En clave de África

Profesores deprimidos, uníos, el mundo os necesita

06.01.08 | 09:11. Archivado en Desarrollo, Artículos Alberto (AE)
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(AE)
Me llegan unos titulares diciendo que España es un país de alumnos indisciplinados y de profesores deprimidos. No me extraña en absoluto. Tengo entre mis familiares y amigos de España bastantes personas que trabajan en diferentes ámbitos de la educación, desde preescolar hasta enseñanza universitaria. Prácticamente todos se quejan de la falta de motivación que tienen, causada casi siempre por la desidia del alumnado y en algunos casos por las actitudes chulescas y desafiantes de estudiantes para los que aparentemente estar en la escuela es un suplicio en el cual de paso se le hace pasar un calvario a quien intenta enseñar.

No me extraña que algunos profesores y maestros sufran de depresión; entre los enseñantes que conozco no faltan aquellos que han recibido amenazas físicas simplemente por llamar a alguien al orden. Recuerdo a aquel primo que en su día me me dijo con qué pasión comenzó a vivir su vocación educativa y cómo con los años y el desgaste del día hicieron que ese entusiasmo inicial se resquebrajara y diera paso a una profunda frustración profesional que continúa hasta el día de hoy.

Qué quieren que les diga, desde la perspectiva de un continente donde alcanzar una simple educación primaria para todos los niños en edad escolar es todavía una utopía a todas luces inalcanzable, estas afirmaciones y realidades suenan a una situación “de otro planeta” y uno no puede menos que decir aquello de “¡Qué mal repartido está el mundo!”. En algunos países y ámbitos se rechaza, se ningunea y se humilla a aquellos que – de la mejor manera posible – intentan formar y pasar tanto conocimiento como experiencia a las nuevas generaciones. En ámbitos donde los servicios básicos como la educación son una obviedad facilitada por la administración y están abiertos a todos, parece como si el hecho de la gratuidad redundara en detrimento de la apreciación que todo ciudadano – especialmente los más jóvenes y algunos padres – debieran tener por la enorme SUERTE de tener prácticamente al lado de casa una escuela, un centro de formación profesional o un instituto de secundaria. Lo que es gratis, lo que está al alcance de cualquiera o lo que es obvio parece ser que no se estima.

En otros, el déficit de maestros y de mínimas infraestructuras educativas se traduce en miles y millones de jóvenes que pierden la oportunidad no digamos ya de alcanzar una educación de calidad, sino simplemente de la posibilidad de aprender lo mínimo, como podría ser leer y calcular. Cuántos adultos – especialmente mujeres – me he encontrado con un entusiasmo casi infantil por poder ir finalmente a la escuela (aunque la “escuela” esté dotada simplemente por un chamizo de paja y un “maestro” que no ha terminado la primaria) para poder aprender a escribir las letras y poder hacer sumas elementales. Recuerdo aquel lugar donde el director de la escuela de adultos me dijo que no podían aceptar a tantos que querían matricularse y a aquellos que después de dos años de formación querían continuar sus estudios. Ni el espacio físico de la escuela ni la capacidad de los maestros daba para más.

Por eso, desde este blog de segunda regional llevado por un par de locos idealistas e irrecuperables, quisiera enviar un mensaje de esperanza y de ánimo a todos los esos profesionales de la enseñanza desmoralizados y frustrados ante la falta de satisfacción en esa difícil pero necesaria vocación docente. Únanse, vean qué pueden hacer en un ámbito donde aprecien su aportación y su trabajo. No intenten romperse la cabeza y la salud mental con descerebrados que están ganándose a pulso un doctorado en ignorancia, desidia y salvajez: Miren a ver si durante las vacaciones o durante una temporada de excedencia pudieran contribuir a una escuela local en cualquier país del hemisferio Sur tan falto de personal cualificado, pregunten por alguna escuela de inmigrantes en su localidad, ayuden a aquellos que tienen hambre y sed de saber y a los muchos que necesitan y desean una mano amiga que ayude a salir del analfabetismo o de la incultura. Este jodido mundo que alberga a los cabritos que os deprimen alberga también a muchos otros que buscan a alguien como vosotros. El mundo os necesita, como necesita a todo idealista que se precie. Hay luz más allá de la oscuridad de vuestra frustración y vuestro desengaño. Hacedme un favor: Nunca os rindáis.

4 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Beatriz 23.10.08 | 17:01

    Totalmente de acuerdo contigo. Los alumnos actuales no merecen el tiempo que sus profesores les dedican.

  • Comentario por bolso Turkana 08.01.08 | 10:21

    Desde luego que lo tienen "chungo" los profes. No sé quién tiene la culpa, pero se está perdiendo la falta de respeto a cualquier autoridad, palabreja denostada por los "progres" de turno, porque huele a otras épocas pasadas... (Por favor, déjense de chorradas, que los que no hemos vivido en la época de Franco no tenemos por qué heredar complejos!!). Es fundamental, para el funcionamiento de toda sociedad que exista una autoridad, alguien que marque pautas, y que éstas se cumplan: léase padres, superiores, profesores, médicos.. Nos guste o no, existen "las autoridades", (no las sanitarias, que nos prohíben fumar)o deberían existir, personas que marquen unas reglas y normas de convivencia, (en el ámbito familiar, educativo, profesional...) En fin, que mucho ánimo a todos los profes, que no están sólos y que, como madre, les apoyo en todo, pues confío en su profesionalidad.

  • Comentario por Ferreras 07.01.08 | 00:17

    Todavía no es mi caso por llevar poco tiempo, pero entre mis compañeros más veteranos lo observo a diario.En las etapas en las que yo ejerzo (infantil y primaria)los problemas viene de unos padres que desautorizan al maestro delante del alumno y que en ocasiones llegan a agredir.
    Difícil lo tenemos pero siempre hay algo en el día que nos ayuda a seguir con ilusión

  • Comentario por Silveri Garrell 06.01.08 | 17:40

    Es el mismo problema que padecen en similar manera los medicos que en el primer mundo se ven acorralados por los pacientes demandando indemnizaciones por supuestos fracasos de sus intervenciones. Convienen nuevas leyes que valoren más el respeto a ciertos profesionales, pero con las democracias tan permisivas que se estilan, mandan más las plebes del vulgo que los sectores selectos.

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