Algunas cosas que te hacen desesperar (I)
23.02.08 @ 11:25:46. Archivado en Desarrollo, Costumbres, Artículos Alberto (AE)
(AE)
En este blog siempre hemos intentado evitar el presentar una realidad africana completamente idealizada como
contrapeso a una información mediática bastante sesgada y que siempre hace hincapié en lo negativo, morboso y truculento de este continente.
Creo que, cuando ha hecho falta, no nos han dolido prendas a la hora de reconocer la ambivalencia, lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, el tremendo vitalismo y las muchas limitaciones de estas culturas y personas tan diferentes entre sí y, cómo no, tan alejadas de nuestros clichés mentales.
Hoy quisiera desahogarme y hablar de aquellas veces en las cuales África puede llegar a ser desesperante. Aquí unos botones de muestra:
* la tupida burocracia: muchos de los gobiernos con los que bregamos – ya sea en un nivel local, regional o nacional – tienen un intrincado sistema burocrático que en muchos casos procede de una administración colonial. A veces, ante el colapso de ciertas estructuras gubernamentales... y el declive en la implementación de la ley, surge una pseudos-burocracia que cambia según los ánimos del funcionario de turno. Esto es terrible a la hora de poder acceder a un papel, un certificado o cualquier otro documento legal. El ciudadano se encuentra con la incertidumbre de no saber qué hacer, los procedimientos o circuitos a seguir y los plazos en los cuales tendrá su papel en la mano. Si a este elemento de la burocracia se le une el de la corrupción, entonces tenemos ya una mezcla completamente explosiva y corrosiva para los ánimos y la paciencia de la ciudadanía. Si esto le pasa al hombre y mujer de la calle, ¿qué no le pasará a nosotros, “blanco reflejo” del antiguo sistema opresor? El funcionario de turno no perderá la ocasión de poder mostrar que es ahora él (o ella, pero esto es menos probable) quien tiene el poder de decidir y la autoridad para sacar las cosas adelante o tenerte esperando hasta que a las ranas les crezca pelo.
* La impunidad: quizás sea este uno de los aspectos más flagrantes. A veces, el hecho de tener una posición de poder, un arma o un par de galones parece como si fuera una carta blanca para poder hacer lo que se quiera, no importa si la cosa es legal o no. Como si de un dictadorzuelo local se tratara, la persona en cuestión hará y deshará lo que quiera, y nadie rechistará ya que “tiene poder” (o un arma en algún sitio estratégico) y puede decidir sobre la vida de los demás.
* Las desigualdades de género. En un mundo donde intentamos vivir hombres y mujeres en igualdad de condiciones, parece ser que incluso en nuestro mundo occidental no lo terminamos de conseguir... pues si esto pasa en occidente, en África – cuya economía y cuyo vertebramiento social depende casi exclusivamente de las mujeres – la cosa está todavía peor. Es como un sitio donde se perpetúan las discriminaciones ancestrales. Una de las visiones más tristes que tengo es cuando veo a un hombre caminar por la calle con gran desenvoltura y con poquita carga seguido a varios pasos por una mujer con cara de resignación y como si fuera una bestia de carga. El continente se colapsaría si hubiera un día una huelga de madres o de esposas... ya que en mucho casos no habría quién hiciera la comida, trabajara en el campo o hiciera el trabajo que los hombres no consideran digno realizar. Por eso, digo siempre que es esencial que la sociedad vea ciertos “modelos” que puedan ser seguidos: mujeres conductoras, mujeres piloto, mujeres ministras, directoras de departamento, médicas o empresarias.... hay que mostrar a ese “sector duro” anquilosado en las discriminaciones tradicionales que las mujeres sirven para mucho más que para llevar la carga o para tener hijos... y que son compañeras, no sirvientas... la pena es que para que ese cambio se produzca van a pasar muchos años y quizás varias generaciones... toda una pena.
(continuará)
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Hace tiempo que entré en su blog, se me ocurrió proponer una mayor presencia de la economía de mercado (del capitalismo) en África y me cayeron toda suerte de improperios (No digo de usted: ni siquiera recuerdo de quién, los improperios fueron tantos...)
Pero ahora analizo su discurso: burocracia política, corrupción administrativa, impunidad de poderosos (y habla de galones: ¿militares?). Y le doy la razón. O quizás debería dármela usted a mí.
El liberalismo cree en la iniciativa de las personas, y por supuesto deplora los abusos del poder político. Y en cuanto a corrupción o a la burocracia, usted lo ha dicho: allí donde el poder político es débil hay mucha menos burocracia, y, por supuesto, en los sectores económicos donde funciona el libre mercado es imposible la corrupción.
Lamento ser tan desagradable, pero todos deberíamos reflexionar acerca de qué países son más ricos, cuáles se están enriqueciendo ahora mismo y, sobre todo, por qué.
¿Díme, pedirá cuenta Dios de ese trato vejatorio?. Es como quedarse de brazos cruzados frente a los niños soldado y sobre todo las niñas soldado, esclavas sexuales.
Si no se enerva todo tu ser por esas crueldades, es que no corre sangre por las venas de quien contempla estos hechos.
Tú lo has dicho: compañeras, no sirvientas.
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JC Rodríguez, A Eisman
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