En clave de África

Bautismo de Jesús. Servir a los que viven agobiados

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(JCR)
Esta mañana, cuando estaba preparándome para ir a celebrar la Eucaristía y me resonaba dentro la lectura de Isaías sobre el Siervo de Yahvé, vino a verme de forma inesperada Odera, uno de los antiguos niños soldado con los que trabajé hasta hace poco tiempo en el Norte de Uganda.

La vida de Odera es todo un poema: secuestrado por los rebeldes del LRA cuando tenía 10 años, obligado a cometer las mayores atrocidades con la guerrilla durante seis años. Cuando se escapó, sus padres tuvieron que refugiarse en la misión porque sus antiguos compañeros vinieron varias veces a buscarle a su aldea para matarle, por desertor. Pasó un año, y durante una hambruna que se declaró en la región en 1998 su padre y dos de sus hermanos murieron envenenados al comer semillas repartidas por una ONG. Las semillas estaban tratadas con una sustancia química muy tóxica que acabó con sus vidas. En pocas ocasiones he presenciado hasta qué punto puede llegar la desesperación de los seres humanos.

Odera es aún muy joven. Se casó hace pocos años y tiene tres niños. Ahora que hay paz en su región lleva varios meses intentando volver a su antigua aldea, pero tiene que empezar de cero construyendo su cabaña y desbrozando el terreno para labrarlo. Ha intentado sobrevivir con pequeños trabajos que le duran poco tiempo. El y su mujer pusieron un quiosco en el mercado, pero la semana pasada unos ladrones entraron en su casa de noche y les quitaron lo poco que tenían. Ayer vino a Kampala porque unos amigos le dijeron que aquí hay trabajo, pero sin saber ni leer ni escribir le ha bastado un día para convencerse que aquí tiene poco futuro.

"Estoy cansado", me ha repetido Odera una y otra vez. Me ha entrado un escalofrío. Creo que es la frase que he oído más veces de labios de la gente durante los 20 años que he pasado en Uganda, casi siempre en la zona de guerra en el norte. Las mujeres se cansan de criar hijos para ver cómo un día les secuestra la guerrilla. Los hombres se cansan de trabajar duro durante años para ver cómo su casa la queman los soldados y las cosechas se secan al sol porque no llueve. Los niños se crian en el agotamiento de ver que estudiar sirve de poco porque no hay casi perspectivas en la vida.

Creo que la frase del evangelio que me repetido más estos años ha sido la de Jesús: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré". El ministerio de la Iglesia en lugares como estos es un trabajo constante de escuchar, consolar y aliviar en lo que podamos el sufrimiento de tanta gente a la que la vida aquí ha condenado a vivir exhaustos, preocupados, agobiados.

Pensé en todo esto cuando, una hora después, celebré la Eucaristía en un barrio pobre de Kampala, y en la primera lectura escuchábamos hablar del Siervo de Yahvé, Jesús de Nazaret, que aceptó su Bautismo en el Jordán como un comprometerse a morir por el pueblo pobre que sufría, anegado por las aguas de muerte de los poderosos de su tiempo que ahogaron la esperanza de la gente. El cargó sobre sus hombres todos nuestros agobios, preocupaciones, penas, y tristezas infinitas que anegan a la mayor parte de la humanidad.

Dios sigue trabajando para dar esperanza a los que viven agobiados y doblados bajo el peso de tantas preocupaciones.

Antes de marcharse, Odera me volvió a mirar con esos ojos cansinos que tantas veces he visto y me habló de un joven catequista que ha muerto -dicen que de SIDA- hace dos meses, con apenas 30 años, la esperanza de vida en el norte de Uganda. "En el norte ninguno de nosotros llegamos a viejos", ha sido la última frase que le he oído decir.

Le he estrechado la mano, me he metido en el coche para ir a decir misa, y mientras pensaba en su frase "no llegaremos a viejos", qué quieren que les diga, que oir esto de boca de un chaval de veintipocos años da una pena inmensa.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por hola, tristes y nulas esperanzas para esa pobre gente.- 15.01.08 | 21:09

    Que bien lo describes, lástima que esta realidad de la que eres un maestro, no pueda tener acceso al pueblo español, pueblo que con 4 programas se imbuiría en una realidad que nunca le han descrito, incluso los cientos de reporteros que por allí han pasado más atentos a las fotografías y sus clichés de una semana desde un hotel de cinco estrellas en África. Eres el Kapunscky(o como se escriba) de África, un virus informático me ha dejado sin lectura más de 15 días, hoy me pondré al día de tu blog. Saludos y suerte.

Martes, 29 de mayo

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