Reflexiones sobre África ... desde un hiper europeo
17.10.07 @ 09:35:04. Archivado en Desarrollo, Costumbres, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
Hace algo más de dos semanas que no daba señales de vida. Estoy de vacaciones en España, acompañando a mis ancianos padres durante un mes, como intento hacer una vez al año. Cada vez que vengo aquí
desde Uganda tardo algún tiempo en aterrizar y se me viene encima el cansancio acumulado durante todo el año. Hoy he tenido una extraña sensación rayana en la tristeza haciendo la compra.
Les escribo desde Ciudad Real, donde estoy pasando unos días con mi hermana. Desde hace varios años tenemos un pacto: yo estoy en su casa a cuerpo de rey y yo a cambio hago la compra y la comida. Me acompaña una religiosa ugandesa del Sagrado Corazón gran amiga mía, que ha venido para hacerse chequeos médicos y buscar ayudas para proyectos de su congregación. Esta mañana fuimos a un supermercado a hacer la compra de toda la semana. Cada vez que entro en este tipo de lugares en Europa después de vivir en un lugar donde falta de todo, el bullicio de cientos de compradores que recorren los pasillos entre los estantes del hiper me penetra en la cabeza causándome una gran jaqueca...
Mi mente vuelve a Uganda, donde desde hace pocos años varias empresas surafricanas han abierto hipermercados en la capital, Kampala, como templos del libre comercio y el consumismo que llega a todas partes. En las pocas ocasiones que he entrado en uno de ellos siempre me ha llamado la atención un detalle inolvidable: la visión de un hombre o una mujer que recorre despacio la gran superficie, mirando con detenimiento unos artículos demasiado caros para su bolsillo, para tal vez al cabo de una hora acudir al cajero de salida con una botella de agua mineral, una barra de pan, una pastilla de jabón o tal vez un paquetito de caramelos para sus hijos. Cuando me pongo a la cola, me doy cuenta que casi todos los que están delante de mí llevan apenas un artículo de poco valor. Han pasado una hora observando lo que nunca podrán comprar y salen con apenas nada.
Mi amiga la monja ugandesa, casi sin atreverse, nos ha pedido si le podíamos comprar un yogur. Cuando la hemos llevado a la estantería kilométrica donde se exhiben yogures no daba crédito a sus ojos: semidesnatados, con bífidus, sin ellos, con trocitos de fruta, con fibra, con infinidad de combinación de sabores.
"Tenéis un país estupendo", ha musitado en voz baja, queriendo mostrarse cortés.
Ella vive a 600 kilómetros de la capital, en un lugar cercano a la frontera con Sudán, y ha trabajado siempre con refugiados y con niños-soldado. Cuando viene a Kampala a hacer compras y termina su trabajo, entra en un supermercado y se compra un yogur, el único que se puede encontrar, importado de Kenia, con un (lejano) sabor a vainilla. Ha mirado desconcertada la fila interminable de productos lácteos, ha señalado a uno de ellos y se ha sorprendido cuando he cogido la media docena de yogures que van unidos.
Cuando estábamos a la cola para pagar, he recordado la visión de la mujer que acude con su hijita al supermercado de Kampala y que sale con un cartoncito de leche, solo uno, y me pregunto qué sentiría si hubiera estado con nosotros esta mañana. Yo, personalmente, ante tal abismo, después de 20 años en África, no puedo evitar seguir sintiendo vergüenza.
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Os escribo desde Sevilla. Agradezco a Dios el haberme dado la oportunidad de haber caminado con vosotros por sus calles(no tan ruidosas como las de Kampala),haber compartido una cerveza en una tasca (con cabeza de toro incluida)y haber rezado a la Virgen de Triana por los menos favorecidos en el reparto de esta gran tarta que es el mundo. Ahora me siento llena de vuestra sencillez y llamada a continuar llevando vuestra sonrisa ( la de Dios) alli donde me encuentre. Me habeis enseñado a abrir mi corazon y mi casa a los demas, a valorar lo mucho que tengo y a darme cuenta que no hay barreras cuando el amor es lo que nos mueve. Gracias
Y además, he visto que al final faltaba algo: el cordial saludo que enviaba.
P.-
No dudo que en Occidente haya crisis espiritual, pero no lo digas: es demasiado reaccionario... y políticamente incorrecto (¡cuidado!).
Afortunadamente, hablando de "la corrupción de la jerarquía religiosa" sí avanzas, con pie firme, hacia la modernez.
Admiro el trabajo que realizan en África muchos misioneros. De ellos hay mucho que aprender, pero me resisto a que se conviertan en herramientas del socialismo, cuyos horrores salpican la historia del siglo XX.
Claro que el capitalismo no es perfecto (¿Cómo va a serlo, si es obra humana?) y podemos, como dices, hablar de sus "efectos secundarios". Pero preferiría empezar por los "efectos primarios" de regímenes socialistas, islámicos, afrotiránicos...
Es un debate interesante. Claro que la mayoría lo tiene claro: todos hacen lo imposible por vivir en países democráticos y economías libres.
¿Debemos criticarlos? Lo que debemos es ayudar a difundir la economía de mercado por todo el mundo...
Aparte de los niños soldado, la corrupción política, la corrupción de la jerarquía religiosa, la prostitución infantil, el hambre y todas las epidemias africanas, en este blog se puede encontrar la otra Africa, la otra Iglesia, testimonios positivos de otros líderes, etc. Alberto y Jose Carlos llevan un año escribiendo artículos, sólo hace falta sacar el tiempo para leer todos esos testimonios positivos.
No es tanto demagogia, como utopía si quieres, pero en el fondo esperanza. Esperanza en otro futuro no necesariamente mega-capitalista.
Hablamos de los efectos secundarios del capitalismo, el libre comercio o cómo lo queramos llamar? Me viene a la cabeza la película "La pesadilla de Darwin"...
Sin duda no existen, bajo ningún concepto, pueblos mejores y peores, pero eso de que "las cosas que tienen allá y de las que nosotros carecemos" me parece humor negro: díselo a los que vienen huyendo de la miseria, en busca del capitalismo.
Desde luego, todo ese discurso demagógico y antioccidental no le hace ningún favor a África, al contrario: la condena a seguir donde está. Menos mal que, en mi opinión, tras el vertiginoso crecimiento de Asia y de buena parte de Latinoamérica, llegará el momento de África. Y espero que sea pronto.
Saludos
Saludos y mucha suerte.
P.-
Quizás también se podría mirar al revés. Alguien como Juan Carlos viene por este rincón de Europa desde Uganda, y quizás en estas visitas apreciará muchas de las cosas que sí tienen allá y de las que nosotros carecemos.
A mi tía Conchita, que vive en Bolivia desde hace muchos años también le pasa algo así...
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JC Rodríguez, A Eisman
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