(AE)
Uno de los libros superventas de los últimos meses se llama “La Audacia de la Esperanza” y lo ha escrito el ahora afamado candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama. Este libro no ha llegado a mis manos, pero el título sí que me ha impresionado y me ha hecho ponderar acerca del misterio oculto en este tiempo de Pascua.
Hay muchos aspectos de este mundo que parecen el reflejo de un eterno Viernes Santo, donde el dolor y la violencia parecen tener la supremacía sobre cualquier otro valor. Ante una realidad así de sombría... ¿a qué viene esto de seguir creyendo en la esperanza, en la vida, en la parte positiva de la vida? ¿Somos masoquistas? ¿Vivimos o queremos hacernos creer que vivimos en el país de jauja? En este blog y al hilo de los temas que normalmente tocamos en él, no falta quien te recuerde que África “no tiene solución”, y que los que intentamos decir lo contrario no somos más que unos idealistas sin remedio. Lo mismo se podría decir de la humanidad... de la lucha contra la pobreza, contra la degradación ambiental, contra las injusticias... todas parecen batallas perdidas en las cuales nos empeñamos en seguir enarbolando la agujereada bandera de unos ideales aparentemente nobles y rectos. Es verdad que hay muchos aspectos que nos hacen dudar de la bondad humana. Nuestro mundo rebosa muerte, miseria, envidia, rivalidades, casposidad de la peor clase... y más de una vez me veo ante la disyuntiva de creerme que la botella está medio vacía en vez de estar medio llena. Pero a veces, cuando noto que me invade el pesimismo, noto que la mejor cura para esta dolencia es mirar a los ojos de un niño, ver sus ganas de vivir a pesar de las dificultades y sentir la vitalidad que está ahí presente, alrededor nuestro y que nos puede hacer mirar a la vida con una perspectiva diferente.
Sí, señores... a este mundo hastiado, que tiene de todo pero vive deprimido, le falta lo esencial: la alegría de vivir, el disfrute de lo pequeño y lo cotidiano, la pasión por los pequeños milagros que ocurren en nuestra cotidianeidad... para mí es aquí donde está el mensaje de Pascua. En un mundo de crucificados, de víctimas inocentes, de ladrones, de gobernantes pusilánimes, de traidores que besan y de cobardes que acusan movidos por la envidia... la luz y la esperanza de la Pascua es el bálsamo sanador que nos hace reconocer que hay una realidad que va más allá de la mezquindad humana y que la muerte no va a tener la última palabra.
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Tu humilde reflexión de Pascua es de antología. Gracias por tenerlo todo tan claro y hacer que los demás podamos sentirlo de la misma manera.
Nos perdemos casi siempre el goce del MOMENTO,del AHORA;la vida se ve distinta cuando somos conscientes de esos instantes, y además es lo único que tenemos seguro. Pruébenlo, es custión de práctica. Feliz pascua.
Comparto lo caótico del mundo y del hecho de vivir, comparto la sonrisa (nunca falta) de un niño con harapos en África, comparto sus sonrisas, su espirítu infantil y honesto, no comparto la esperanza, ni siquiera para mi vida.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez