Un día triste para la democracia africana
31.12.07 @ 09:00:19. Archivado en Política y Economía, Artículos Alberto (AE), Medios de comunicación
(AE)
El nombramiento y posterior juramento de Mwai Kibaki,
reelegido presidente de la república de Kenia van a entrar en la historia como uno de los acontecimientos más polémicos y contestados de los últimos años. Aunque los observadores de la Unión Europea han alabado el transcurso de la jornada electoral, no han podido decir lo mismo de los días que han seguido al cierre de los colegios.
Sobre esta elección va a ser inevitable que tenga para la posteridad la marca de ser un proceso bajo sospecha. No era de recibo que pequeños distritos electorales tardaran varios días en presentar los resultados y se cree que la connivencia de los comisarios electorados ha jugado un gran papel a la hora de manipular una elección que parecía decantada a favor del líder de la oposición, el cual - habiendo sido siempre ganador en todas las encuestas que se han realizado durante la campaña-, es cuando menos extraño que se quedara atrás en el día definitivo de la campaña electoral.
El proceso de traspaso de poder en Kenya es bastante “express”, máxime en estas circunstancias donde la legitimidad de esta reelección se ve puesta en duda. Apenas una hora después que Samuel Kivuitu, el presidente de la junta electoral, anunciara el nombre del ganador, el gobierno se apresuraba a llevar a cabo la ceremonia de juramento por la que el presidente Kibaki volvía a prometer su cargo por cinco años más, en medio de grandes protestas y de una tensión generalizada en todo el país debido a la creencia que, aunque la jornada electoral fuera bastante correcta, el recuento de votos no haya sido limpio.
Mientras tanto, la derrotada oposición se apresura a nombrar a un gobierno paralelo que aumentará sin duda la crispación ya claramente presente en las calles. El presidente Kibaki comienza este nuevo periodo y hereda un país profundamente dividido y resentido. De poco le ha servido llamar a la concordia y al proceso de reconciliación y la curación de heridas... se van a necesitar muchos meses para que se pueda llegar a una situación de normalidad política y social.
Mientras tanto, las humaredas que se elevan de barriadas como Kibera hablan claramente de los violentos extremos a los que llegan las rivalidades políticas entre los kikuyus, asociados al partido presidencial y los luos, en gran parte integrantes del principal partido opositor. Es el precio que hay que pagar por un estilo de política en la cual los “profesionales del ramo” usan y abusan de las sensibilidades étnicas del electorado para poder conseguir sus objetivos. Eso en un país que, aunque crecimiento económicamente hablando, se ve todavía asolado por la corrupción y la falta de transparencia en la vida política.
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JC Rodríguez, A Eisman
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