Estación de Lluvias
01.10.07 @ 13:28:40. Archivado en Costumbres, Artículos Alberto (AE), Naturaleza y medio ambiente
(AE)
El calor comienza a acumularse en la atmósfera y se hace poco a poco insoportable. Al mismo tiempo comienzan a oírse truenos en la
distancia y uno sabe ya que esta situación agobiante va a durar poco, ya que es la señal que dentro de unos minutos o horas va a caer una lluvia que tendrá inmediatamente un efecto suavizante sobre las temperaturas y nuestros poros podrán descansar de nuevo. Estamos en la época de lluvias, que en Sudán (sin contar los efectos del cambio climático) tiene lugar normalmente de Julio a Octubre. Durante esos meses, el paisaje cambia completamente, transformándose según la cantidad de agua presente en el suelo. En estas zonas entre sabana y bosque tropical la hierba hace su acto de presencia durante este periodo pero desaparece a las pocas semanas de haber parado las precipitaciones, cambiando radicalmente el paisaje.
La lluvia no solo tiene un efecto fundamental sobre las actividades agrícolas, sino que también afecta a la vida social. Muchos de los riachuelos de la región se convierten en corrientes insalvables que cortan pueblos y zonas enteras. Los pocos puentes que había fueron bombardeados por una facción u otra durante la guerra civil por lo que es muy difícil cruzar ríos y vados, a no ser que haya por ahí algún barquero que se gane la vida pasando gente y pequeñas mercancías en una modesta barquilla que indefectiblemente tiene un aspecto de lo mas inquietante.
La falta de movilidad en las comunicaciones significa que muchas actividades se tienen que dejar para la época seca. Es difícil hacer cursos, organizar escuelas, transportar mercancías, movilizar a la población.... Todas las personas están pendientes de sus campos y, aunque quisieran, no pueden moverse demasiado ya que las carreteras están llenas de barro y cualquier desplazamiento por pequeño que parezca se puede convertir en una odisea de varios días.
Una vez me tocó visitar varios poblados durante esta zona y por tanto, tal como estaba la cosa, el utilizar un coche no era una opción. Tuve que armarme de valor y paciencia y tomar una de esas bicicletas chinas (era la primera que tuve, luego pude adquirir algunas mejores) que, aparte de ser pesadas por ser puro hierro, no permiten cambiar marchas, lo cual significa que en cuanto hay una cuestecilla considerable hay que bajarse y empujar. Recuerdo el sentimiento de impotencia que me invadió cuando oí que se acercaba la tormenta y pude comprobar en el horizonte que una cortina de agua venia a mi encuentro. En tales circunstancias uno sabe que no debe resguardarse debajo de un árbol, ya que se dice que atrae a los rayos... Pero por otro lado pensaba que qué sentido tenia hacer esto cuando estaba empujando una bicicleta de puro hierro que podría atraer las descargas eléctricas lo mismo o más que cualquier árbol. Toda una situación en la que uno no sabe cual es la opción peor. Opté por seguir empujando la bicicleta y mis acompañantes decidieron hacer lo mismo. Ni que decir tiene que llegamos a nuestro destino, unos 20 Km. más adelante, empapados de agua y con apenas fuerza. El moverse durante la estación de lluvias es definitivamente una aventura de aquellas que no sabes cómo puede terminar.
Uno de los desafíos principales de este periodo de post-conflicto es la reconstrucción de infraestructuras, que son esenciales para el desarrollo del país, para el crecimiento de sus mercados y para poder comunicarse con otras zonas. Hasta que no llegue ese día estaremos a la merced de una naturaleza indómita y poderosa que determina el estilo de vida de la gente, limitando sus movimientos y haciendo de los ríos y valles obstáculos insalvables.
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JC Rodríguez, A Eisman
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