En África no hay políticas para los viejos. Qué más da, si apenas hay y no votan
29.11.07 @ 10:13:27. Archivado en Política y Economía, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
Repasando estos días mis apuntes tomados durante la cumbre de la Commonwealth la semana pasada me doy cuenta de la importancia que ha tenido la población juvenil. Doscientos delegados de 50 países acudieron durante una semana al foro de los jóvenes, un acontecimiento que esta asociación de antiguas colonias británicas organiza desde hace doce años. Durante la reunión de los jefes de gobierno, se recibió a ocho de sus delegados para que expusieran sus problemas y peticiones. Casi todos los discursos oficiales, especialmente el de la Reina de Inglaterra, hablaron de ellos como de “el futuro”, “la energía”, “la creatividad” y otras maravillas.
No tiene nada de extraño. En la mayor parte de los 53 países de la Commonwealth, los jóvenes son la mitad de la población, particularmente en las naciones africanas, caribeñas, asiáticas y pacíficas. En Uganda, sin ir más lejos, el 50 por ciento de sus habitantes tiene menos de 15 años. Por lo tanto, se pone un gran interés en hacer políticas nacionales bien diseñadas para la población joven, cuidando todos los detalles: desde la educación hasta el empleo, pasando por el ocio, la prevención de enfermedades (particularmente las de transmisión sexual) y la representación política. En el Parlamento de Uganda, por ejemplo, cada región del país tiene un parlamentario elegido por la población juvenil. Y no hay organismo, por insignificante que parezca, donde los jóvenes no tengan voz y voto, lo mismo da que se trate de un consejo de aldea o de un comité parroquial.
Algo parecido pasa con las mujeres, las cuales en cualquier lugar del mundo suelen representar la mitad de la población, punto arriba punto abajo. Aunque aún falta mucho por hacer, no hay duda de que las cosas han cambiado mucho en los últimos años y no hay foro u organización en el que el tema del “género” no brille con luz propia.
Es más, repasando los distintos documentos, manifiestos y comunicados de los distintos grupos que han participado en estos diez días de reuniones, foros y convenciones auspiciadas por la Commonwealth, otros diversos grupos aparecen con su propia voz pidiendo ser reconocidos. Profesionales, minusválidos, minorías étnicas, minorías religiosas, minorías sexuales, etc. Todo esto me recuerda mucho a lo que ví en el Foro Social Mundial en Nairobi a finales de enero de este año. Multitud de “lobbies” pugnan hoy día por estar presentes y hacerse oir en cualquier espacio donde se cuecen los grandes temas que pasarán a formar parte de políticas y de las agendas de los dirigentes que toman decisiones importantes.
Habiendo dicho todo esto, no deja de sorprenderme la ausencia de un grupo que carece de voz en los países pobres: los viejos. Y digo viejos, no ancianos, porque me parece una palabra más directa y nada ofensiva. En 20 años que llevo en África jamás he oído a ninguna personalidad pública de prestigio abogar por sus derechos, ni a ningún parlamentario intentar hacer mejores leyes para que los viejos cobren sus pensiones después de toda una existencia de matarse a trabajar, ni a los políticos incluir sus problemas en sus campañas electorales. Y pueden estar seguros de que ni en el Foro Mundial ni en la reciente cumbre de la Commonwealth –por poner dos ejemplos cercanos- salieron a relucir sus reivindicaciones.
Pienso en esto y me da pena, porque hace no muchos años a los viejos en África se les escuchaba, respetaba y daba lo mejor, y hoy día este valioso aspecto de la cultura africana está muriendo y ya no se les suele consultar sobre nada. Aquí los viejos no suelen cobrar pensiones, ni se planifican las ciudades (agresivas, sin pasos de peatones, sin bancos...) pensando en ellos. Uganda, que tiene políticas sobre jóvenes, mujeres, minusválidos, etc, no tiene nada sobre la llamada tercera edad.
Y lo que más pena me da es darme cuenta de la razón por esta ausencia de interés en los y las que peinan canas y lucen calvas por estos trópicos. Es que en un país donde la esperanza de vida está en torno a los 45 años, sencillamente los viejos son pocos, poquísimos, y los jóvenes son muchos, muchísimos,y o votan ya o ejercerán su derecho al sufragio universal al cabo de muy poco tiempo. En cambio, en las las sociedades ricas los ancianos son una parte muy considerable de la población (y además votan, ¿eh?) y por lo tanto que tratarles bien porque si cabreas a los viejos no te votan en las próximas elecciones, y te puede acarrear una derrota electoral.
Sería justo que a los jóvenes, o a cualquier otro grupo, se les diera una la atención que se merecen por ser seres humanos con necesidades especiales. Pero si esto es el caso también habría que dársela a aquellos que han luchado durante 60, 70 u 80 años para que los que han venido detrás tuvieran una vida mejor que la que ellos tuvieron.
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JC Rodríguez, A Eisman
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