El desconocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, una ventaja para los inversores extranjeros en África
26.11.07 @ 11:09:04. Archivado en Política y Economía, Religión, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
Durante los últimos días, durante la cumbre de jefes de gobierno de la Commonwealth en Kampala, se habló repetidamente de “transformación de las sociedades”. Los dirigentes africanos, particularmente el ugandés Yoweri Museveni, quieren que sus países pasen de ser sociedades agrícolas a ser naciones donde primen los sectores de industria y servicios. Una gran idea, sin duda, si no fuera porque a menudo esta “transformación” se hace a costa de explotar a millones de seres humanos.
Cuando llegué a Uganda en 1984 la gente de las zonas rurales era pobre pero vivía dignamente. Una familia con 20 ó 30 hectáreas de terreno, unas gallinas, algunas vacas y cabras podía salir adelante sin grandes problemas. El problema era que fuera de las ciudades apenas había servicios básicos: para ir a recoger un balde de agua había que caminar varios kilómetros, los niños estudiaban a la sombra de un árbol a falta de aulas y el centro de salud más cercano estaba a muchos kilómetros de distancia por caminos impracticables. Hoy, tras haber pasado la gente del Norte por 20 años de guerra, a pesar de todo hay mejores servicios. En todas partes se han construido aulas sólidas, se hacen campañas de vacunación, hay muchos más pozos de agua y más centros de salud. Pero mucha gente, después de pasar varios años en los campos de desplazados, ha perdido su tierra o simplemente ya ha perdido el interés en la agricultura de subsistencia. Y entonces llegan inversores extranjeros, que compran grandes extensiones de terreno o montan una empresa, y la gente –sobre todo los jóvenes- se ven atraídos por trabajo asalariado, van a las ciudades, y de este modo la sociedad se “transforma”.
El problema de esta “transformación” es que se encuentra uno con jóvenes llenos de energía que trabajan de braceros en una finca de agricultura comercial por el equivalente a 30 euros al mes, o de vigilantes de seguridad por 40, o en una fábrica de textiles por la misma cantidad, trabajando doce horas al día.
Porque, seamos realistas. En África, como en casi todos los países del llamado Tercer Mundo, acuden empresas multinacionales a invertir por una razón primordial: porque los costes laborales son de risa. Con el dinero que una gran empresa emplearía en pagar a un trabajador en un país Europeo o Norteamericano, puede pagar a diez o veinte empleados en Uganda, Congo o Benín. Y las ganancias se multiplican. Hoy mismo he leído una entrevista con el obispo Nicolás Castellanos, misionero en Bolivia, donde afirma que antes de las reformas de Evo Morales una empresa transnacional en Bolivia se llevaba unos beneficios del 82 por ciento, y dejaba en el país sólo un 18 por ciento.
Cuando hablo de inversores extranjeros no me refiero sólo a empresas europeas o norteamericanas, sino que hablo también de chinos, indios, surafricanos, srilankeses o pakistaníes, que están entrando a saco en países africanos y esquilmando sus recursos, bajo apariencia de traer “desarrollo”, transformación económica” y “prosperidad”.
Este tipo de explotación es posible porque faltan leyes que protejan a los trabajadores. En Uganda, por ejemplo, este año el gobierno rechazó una propuesta de elaborar una ley del salario mínimo. La razón que dio no puede ser de un cinismo mayor. Dijo entonces el gobierno que “una ley así espantaría a inversores extranjeros”.
Ante este tema, la Iglesia en Uganda no reacciona y simplemente no dice nada. No me extraña mucho, si tenemos en cuenta que en los seminarios del país no se enseña la Doctrina Social de la Iglesia, que ayudaría a muchos sacerdotes y religiosos a ser más críticos y a ayudar a sus feligreses –entre los que se encuentran muchos líderes políticos- a discernir mejor las cosas y realizar una “transformación social” que no ofenda la dignidad del ser humano.
Mientras tanto, mucho me temo que la introducción de una economía de industrias y servicios en países africanos lleva camino de crear enormes masas de jóvenes desarraigados de su medio rural, arrojados a ciudades donde falta de todo y sobreviviendo con lo mínimo.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/128618
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
El artículo se titula "La ayuda fracasa, pero África despega".
Convendría que lo leyera "Llego tarde", un tippo que sin duda está llegando tarde a los nuevos tiempos. Por desgracia, lo que dice de "sus rentas" lo define muy bien, y hasta define bien quién es y a qué generación pertenece. Patético.
LLego días después de aparecer el Tal Pedro y sus loas al capitalismo. Ese capitalismo me hizo vivir a mí a unos 8.000 euros netos al mes de por años, no obstante comprendo lo injusto de que el capitalismo le page 30 euros al mes a ellos. Con Sheratons de 5 estrellas, hipermercados con 40.000 artículos, concesionarios de Mercedes, campos de golf, restaurantes internacionales, etc. Veo que el PEdro no se entera y para encima quiere tener razón, estoy contigo y tu concepción, tu y yo lo conocemos, el Pedro es un juvenil panagerista.
P.-
Si en los países capitalistas se pueden comprar salchichas a precios asequibles es porque el hombre es "el centro de la economía". Si usted no entiende esto es que no entiende nada.
Estoy absolutamente seguro de que en Uganda no hay una verdadera economía de mercado, por eso comprendo a los africanos que pugnan por venir a vivir a países capitalistas: quieren lo mejor para sus hijos y ningún ideólogo podrá engañarlos nunca.
Aprecio en su mensaje cierta ira. Puede pensar lo que quiera, pero dando vivas al capitalismo no pretendo herir ni provocar: es mi opinión, mi modesta opinión, pero tan respetable como la suya. Le aseguro que sé muy bien la suerte que tengo de vivir en un país capitalista. Y por eso deseo la misma suerte para todos los demás. Los países salen de la pobreza gracias a la inversión de capital privado y asegurando los derechos de propiedad. Lamento que le disguste el sistema, pero de eso yo no tengo la culpa.
Y no repito mi...
Me parece muy bien el libre mercado y el poder comprar salchichas a precios asequibles, pero lo que no me parece bien es que el hombre no sea "el centro de la economía". Y esto no es una seducción izquierdista, sino una de las más certeras frases de Juan Pablo II. No se puede construir una prosperidad económica a costa de explotar a seres humanos. Pruebe usted a vivir con un salario de 30 euros al mes por 12 horas de trabajo (no me estoy inventando nada) como ocurre en muchos países de África, a ver si después sigue usted dando vivas al capitalismo.
Respeto mucho el trabajo que hacen ustedes pero no se dejen influir por los delirios anticapitalistas de la izquierda. Usted mismo reconoce que han mejorado muchísimos servicios. Y puede ser cierto que estén pasando los ugandeses de una "agricultura de subsistencia" a una "agricultura comercial", como usted dice. ¡Pero cómo lo dice! ¿Y le parece mal?
¿Qué tiene en contra de las multinacionales? ¿Y contra la economía de mercado?
Yo estoy orgulloso de vivir en un país capitalista. Por eso, los paquetes de salchichas valen 30 céntimos y los pollos enteros poco más de tres euros. Deseo para África tantas empresas como aquí y tanto libre mercado como aquí. ¿Por qué no se pregunta por qué la gente hace lo que sea por entrar en los países capitalistas? Admiro su trabajo pero, con todos los respetos, le aconsejo que no permita que sus prejuicios ideológicos hipotequen el futuro de los africanos.
Viva el capitalismo. Viva la libertad.
P.-
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
JC Rodríguez, A Eisman
autor
Contacto








