Termina la cumbre de la Commonwealth: Mucho ruido y pocas nueces
25.11.07 @ 16:14:08. Archivado en Política y Economía, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
A las tres de la tarde de este domingo concluyó en Kampala (Uganda) la cumbre de jefes de gobierno de 48 países de los 53 países que forman la Commonwealth. El gobierno de Museveni –que se ha gastado 200 millones de dólares en la cumbre- no escatimó recursos para hacer todos los preparativos necesarios. La organización ha sido perfecta y la imagen del país, sobre todo con la visita de la familia real británica, ha salido reforzada. Pero más allá de los fastos y boatos, los documentos oficiales no parecen ir más allá de las buenas intenciones.
La cumbre ha producido dos declaraciones. Al término de la cumbre los participantes han publicado el “Comunicado de Kampala” en el que se dice de todo: se reitera el compromiso de adhesión a valores como la democracia y el respeto a los derechos humanos, se condenan males como la proliferación de armas ligeras, la corrupción, el tráfico de personas y el terrorismo, se hacen llamamientos a la condonación de la deuda externa, la adopción de un comercio justo y la igualdad de la mujer, y se subraya la importancia de la consecución de los Objetivos del Milenio para el 2015, sobre todo el materia de salud y de educación.
Pero el tema estrella de la cumbre de este año fue el cambio climático, sobre el que el sábado se publicó una bella declaración con el nombre de “Documento Lago Victoria sobre el Cambio Climático”, en el que se dice todo y nada porque ninguno de sus puntos tiene carácter vinculante y al final cada país hará lo que quiera. Hay que señalar que la Commonwealth cuenta entre sus Estados con 32 países de menos de un millón de habitantes (algunos tiene sólo 10.000 personas), la mayor parte de los cuales son islas, que ven su futuro con preocupación si los niveles del mar continúan subiendo.
Pero la Commonwealth tiene entre sus miembros a países paupérrimos y países riquísimos, y al final el que tiene el poder y el dinero manda. Australia, por ejemplo, es uno de los países –junto con estados Unidos- que no ratificó el protocolo de Kyoto de 2001. Y aunque Canadá sí lo hizo, su nuevo primer ministro (desde enero de 2006) el conservador Stephen Harbour ha manifestado repetidas veces su oposición a apoyar dicho protocolo, que pide la imposición de límites a la emisión de gases, por actividad industrial, que causan el “efecto invernadero”. Cuando en la rueda de prensa en la que se presentó este documento, un periodista señaló al secretario general de la Commonwealth Don McKinnon la falta de valor vinculante, McKinnon comentó que “cuando estamos en la sala de reuniones, los líderes presentes luchan enconadamente para mantener las posiciones que sus gobiernos les han ordenado que mantengan”.
Es una pena, porque a primeros de diciembre tendrá lugar en Bali una conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático, y una posición firme por parte de la Commonwealth en este tema –como era el deseo del premier británico Gordon Brown- habría podido tener una gran influencia para hacer que los países más industrializados tomaran más en serio sus responsabilidades.
Pero más allá de los documentos, me ha llamado la atención la cantidad de fastos organizados. Todos los días, cenas de gala y desayunos de hora y media (¿será que aprovechan el tiempo para dialogar entre ellos?), excursiones de las esposas (o esposos) de los mandatarios a lugares de interés turístico (en algo tienen que ocupar el tiempo), y toda clase de lujos.
Los habitantes de Uganda, con un arraigado sentido de la hospitalidad, dicen con orgullo que se han sentido honrados de acoger durante varios días a tanta gente importante, y son felices de que la imagen de su país ha salido ganando. Lo cortés no quita lo valiente. Lo malo es que una reunión de esta categoría podía haber hecho mucho más por ellos y el resto de habitantes de países pobres que seguirán sufriendo las consecuencias del cambio climático y del comercio injusto si no se pone remedio con declaraciones más vinculantes.
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JC Rodríguez, A Eisman
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