Democracia "a palo limpio"
29.12.07 @ 18:17:41. Archivado en Política y Economía, Artículos Alberto (AE), Medios de comunicación
(AE)
Esperamos con ansiedad los resultados de las elecciones en Kenia, en las cuales la participación ha superado el 70%, la mayor cifra desde la independencia, signo claro del interés que había despertado en el electorado la lucha entre las dos figuras principales, el presente presidente Mwai Kibaki y el líder de la oposición Raila Odinga. Los dos representan a los dos grupos étnicos más importantes del país. Mientras Kibaki aglutina alrededor de sí a los kikuyus y otras tribus procedentes de la zona del Monte Kenia, Raila y su Grupo Democrático Naranja representan de hecho a otras tribus del Oeste y la Costa de Kenia, muchas de las cuales se sienten oprimidas por la “arrogancia kikuyu” que según ellos ha estado muy presente en la política y la economía keniana desde la independencia en 1963.
Lo que debería ser una carrera electoral dominada por programas políticos y propuestas de futuro, ha estado en cambio muy marcada por el uso partidista y político de los encontrados sentimientos tribales que marcan las relaciones de poder entre los kikuyus y su allegados con los Luo, aliados con muchas otras tribus periféricas del país. La descalificación personal y el antagonismo entre grupos étnicos han tenido la preeminencia en una campaña electoral donde los partidos están dominados por personalidades o identidades étnicas más que por tendencias liberales o conservadoras en los programas políticos. Toda una pena, ya que la tendencia de la tribalización de la política en un país inmerso todavía en graves problemas de buen gobierno y lucha contra la corrupción contribuye a desviar la atención de lo que son los reales problemas de la gente mientras polariza la sociedad y fomenta los enfrentamientos políticos y armados en zonas con problemas de acceso a recursos.
A dos días del cierre de las urnas, todavía la comisión electoral no ha podido dar datos definitivos. Esto es muy sospechoso ya que en las últimas elecciones, con una participación menor, los resultados ya estaban en los medios de comunicación apenas 24 horas después de clausurar los colegios. La impaciencia de la gente se está manifestando en grupos incontrolados que asaltan tiendas y destruyen carteles como signo de la agresividad reprimida y la sospecha que el gobierno intenta salvar la cara de una situación de derrota que, aunque no humillante, sí que es bastante reveladora de la decepción de un electorado que parece querer dar el voto de confianza a un grupo que representa el cambio.
Muchos de los miembros de la “vieja guardia” están ya fuera del parlamento. Figuras como Biwott, el “alter ego” del presidente Moi y de su régimen y parlamentario por 28 años, encabeza la lista de septuagenarios a los cuales el electorado ha decidido no renovar su mandato. La decisión de los parlamentarios de la antigua legislatura de darse un millonario broche de oro a su mandato después de un periodo lleno de escándalos y de una institucionalizada desidia a la hora de promulgar leyes ha pesado bastante en el ánimo del hombre de la calle, harto de políticos excesivamente pagados y mínimamente diligentes.
La jornada de hoy, marcada por disturbios aislados y por eslóganes combativos, es un triste preludio de lo que puede pasar si el electorado tiene la impresión que las instituciones que tienen que velar por la imparcialidad y la objetividad no están cumpliendo con su misión. Esperemos que las aguas vuelvan a su cauce, venzan los vencedores y no los manipuladores. Por el bien de este maravilloso país y de su gente.
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JC Rodríguez, A Eisman
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