El duro destino de ser niño en África (I)
21.06.07 @ 09:45:45. Archivado en Desarrollo, Gentes y rostros, Política y Economía, Costumbres, Medios de comunicación
(AE)
En estos días se ha celebrado en los países de África el “Día del
Niño Africano”, una jornada inspirada en aquel trágico 16 de Junio de 1976, cuando las fuerzas armadas del entonces gobierno segregacionista surafricano reprimieron violentamente una pacífica protesta de estudiantes que se manifestaban contra la imposición del Afrikaans como lengua de instrucción escolar. Años después, la Unión Africana eligió esa fecha para recordar los Derechos del Niño y los temas relativos a la infancia del continente. Creo que, aunque sea una fecha que ya ha pasado, la celebración de este día puede dar pie para que reflexionemos un poco sobre la situación de la infancia en África y los muchos desafíos a los que se enfrenta.
Este día se ha convertido especialmente en una jornada de lucha contra el tráfico de niños, el trabajo infantil, el abuso sexual y otras actividades ilegales que se aprovechan de los miembros más vulnerables de la sociedad. La pobreza, el poco acceso a los servicios básicos, la corrupción y la falta de oportunidades son caldos de cultivo para el abuso y los excesos contra los niños, convertidos muchas veces en meros instrumentos en manos de personas sin escrúpulos.
Uno de los problemas más acuciantes de la infancia en África son los niños de la calle, un preocupante problema que afecta a las mayores metrópolis africanas, en las que pululan colonias enteras de niños y niñas harapientos, viviendo de la limosna, de los desperdicios en las papeleras, y con grandes problemas de dependencia ya que muchos de ellos engañan el hambre, el frío o la frustración con disolventes o pegamentos que esnifan continuamente.
Se cuentan por miles los niños que viven en esta situación tan terrible. A veces son niños huérfanos, a veces son familias enteras alrededor de una madre que no tiene otro recurso que vivir en los más inhóspitos lugares de una gran ciudad. Aunque las leyes dicen que los niños deben ser protegidos, en estas situaciones son ellos los más vulnerables y afectados tanto por las situaciones de miseria en las que tienen que vivir com por el desdén de las autoridades y la administración.
Las condiciones en las que viven estos niños van más allá de las palabras. Varias veces me ha pasado que he tenido que cruzar ciertas partes de Nairobi con el coche y por descuido he tenido la ventana del coche abierta. Los niños de la calle aprovechan estas ocasiones para acercarse a los conductores y, en un instante, muestran una mano que hasta entonces estaba oculta por la manga. En esta mano llevan excrementos humanos e ipso facto te retan a que les dés unas monedas o te echan la mierda dentro del coche. Siempre que me ha pasado esto, me he preguntado hasta qué punto se puede denigrar un ser humano por conseguir algo que comer o de lo que subsistir.
Aquí también son los niños unos de las primeras víctimas de la violencia, tanto doméstica como en general. Un informe de la ONU del mes de Mayo vuelve a hacer énfasis en el silencio que rodea a todos los casos de violencia cuando ésta afecta a niños. Si esto se repite regularmente, los efectos psicológicos son devastadores y durarán casi tanto tiempo como viva ese niño o esa niña. El problema radica normalmente en la familia, ya que es casi siempre un familiar o una persona cercana la que lleva a cabo acciones violentas contra los niños. El trauma, si no se ataja a tiempo, puede crear una espiral de nueva violencia ya que la persona afectada es mucho más propensa a ser violenta en su trato con otros. Recuerdo una joven mujer que vino a verme hace ya algún tiempo, y durante mi encuentro, me rasqué la cabeza un par de veces, de una manera completamente inconsciente. En ambas ocasiones, y también inconscientemente, ella protegió su cabeza. La violencia había llegado a marcarla de tal manera que reaccionaba instintivamente a todo gesto que pudiera recordarle el calvario que tuvo que pasar a manos de un padre y luego más tarde de un novio sin escrúpulos.
Continuará...
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JC Rodríguez, A Eisman
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