización feroz y acelerada, sigue siendo el continente donde la mayor parte de sus habitantes siguen viviendo en el campo. Hasta hace no muchos años bastaba con que una familia tuviera unos campos de cultivo para que –si llovía medianamente bien- por lo menos la gente no viviera en la miseria, aunque fuera pobre. Pero cuando uno llega a la ciudad las cosas cambian. Son muy pocos los que consiguen un trabajo fijo. El resto tiene que sobrevivir buscando trabajos ocasionales, lo que se conoce en Uganda con el nombre de “leya-leya”.
Pero ni siquiera la mayoría de los que consiguen un empleo estable tienen asegurado un sustento suficiente. Hace tres años Cáritas Uganda publicó un competente estudio sobre la calidad de vida en la capital, Kampala. Según este informe, una familia “normal” formada por marido, mujer y cuatro hijos, necesitaba al mes 700.000 (250 euros) chelines para cubrir gastos esenciales de alimentación (incluyendo el carbón vegetal o el keroseno utilizados para cocinar), transporte, electricidad y escuela. No entraban aquí partidas como vestido, tratamiento médico ni ningún tipo de gastos “extraordinarios”. Pues bien, los salarios de un maestro, un policía o un guardia de seguridad no llegaban ni a la tercera parte de esa cantidad. El estudio de Cáritas detallaba además cómo se las arreglaba la gente para llegar a fin de mes: la mayor parte de los habitantes de Kampala, así como de otras ciudades, no tienen más remedio que buscar fuentes adicionales de ingresos, que pueden ir desde dedicarse al comercio informal (generalmente un pequeño kiosco regentado en horarios nocturnos) hasta un sin fin de trabajos ocasionales (leya-leya) o incluso en casos no tan extremos buscar dinero ofreciendo favores sexuales o pidiendo sobornos...
No basta que decir que África tiene poco dinero, entre otras cosas porque sabemos que es rica en recursos naturales. Una gran parte de este derrumbe humano se evitaría si los gobiernos africanos pusieran en marcha políticas sociales y económicas que favorecieran a los que tienen menos. Recuerdo, por ejemplo, cómo el año pasado el gobierno ugandés rechazó una propuesta de sacar una ley sobre el salario mínimo, dando como razón que podría “espantar” a los inversores extranjeros. Esto no deja de ser sino una confesión en voz alta de un hecho inmoral: que se intenta atraer al capital de fuera con el atractivo de que pueden explotar a seres humanos como les venga en gana y de este modo sacar el máximo provecho económico.
En Kampala, como en muchos otros lugares del mundo, miles de seres humanos comienzan cada día levantándose cuando aún es de noche y caminando durante muchas horas mendigando una ocupación de unas pocas horas en cualquier jardín, restaurante, hotel, mercado o lugar donde se les permita ganarse unas monedas barriendo, acarreando agua, lavando ropa, pelando patatas o descargando sacos. Cuando se pongan enfermos no tendrán dinero para pagarse un tratamiento médico. Para muchos esto se convertirá en su rutina diaria durante muchos años, introduciéndoles en un ciclo de pobreza del que será muy difícil que salgan.
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JC Rodríguez, A Eisman
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