Nyolo Derik, solo un niño camerunés (I)
11.10.07 @ 09:54:27. Archivado en Desarrollo, Gentes y rostros, Costumbres
Un lector de este blog, Arturo García, acaba de volver a España después de una estancia en Camerún y ha tenido la gentileza de enviarnos un artículo que publicamos aquí con mucho gusto. Mil gracias por compartir tus experiencias con nosotros.

El domingo 30 de Septiembre de 2007, por la mañana, se murió Nyolo Derik. Tenía 13 años, y oficialmente se murió a causa de un Linfoma de Hodgkin. Pero suele ocurrir que lo oficial tiene poco que ver con lo real, y lo real es que se fue muriendo poco a poco, durante más de dos meses, en un dispensario de la selva de Camerún, para morir definitivamente a las puertas de un hospital, en la capital de su país.
Se puede decir que su muerte se ha debido a muchas posibles razones. Se puede incluso señalar a varias personas e instituciones como responsables, directa o indirectamente, de su final. Y ahora, tras su muerte, de otras muchas se podría decir que no hicimos todo lo posible porque no muriera.
Empezó a morir hace tiempo, cuando enfermó y comenzó a perder peso sin que hubiera ninguna explicación coherente para ello. Nada parecía justificar su estado de salud, pero el peso se le iba escapando poco a poco día tras día. La total carencia de medios para trasladarle, unido a la incultura de su familia, hicieron que su enfermedad evolucionara sin más barreras que los remedios tradicionales. Cuando fue encontrado a medio camino entre su casa y el dispensario, era un espectro de saco de huesos. Parecía que su camino hacia la muerte se vería truncado una vez que ingresó en el dispensario, pero se murió otro poco cuando tras una semana de ir ganando peso y recibiendo medicinas, convulsionó y quedo en coma durante dos días. Siguió muriéndose cuando dos biopsias fueron enviadas a dos centros médicos importantes de Yaoundé, (capital de Camerún) y el resultado fue “inespecífico”. No había forma de saber lo que tenia.
La muerte final, camuflada de esperanza, llegó con el resultado de una biopsia analizada en un hospital de Murcia: Linfoma de Hodgkin. Digo camuflada de esperanza porque al menos, tras dos meses de búsquedas infructuosas, había un diagnóstico. Un diagnóstico que permitía iniciar el tratamiento de una enfermedad que es muy grave, pero que tiene un elevado porcentaje de curaciones.
Sin embargo, nuestros hospitales no son como los cameruneses. El sistema de salud en Camerún sólo se encarga, previo pago y con muchas carencias, de los temas médicos de los pacientes. La comida (algo muy importante en un enfermo desnutrido), no entra dentro de los servicios. Las personas que se encargan de esto, se les llama “garde malades” (guarda enfermos), y generalmente es un rol que juega la familia. Así pues, para que un enfermo ingresé en un hospital, no solo hace falta un dinero que casi nadie tiene, sino también algún familiar que lo atienda y le dé de comer. Por suerte, Derik tenía familia en Yaoundé, y teníamos el dinero para poder tratarle. Algo de esperanza iba apareciendo.
En el viaje desde la selva camerunesa hacia la capital, Derik iba con los ojos muy abiertos. Nunca había salido de su pueblo, y nunca había visto una carretera, tantos coches, tantas luces… Tras meses de sufrimiento, en su rostro se iba reflejando también algo de esperanza.
Una vez llegados a la capital, la esperanza que había ido creciendo en él y en nosotros, fue recibiendo duros golpes. El familiar que lo podría acoger en su casa (un funcionario del gobierno) se negó en rotundo en un principio, y tras apelar a su lado humano, (lado que costo encontrar) aceptó echarle de comer durante dos días, ni uno más, tras los cuales si no lo habíamos ingresado, lo pondría de patitas en la calle. No podía aceptar un familiar tan lejano en su casa, y además, en su lamentable estado de salud, iba a suponer un trauma para los niños pequeños que ya vivían con él.
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JC Rodríguez, A Eisman
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