La utopía de un presidente "sin etiquetas"
06.02.08 @ 13:35:53. Archivado en Gentes y rostros, Política y Economía, Artículos Alberto (AE), Medios de comunicación
(AE)
En este día donde los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos miden sus fuerzas y sus popularidades para poder estar en las papeletas electorales el año próximo,
no puedo evitar el imaginarme lo que sucedería si unas elecciones parecidas tuvieran lugar en África.
Es curioso que en Kenia muchas de las personas que en las recientes elecciones apoyaban al gobierno de Mwai Kibaki decían aquello de “un presidente luo nos llevará al desastre”, argumentando que el principal opositor Raila Odinga no podría llevar a cabo esta labor.
Es incluso más llamativo que Barack Obama, el carismático candidato demócrata que lucha contra Hillary Clinton por la nominación, es hijo de un luo keniano y que, por tanto, podría ser que si las cosas siguen así los Estados Unidos tuvieran un presidente de la etnia luo antes que Kenia mismo.
A pesar de ser un niño sin uso de razón yo en aquellos tiempos, se me pone la carne de gallina cuando oigo aquel magnífico discurso de Martin Luther King que hizo de colofón a la gran marcha de un millón de personas en Washington, cuando comenzó diciendo “I have a dream”, es decir: “Tengo un sueño, que mis hijos un día no sean juzgados por el color de su piel sino por la nobleza de su carácter” Qué maravilloso programa contra todo tipo de racismo y, por ende, qué excelente vacuna contra todo tribalismo y provincialismo.
Mientras Obama triunfa en Estados Unidos y aglutina a personas de todo los ámbitos más allá de barreras raciales o sociales, sería simplemente impensable que este joven abogado pudiera llevar a cabo una campaña electoral parecida en el país de sus ancestros, ya que para comenzar, se le etiquetaría según su procedencia étnica y se le contrapondría a otras tribus tradicionalmente enemigas de los luo. Desgraciadamente, esta procedencia valdría más que sus preparación académica y su valía como líder. También, sería impensable que una persona de cincuentaypocos pudiera presentarse en un régimen donde casi todos los presidentes están ya entraditos en años, muchos más de lo que sería su límite profesional de jubilación.
Obama habla del “milagro americano” que ha hecho posible que él esté donde esté y en cierto sentido tiene razón ya que él fue hijo de un inmigrante africano, fruto de la mezcla racial y cultural y ha podido llegar no solo a la más prestigiosa universidad de los Estados Unidos sino que se ha convertido en senador y en candidato a la presidencia del país. Toda una hazaña impensable en otros países y latitudes y, lo que es más triste, impensable también en su propio país de origen.
Todo esto viene a reafirmar que los racismos y los tribalismos (emparentados con sus parientes los nacionalismos) no vienen sino a sacar a la luz etiquetas como el color, el estatus social, la religión o la lengua que priman más que la valía de la persona. Es cierto que muchos países no salen adelante precisamente por los problemas de convivencia, por los prejuicios tribales o raciales... los problemas actuales de Kenia no son sino un botón de muestra de lo divida que puede estar una sociedad que funciona con clichés predeterminados y que no es capaz de superar lo sesgado de su manera de mirar a la realidad.
Por desgracia, las palabras de Martín Luther King siguen siendo de actualidad. Más que nunca, seguimos necesitando personas que sueñen la utopía de una humanidad tolerante, abierta y sin etiquetas que nos liberen de las barreras mentales que nos ponemos.
Ni que decir tiene que -por el bien de la humanidad- me alegraré sobremanera el día en el que Barack Obama, hijo de un inmigrante keniano, abogado de lo social en un barrio deprimido de Chicago y brillante orador que mueve a masas, llegue al ansiado despacho de la Casa Blanca y lleve a cabo el cambio que viene prometiendo y que su país sin duda necesita. A ver si otros países aprenden.
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JC Rodríguez, A Eisman
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