(AE)
Creo que dado cómo está la cosa en Kenia, será siempre mejor tomarse todo con algo de filosofía y humor.
Alguien -un ciudadano de esta nación en crisis- me envía este correo electrónico, que me parece relevante para conocer un poquito lo que está pasando en Kenia:
10 razones por las que amo Kenia
(AE)
Lo que estamos viendo en estos días nos deja a mucho sorprendidos. Nunca desde la independencia de Kenia se había visto una espiral de violencia así... la televisión ni se atreve a transmitir las imágenes que graban sus cámaras. En diferentes partes del país, desolación sin par y mucha, mucha violencia y una agresividad que uno llega a preguntarse de dónde ha salido o dónde ha estado guardada todos estos años donde se presentaba a Kenia como una isla de tranquilidad en medio de una atribulada región. Los acontecimientos están mostrando que esa tranquilidad era un espejismo.
Incluso el mediador Kofi Annan, con su fino olfato diplomático, ha hablado al respecto y ha dado a entender que su misión mediadora -y los graves problemas que están asolando ahora mismo el país- va más allá de esclarecer quién ganó las elecciones.
(AE)
Ayer por fin tuvo lugar el encuentro entre los dos líderes de este dividido y dolorido país. Trabajito les ha
costado el poner al lado su orgullo para luego reunirse durante hora y media y terminar incluso con apretones de manos, sonrisas y alguna complicidad.
Aunque me uno a los millones de personas que se alegran por este evento... me pregunto si no podría haber tenido lugar antes... precisamente 700 muertos antes... en vez de utilizar a la calle y dar cancha a los desaforados jóvenes que como es normal hacen provecho del río revuelto y se dan a una espiral desenfrenada de sangre, venganza y revanchas locales...
Hoy hablo al teléfono con alguien que me dice que ayer mataron al padre de John, un kikuyu que trabaja en la procura que los combonianos tienen en Nairobi y que normalmente soluciona los problemas burocráticos de visados, permisos de residencia, etc.
(AE)
La calma ha vuelto a las calles de Nairobi. Especialmente los negocios y tiendas vuelven a abrir y a llevar a cabo sus actividades
normales. Parece como si nada hubiera pasado. Por aquí y por allá se ven constantemente patrullas de antidisturbios que, con sus cascos, petos, palos y escudos, parece como si fueran gladiadores que han perdido un coliseo o samurais ociosos en busca de un shogún que los contrate.
Parece como si nada hubiera pasado, pero el caso es que “lo parece” solamente... la realidad más allá de la superficialidad de los barrios comerciales es otra. Como bien saben, las luchas de los últimos días han tenido lugar sobre todo en barriadas extremadamente probres y deprimidas. Allí es donde tienen lugar las verdaderas tragedias... donde el puestecillo de la señora tal -donde vendía sus chuches, cerillas y poco más- lo tiraron, y los numerosos kioscos que venden pan, leche, huevos y periódicos terminaron pasto de las llamas... detrás de cada una de estas iniciativas pasto de la violencia y el arrebato hay una familia que de pronto dejará de tener ingresos (y eso si tienen suerte, ya que muchas veces para poner un puestecillo medio decente hay que entramparse con bancos y con prestamistas y se tardan años en poder pagar).
(JCR)
En lugares del mundo donde abunda la violencia, la tiranía y se pisotean los derechos humanos, a menudo la Iglesia es la única institución que
puede prestar su voz a los que no la tienen y llamar la atención sobre los abusos que sufren las personas más vulnerables para que se respete su dignidad. Las comisiones de Justicia y Paz realizan una gran labor en los rincones más apartados del mundo. Sin embargo, desde hace algunos años ha surgido una forma un tanto sutil de "domesticarlas" para que no supongan una amenaza a los poderosos. Les explico.
Déjenme que se lo cuente con mi propia experiencia. En 1997 formamos en Kitgum (Norte de Uganda) la comisión católica de Justicia y Paz ante la gravísima situación de guerra y abusos de todo tipo sufridos por la población. Todos los días se incendiaban poblados, se secuestraba a niños para obligarlos a combatir en las filas de la guerrilla, se saqueaban casas y las mujeres sufrían abusos sexuales, y todo esto ante la pasividad internacional más absoluta.
(AE)
Hace pocas horas que ha comenzado el Campeonato Africano de Fútbol y sin duda que los ojos de muchos aficionados africanos se dirigen hoy a Ghana. El fútbol en África, como no podría ser menos, levanta pasiones. Se siguen diferentes ligas europeas, especialmente la inglesa, pero sin quitar de ojo la española y la italiana. En estos dáis señalados para cualquier aficionado que se precie, muchos echarán de menos no poder desplazarse a Ghana para ver a algunos de los equipos favoritos; otros echarán de menos que la selección de sus amores no esté presente en esta ronda. Es el caso de Kenia, un país relevante desde el punto de vista político y económico... e incluso deportivo cuando se trata de atletismo... pero tremendamente desgraciado en lo que respecta tanto a la situación política de las últimas semanas como al panorama futbolístico.
Después de haber sido temporalmente excluido de la UEFA y con una gran crisis interna debido a acusaciones de corrupción, al final la selección nacional no pudo ni de lejos acceder al campeonato y va a tener que conformarse con ver los partidos en la tele.
(AE)
Varios días llevamos con esas medio ofertas por parte del presidente Kibaki y su rival Raila Odingaen las pasadas y fraudulentas elecciones . Ambos dicen con la boca chiquita que están abiertos al diálogo, cuando en realidad ninguno de los dos están dispuestos a dar su brazo a torcer.
Ahora ya casi da igual; a pesar de los esfuerzos del presidente Kuffuor de Ghana, no se sabe todavía el ganador.
(JCR)
Esta mañana, cuando estaba preparándome para ir a celebrar la Eucaristía y me resonaba dentro la lectura de Isaías sobre el Siervo de Yahvé, vino a verme de forma inesperada Odera, uno de los antiguos niños soldado con los que trabajé hasta hace poco tiempo en el Norte de Uganda.
(JCR)
“¡Que no, señora, que a su hija no le puedo poner por nombre “Aspirina”! Aunque les parezca mentira, no es esta una situación muy extraña cuando he tenido que bautizar a niños en alguna capilla perdida en el bosque del Norte de Uganda. La fiesta de mañana, del Bautismo de Jesús, me ha hecho recordar este y otros casos. Cuando uno oye esta salida no sabe uno si echarse a reir o si unirse al coro de los cuarenta o cincuenta angelitos que alternan el mamar de la teta de sus padres con el lloro a moco tendido y todo volumen, para desesperación del oficiante que pasea por entre las filas de los padres con el cántaro de agua.
(AE)
Me imagino que muchos de ustedes habrán visto las imágenes de los últimos días en los cuales se veía a incontrolados ciudadanos kenianos rompiendo
lunas y puertas de supermercados y arrasando con lo todo lo que pudieron encontrar. Aquellos saqueos dicen que costaron a los supermercados más de 1 millón de dólares, por lo cual se pueden imaginar que aquellas rapiñas no fueron moco de pavo.
Pues bien, aunque parezca mentira resulta que algunos de estos manilargos han comenzado a devolver algunos de los productos robados. ¿Se arrepintieron de esos viles actos? Parece que no, sino que más bien temieron la venganza “del más allá”. En los días posteriores a los saqueos corrió el rumor que se había echado un terrible maleficio contra todos aquellos que tuvieran en sus casas bienes robados.
(JCR)
Durante los últimos días he estado reflexionando sobre qué significa ser misionero hoy en África y lo primero de lo que me he apercibido es que hay, por lo menos, tres situaciones distintas a las que hay que saber adaptarse. Curiosamente, los tres escenarios se dan en Uganda, el país donde llevo 20 años, y me atrevo a describirlas de la siguiente manera.
(JCR)
Más de 40 representantes de confesiones religiosas cristianas y musulmanas han convocado para hoy una oración por la paz en Korogocho, uno de los slums de la capital de Kenia, Nairobi.
En este país africano la mayor parte de las iglesias se han destacado siempre por su denuncia de las situaciones injustas. En estos suburbios miserables son a menudo las únicas organizaciones donde la gente puede confiar y encontrar servicios sociales de calidad a los que pueden tener acceso (educación, sanidad, cultura). Con motivo de la convocatoria de esta oración por la paz, los 40 líderes espirituales han
hecho`público un comunicado en el que deploran la muerte de 18 personas en la violencia que se ha desatado en Korogocho (en todo el país se habla de 600).
(JCR)
En buena parte de las comunidades cristianas en África ocurre un fenómeno que a nadie que haya estado por estas latitudes se le escapa: las iglesias suelen estar a rebosar, y –en contraste con lo que suele ocurrir en Europa- con muchos jóvenes y adultos, pero a la hora de comulgar se acercan muy pocos. Es este un hecho al que nunca me he acostumbrado y contra el que cada vez me rebelo más.
El origen de ese desaguisado está en la situación matrimonial en la que se suelen encontrar la mayoría de los asistentes a misa, y al aplicar el Derecho Canónico con todo su rigor son pocos los que se pueden acercar a recibir los sacramentos. Ya lo decía un anciano obispo ugandés a cuyas órdenes trabajé un par de años, que cuando hace más de 35 grados a la sombra el Derecho Canónico funciona poco.
(AE)
Cuando todo el mundo se apresura para tener todo a punto para Nochebuena el día 24 de Diciembre, en Etiopía parece como si la vida
siguiera su curso sin cambios notables en la monotonía diaria. Eso sí, cuando se aproxima el principio de Enero es cuando, como si se quisiera recuperar un tiempo perdido, las ciudades se llenan de esa prisa pre-navideña porque para los Etíopes, sean de la denominación cristiana que sean, Navidad no es el 25 de Noviembre sino el 7 de Enero.
Etiopía, un país históricamente dominado por la poderosa Iglesia Copta (Ortodoxa), nunca aceptó la reforma gregoriana impulsada por el papa que, en el año 1582, suprimió del calendario varios días que se habían acumulado con pasar del tiempo y que habían hecho que la fecha de Pascua comenzara a retrasarse de manera notoria y que los meses del calendario no coincidieran exactamente con el año solar y las estaciones.
(AE)
Me llegan unos titulares diciendo que España es un país de alumnos
indisciplinados y de profesores deprimidos. No me extraña en absoluto. Tengo entre mis familiares y amigos de España bastantes personas que trabajan en diferentes ámbitos de la educación, desde preescolar hasta enseñanza universitaria. Prácticamente todos se quejan de la falta de motivación que tienen, causada casi siempre por la desidia del alumnado y en algunos casos por las actitudes chulescas y desafiantes de estudiantes para los que aparentemente estar en la escuela es un suplicio en el cual de paso se le hace pasar un calvario a quien intenta enseñar.
No me extraña que algunos profesores y maestros sufran de depresión; entre los enseñantes que conozco no faltan aquellos que han recibido amenazas físicas simplemente por llamar a alguien al orden.
(JCR)
“Kenya yetu, hakuna matata” ¿Les suena? Aunque no sepan ustedes suahili por lo menos es posible que hayan oído alguna vez la famosa expresión que podría traducirse como “no hay problemas”. La pegadiza cancioncilla, que empieza con las palabras “Yambo, yambo Buana!” –y que más de un guiri despistado ha debido de confundir con el himno nacional de Kenia- la aprenden los turistas que van de safari fotográfico o a las playas de Mombasa desde el primer momento en que pisan el hotel y les salen al paso los chicos vestidos de Masai que venden abalorios y cobran cinco dólares al extranjero lo suficientemente tonto como para hacerse la foto con ellos –convenientemente ataviado de camisas floreadas y pantalones cortos- y enseñarla después a los vecinos en Wisconsin o a los sobrinos en un barrio de Munich, de Milán o de Madrid.
Al hilo de la oleada de violencia que desde hace varios días no cesa en Kenia me ha venido a la mente que durante décadas los kenianos han vendido la imagen de su país como un idílico lugar “sin problemas”, imagen reforzada por países europeos y norteamericanos que se han hartado de afirmar sin pudor que Kenia era un modelo de estabilidad política en medio de países de África del Este afectados por mil guerras y convulsiones, léase Uganda, Sudán, Ruanda, Burundi y Somalia.
(AE)
Este es el grito que en unísono han lanzado los principales periódicos de Kenia, el “Standard” y el “Daily
Nation”, dirigido a la clase política del país. En medio de la locura sangrienta y revanchista que está asolando Kenia, sale por fin una voz que llena de cordura el desolado panorama de un país que apenas puede creer lo que está viendo en los últimos días.
Es a esos medios de comunicación independientes a los que el gobierno de Kibaki veta el acceso a las ruedas de prensa y les prohíbe cualquier tipo de transmisión en directo en el caso de los medios audiovisuales. Se les acusa de ser partidarios cuando desde hace semanas, durante la campaña electoral y en la jornada misma de los comicios, han hecho lo que mejor saben hacer. A pesar de ser Kenia un país con profundos problemas de corrupción y pobreza, los medios de comunicación son uno de los estamentos más dignos que se pueden encontrar en el país.
(JCR)
El reciente secuestro de las dos cooperantes –una española, la otra argentina- de Médicos Sin Fronteras en
Somalia me ha traído a la memoria la excelente labor que realiza esta organización humanitaria (no les suele gustar que les llamen ONG) en muchos de los lugares más olvidados y heridos del mundo. Durante varios años he conocido a sus distintas secciones (holandesa, francesa, suiza, española) en el Norte de Uganda, y siempre me ha llamado la atención su afán por ir a lugares donde otros no quieren ir.
Cuando a principios de 2003 el distrito de Pader era el epicentro de la violencia de los rebeldes ugandeses y había emboscadas y matanzas todos los días, allí no se quedó ninguna ONG excepto Cáritas. Recuerdo la desolada calle principal de Pader, mientras soplaba el viento seco y fuerte, como una ciudad fantasma de película del Oeste, rodeada de cientos de cabañas escuálidas donde se hacinaban miles de personas desesperadas sin apenas nada que comer.
(AE)
Escribo estas líneas con indignación, ironía y con terrible pena. Una noticia como la que recibimos en este teóricamente alegre principio de año
nos habla de 50 personas, en su mayoría mujeres y niños, quemados vivos en una iglesia de Eldoret, en el Norte de Kenia. Me llega esta terrible noticia y ¿qué veo en nuestra bendita página de Religión Digital? Las eternas discusiones sobre la ortodoxia y la eterna descalificación eclesiológica de los “conservadores” contra los “progresistas” y viceversa... titulares que hablan de arrianismo, del papel político de la iglesia, su presunta cercanía al PP y de la pureza de fe... otros días la discusión será sobre la misa en latín, sobre los hábitos de las monjas y sobre la declaración del tal o cual prelado...
Me acuerdo de aquel evangelio donde Jesús acusa a los fariseos de filtrar al mosquito y tragarse el camello.
(AE)
Los seguidores de este blog habrán visto que los acontecimientos de los
últimos días en Kenia han empañado incluso la atmósfera de optimismo y buenos deseos que todo hijo de vecino debería disfrutar en estos días.
Varios días después de las elecciones, hay ya 120 muertos confirmados sobre la mesa, algunos de ellos víctimas de la represión de las fuerzas de seguridad, que han utilizado munición real para controlar las manifestaciones callejeras, otros simplemente víctimas del odio tribal reprimido de aquellos que con machetes y piedras creen que con el derramamiento de sangre pueden corregir la injusticia que se les ha hecho manipulando las elecciones. Toda una situación tremendamente triste que afectará profundamente a uno de los países más estables de África, cuyo gobierno – si sale adelante – se verá marcado por la circunstancia de haber ganado por medios irregulares y fraudulentos.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez