Reflexiones desde una sala de prensa en Kampala
23.11.07 @ 04:44:53. Archivado en Política y Economía, Artículos José Carlos (JCR), Medios de comunicación
(JCR)
Acostumbrado a vivir durante 18 años en bosques y sabanas del Norte de Uganda y a familiarizarme más con campos de desplazados, aldeas aisladas y suburbios míseros, no puedo disimilar mi extrañeza de verme en una enorme sala de prensa habilitada en el Royale Imperial Hotel de Kampala donde durante estos días más de dos periodistas procedentes de todo el mundo entran y salen, escriben e informan sobre la cumbre de jefes de gobierno de países de la Commonwealth (conocida como CHOGM).
La organización es perfecta. Cada pocos minutos nos sirven un nuevo comunicado de prensa o nos convocan para otra rueda de declaraciones. Con nuestras acreditaciones nos han entregado un librito con todas las indicaciones prácticas. Sabemos a dónde acudir y a qué hora, lo que está permitido y lo que no, cómo conseguir fotografías de todos los acontecimientos y qué hacer si queremos acudir a algún acto oficial.
Sí, así es, porque la verdad es que para enviar informaciones al periódico o medio informativo para el que trabajamos no hace falta salir de la sala con aire acondicionado donde nos han preparado más de 200 ordenadores con conexión permanente y pantallas gigantes de vídeo donde podemos ver todo en directo en cualquier momento. Es muy lógico. Después de todo, no se puede llevar a dos mil periodistas y meterlos a todos a la vez en el parlamento, o en la sala de reuniones donde los jefes de gobierno debaten sobre el cambio climático o el comercio internacional. Así que cada día el que tenga especial interés en estar presente en alguno de los actos llena su solicitud detalladamente, y si tiene suerte le llamarán para que forme parte de un “media pool” que acompañará a los mandatarios durante el acto para el que se nos permita entrar.
Todo es perfecto, lógico e impecablemente organizado. Aunque lo malo de todo este modo de hacer las cosas es que hoy día para informar de un acontecimiento internacional no hace falta salir de la sala de prensa del hotel. Uno puede escribir sobre las consecuencias del cambio climático, sin molestarse en acudir a uno de los suburbios de Kampala donde hasta hoy mismo la gente se ha quedado sin casa por las fuertes inundaciones de la semana pasada. Se pueden redactar certeros análisis económicos sobre el comercio internacional, sin preguntar la opinión de la señora que en el mercado situado a dos kilómetros del hotel ve cómo cada día bajan los precios de sus productos. Se puede analizar el tema del más de un millón de desplazados en el Norte de Uganda sin coger un autobús que nos lleve a 300 kilómetros para entrar en esos campos donde la gente vive en la desesperación. Al periodista que se presta a esta manera de hacer las cosas simplemente se le lleva directamente del aeropuerto al hotel, y al cabo de cuatro o cinco días realizará el trayecto a la inversa. Habrá escrito miles de palabras sobre la Commonwealth, sobre Uganda y sobre los temas que discutan los líderes sin poner los pies en otro lugar que no sea la sala del hotel donde se le da todo servido.
No exagero. Les aseguro que así funcionan hoy muchos, muchísimos periodistas. Llevo tres días viéndolo, y aún me quedan otros tres.
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JC Rodríguez, A Eisman
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