Día Mundial del SIDA. El ejemplo de Uganda
30.11.07 @ 08:15:19. Archivado en Desarrollo, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
¿A que no sabían que el primero que alertó Uganda sobre el problema del SIDA fue Fidel Castro? El presidente ugandés Yoweri Museveni así lo asegura. En 1987, en una visita a Cuba, donde varios oficiales del ejército de este país africano realizaban cursos, Castro llamó al mandatario ugandés aparte y le dijo: “Oye, ¿sabes que tienes un problema de salud muy serio en tu país? Hemos descubierto que más de la mitad de tus soldados están infectados de VIH” Aquello fue el principio de una lucha que ha dado resultados esperanzadores.
Veinte años después, según las estadísticas más actualizadas y fiables, un 6 por ciento de la población de Uganda está infectada del virus VIH. Si se tiene en cuenta que en 1990 esta cifra era del 30 por ciento, hay que reconocer que el ejemplo de este país africano pobre es una gran lección para todo el mundo. Y no hay más remedio que preguntarse, ¿cómo consiguieron una caída tan drástica en tan poco tiempo?
Sobre Uganda y el SIDA se han realizado muchos y muy serios estudios, a los que merece la pena prestar atención. Dos aspectos destacan entre las conclusiones a las que suelen llegar: primero, que cuando se descubrió el problema los líderes de Uganda adoptaron una política de transparencia, en la que no se ocultó nada, se favoreció la investigación, se informó a la población y no se cometió la mezquindad de intentar barrer la basura debajo de la alfombra, so pretexto de asegurar que había que dar una imagen favorable del país. Muy relacionado con esta actitud de sacar a la luz los hechos, por duros que fueran, el gobierno de Museveni dejó el juicio de la situación a los expertos médicos y científicos, que son los que tienen que hablar sobre el tema, les escuchó y se tomó en serio sus recomendaciones. Esta política de realismo está en las antípodas del disparate cometido por el presidente surafricano Thabo Mbeki, quien ha repetido hasta la saciedad que el virus VIH no es responsable del origen del SIDA. Decir esto en un país como el suyo, donde las cifras de infectados se disparan desde hace más de diez años, además de una irresponsabilidad es una frivolidad. Los presidentes a lo que se tienen que dedicar es a hacer política, y que dejen a los expertos en ciencia médica hacer su trabajo y sacar sus conclusiones. Y una vez que las han presentado a los políticos, que estos adopten las medidas pertinentes para proteger a la población.
La segunda razón que explica el descenso de infectados por VIH está en la respuesta pragmática adoptada por los ugandeses para combatir la transmisión del SIDA, resumido en su ya famosa “estrategia ABC”. A = Abstinencia, B= Be faithful, en inglés (fidelidad de pareja) y C = condones.
Hay que subrayar aquí varias cosas: La primera es que los responsables de las políticas sanitarias en Uganda sí han creído en que la abstinencia, sobre todo para los jóvenes, y el cambio de comportamiento sexual es posible, así como la fidelidad matrimonial, un tema que goza de buena prensa en el país. Uno de los aspectos más desastrosos en la lucha contra el SIDA en muchos países ha sido ridiculizar a quienes proponen estos valores éticos, o incluso afirmar que seguirlos es imposible. Es indudable que en Uganda mucha gente ha cambiado su comportamiento, y a esto han contribuido los mensajes transmitidos a los jóvenes en las escuelas primarias y secundarias, la influencia de las iglesias, y el endurecimiento de las leyes que combaten el abuso sexual de menores. En cuanto a los condones, a la gente se le informa de su uso, pero se parte del supuesto de que es una solución que va más dirigida –aunque no exclusivamente- a las “trabajadoras del sexo” y a las parejas discordantes, en las que uno de los dos está infectado y el otro no. Otro de los logros conseguidos en Uganda es que las personas afectadas por el VIH ya no tienen la estigmatización social que sufrían hace años y se les acepta con mucha más naturalidad en el trabajo y el vecindario.
Y, por cierto, el estudio más actualizado sobre el SIDA en Uganda, de donde se recogen las estadísticas actuales, presenta dos conclusiones interesantes. En primer lugar, hay menos infecciones entre los casados, por lo que hay que concluir que el matrimonio, lejos de ser un factor de riesgo (como a veces se ha presentado) es una protección. Además, resulta curioso que las zonas con menos infecciones son el West Nile y Karamoya, ambas entre las regiones más pobres del país, y ambas con una tasa de prevalencia de apenas el 2 por ciento. Comparemos esto con otro hecho: la zona con mayor tasa de prevalencia (8 por ciento) es la capital, Kampala, donde al menos en teoría la gente tiene mayores ingresos y mayor acceso a la educación. Es curioso, porque siempre se ha asociado al SIDA con la pobreza y la falta de escolarización, y este dato viene a desafiar este quasi-dogma. Lo que ocurre en que en las dos regiones menos afectadas (West Nile y Karamoya) la gente está muy aferrada a su cultura tradicional, que favorece la fidelidad y la abstinencia antes del matrimonio. Y es que la transmisión del SIDA parece estar más asociada con la pobreza “cultural y ética” que con la pobreza puramente económica.
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JC Rodríguez, A Eisman
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