(JCR)
En buena parte de las comunidades cristianas en África ocurre un fenómeno que a nadie que haya estado por estas latitudes se le escapa: las iglesias suelen estar a rebosar, y –en contraste con lo que suele ocurrir en Europa- con muchos jóvenes y adultos, pero a la hora de comulgar se acercan muy pocos. Es este un hecho al que nunca me he acostumbrado y contra el que cada vez me rebelo más.
El origen de ese desaguisado está en la situación matrimonial en la que se suelen encontrar la mayoría de los asistentes a misa, y al aplicar el Derecho Canónico con todo su rigor son pocos los que se pueden acercar a recibir los sacramentos. Ya lo decía un anciano obispo ugandés a cuyas órdenes trabajé un par de años, que cuando hace más de 35 grados a la sombra el Derecho Canónico funciona poco.
Podríamos explicar el problema de la siguiente manera: En África, sobre todo en las zonas rurales, la gente se suele casar, a la usanza tradicional, bastante pronto, pero una buena parte de los cristianos tarda muchos años en casarse por la iglesia, si es que alguna vez lo hacen. Se mezclan aquí motivos culturales y prácticos. En las tradiciones africanas el matrimonio se suele considerar como un proceso, que comienza a sellarse con el pago de la dote a la familia de la novia, y que tarda muchos años en concluirse. Naturalmente, a veces entran aquí elementos que claramente se dan de tortas con el evangelio, como puede ser un inconfesado –pero real- deseo de “dejar la puerta abierta” a la posibilidad de tomar un día una segunda o tercera esposa. Otras veces la gente piensa que una boda en una iglesia hay que celebrarla por todo lo alto y por lo tanto hace falta dinero... y el momento de tener la suma adecuada parece no llegar nunca. Y ya puede una pareja ir a misa a diario, estar comprometidos los dos en su parroquia hasta la médula o lo que sea, que si no han pasado por la vicaría no reciben los sacramentos, y punto.
Otras veces se trata de casos de cristianos que se han visto abocados a un tipo de vida considerado como “irregular”, con poca elección por su parte. Es el caso de una mujer que se queda viuda y la presión del clan y la necesidad de sobrevivir y poder alimentar a sus hijos son elementos que la hacen tener que convertirse en segunda esposa del hermano o primo de su difunto marido. O el caso de un hombre que empieza una unión tradicional con una mujer, para después separarse –las necesidades de emigrar a la ciudad a buscar trabajo influyen mucho en esto- y juntarse con otra mujer con la que se casa por la iglesia, y entonces ésta le deja plantado a los dos días y el hombre –como puede esperarse- vuelve con la primera mujer, pero no pueden casarse con la iglesia. Y cuando el cura de su parroquia acude al obispo para que examinen si procede declarar la nulidad matrimonial, el obispo archiva el caso y no resuelve nada...
En algunas diócesis africanas el legalismo llega a exageraciones como, por ejemplo, negar los sacramentos a una chica porque ésta se ha quedado embarazada (y el maromo, por cierto, ha hecho mutis por el foro). Eso sí, la hipocresía puede llegar a tal extremo que el mismo cura que la niega los sacramentos tiene bajo cuerda tres o cuatro novias con las que de vez en cuando se permite algún desahogo, pero por supuesto nadie le llama al orden, entre otras cosas porque es muy posible que su mismo obispo haya corrido parecidas aventuras hace algunos años y al final funciona “la ley del silencio”.
Decía al principio que nunca me he acostumbrado a esto y cada vez me da más pena y me rebela más. Creo que esta es una de las peores debilidades que uno se encuentra a menudo en la iglesia africana. En este continente, donde abundan los refugiados, la violencia, las tiranías y la miseria más absoluta, sería de esperar que la Iglesia fuera un sacramento de misericordia y reconciliación que sanara tantas heridas que se ceban en la gente. Desgraciadamente, no es raro que en su práctica sacramental la Iglesia se presente más como juez que como madre, convirtiendo los sacramentos en una especie de premio para los puros. El clero africano, generalmente, ha sido educado en una mentalidad muy legalista que se manifiesta en este tipo de situaciones y no suelen cuestionar este orden de cosas.
Así que pienso en aquel obispo que me decía aquella vez que el Derecho Canónico no suele funcionar muy bien a más de 35 grado a la sombra y pienso que tenía más razón que un santo.
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¿De dónde han sacado a ese Bruno Moreno no sé qué ? ¿De los manuales del perfecto talibán religioso o algo así? Yo seglar, que entro en la iglesia de mi barrio cuando me da la gana y cuando no, no entro y mantengo amistad con los sacerdotes e incluso familiares religiosos, amén de conocedor de África, te felicito por describir una realidad de África y punto. Este tipo debe de ser de los curas que cuándo les digo "si quieres hacer algo, vete a África" y ellos dicen ¿Qué perdí yo allí? Sus parroquias, sus prebendas económicas y la vida del primer mundo con sus coches y comodidades etc etc lo impiden. Creo que pocas lecciones puedes recibir tú de los otros curas, esa minoría de Lefevre o del 1º concilio, echará más gente aún de las iglesias y mira que he visto la evolución de la iglesias desde el 50, dentro de 20 años será testimonial, a causa de esos retrógrados. Has descrito lo que hay y punto.
Estimado JC Rodríguez:
He escrito un artículo en mi propio blog contestando a este post.
Por supuesto, ello no se debe a ningún tipo de animosidad personal por mi parte, sino sólo a que creo que hay un error importante de fondo (aunque claramente de buena fe) en este artículo en particular y me ha parecido oportuno atreverme a ofrecer mi opinión sobre el asunto.
Un saludo y cuente con mis oraciones. Espero que Dios le pague con bendiciones abundantes la importantísima labor que hace en África.
Oye, que los que andamos por debajo de los 35º tampoco protestaríamos si nos aplicaban algún eximente sin importancia... que a nadie le amarga un dulce. El problema es que luego ¿dónde pones el límite? ¿dos esposas no, pero una amante discreta si? Yo comprendo los lios muy fácilmente, pero creo que la Iglesia debe seguir defendiendo lo correcto, y si no se puede comulgar pues no se comulga. Además en Africa -por lo que he oído- la prédica sobre la familia y los amorios tiene más importancia, si cabe, que en otros sitios. Buena parte de sus problemas se solucionarían con una visión más cristiana de la sexualidad y la familia.
JCR, comparto contigo estas inquietudes. Soy misionero hace 40 años en Brasil y estoy plenamente de acuerdo con tus planteamientos. Esa realidad "mutatis mutandis" es la misma aquì en nuestra amèrica. La Iglesia Institucional de Roma, està lejos de la realidad y corremos el peligro de una una Iglesia de "puros" y no de personas en proceso de salvaciòn. Es urgente la revisiòn de las leyes matrimoniais y del celibato obligatoiro. ¿Donde està la misericordia de nuestro Dios-Amor ? ¿ Quien la anunciarà con gestos y palavras, si no somos nosotros ?
Los sacramentos son, sin duda, para los necesitados, pero eso sí, a cada uno el sacramento que necesita. A nadie se le ocurriría dar el sacramento del orden a un niño, cuando lo que necesita es el bautismo. De la misma forma, quien está en pecado grave lo que necesita es el sacramento de la Reconciliación.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
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Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez