(JCR)
África fascina y desgasta a la vez. Todo lo que tiene de bello lo puede tener de cruel e imprevisible. El misionero suele vivir en lugares aparentemente apacibles, pero que de repente pueden revelarse como un enredo de circunstancias políticas, sociales, culturales y eclesiales imposibles, que terminan por hacer mella en uno. Al final la cruz, aceptada con fe, siempre genera resurrección, aunque a veces se tarde en ver los frutos nacidos de esos momentos difíciles.
No estoy hablando de pasar enfermedades como la malaria o de realizar caminatas agotadoras, aunque también, sino de situaciones de desgaste psicológico que son mucho peores. Tengo ejemplos a manta. Un día de 1998 llegué a una de las capillas de la misión de Kitgum, a 45 kilómetros de la misión. Me sorprendió ver a la gente muy tensa y poco comunicativa. Al final de la misa el catequista, con aire severo, llamó a todos los presentes a una reunión. Como esto se repitió una vez más le pregunté de que se trataba: “Uno de los cristianos ha querido envenenar a mi mujer y queremos averiguar quién ha sido, pero es mejor que tú no te metas en esto”, me advirtió. Nada mejor que decirme que no haga algo para que se me despierte más el interés. Al final acabé metido en el asunto hasta el corvejón, ya que estaba causando una gran división entre la comunidad, con hechiceros y adivinos incluidos. Acabé suspendiendo al catequista, cosa que la gente me agradeció enormemente, y las aguas se calmaron. Eso sí, pasé uno de los meses más difíciles de mi vida.
En años sucesivos iba a vivir situaciones mucho más dramáticas, incluso límites. Pasar noches enteras debajo de la cama mientras el recinto de la misión era un infierno de disparos durante horas interminables. Encontrarme en medio de un fragor ensordecedor en medio de una batalla en un poblado, con los ojos cerrados y esperando el momento de mi muerte, al final de la cual fui herido en un brazo y hecho prisionero por los soldados gubernamentales. Soportar durante semanas enteras amenazas, campañas difamatorias en la prensa acusándome de proveer armas a los guerrilleros, estar bajo aviso de expulsión, tener que cambiar de sitio para dormir cada dos o tres días durante algo más de dos años...
Claro, que después veía niños que todas las tardes caminaban 10 kilómetros desde sus casas para dormir en las calles de la ciudad por miedo a ser secuestrados, desplazados internos que habían perdido todo... y pensaba que a su lado mi sufrimiento era una nimiedad.
Creo que los momentos más duros han sido aquellos en los que me paraba a pensar que cada vez se ponían peor las cosas, no se arreglaba nada, aumentaban los desplazados, los secuestros de niños, los muertos... y poco podíamos hacer, excepto estar presentes con la gente como signo de que si el mundo se olvidaba de ellos, Dios no miraba para otro lado.
¿Cómo se sobrellevan situaciones de este tipo? Compartiendo los malos ratos con buenos amigos, viviendo en comunidad, haciendo ejercicio físico, tomándose un descanso de vez en cuando, rezando, y reflexionando que Dios tiene sus ritmos y al final situaciones que parecen abocadas a un callejón sin salida terminan por resolverse, o por lo menos mejoran. Personalmente, algo que me ha ayudado mucho durante estos años ha sido escribir. Una vez me dijo un psicólogo con el que tuve varias sesiones que el escribir con detalle las situaciones por las que había pasado me había ayudado a “hacerme dueño” del problema y controlarlo. En cualquier caso, hay que buscar salidas “sanas”, de lo contrario uno puede terminar por dejarse enganchar por adicciones que complican aún más el problema.
No todos los misioneros viven en situaciones de extrema violencia o extrema pobreza. Para otros las dificultades podrán ser más “normales”, como tener comunidades cristianas que colaboran poco, vivir con un compañero con mal carácter, tener que obedecer a un obispo más raro que la calentura, o carecer de medios suficientes para desarrollar su trabajo. Sea cual sea la prueba, la cruz siempre está presente en la misión.
Decía Daniel Comboni que las obras de Dios nacen y crecen al pie de la cruz. Cuando uno siente dolor de hombros al final del día y tiembla pensando en si esa noche van a atacar los rebeldes, uno se da cuenta de que esas palabras son mucho más que una bonita frase para un libro de espiritualidad.
Es domingo, ciudades dormidas desde la mañana, que se levantan para ir a misa. Sin los miles de taxis, de furgonetas, de coches y de gentes, No se trabaja. Atardeceres rápidos.Casa. Aquí a las 23,15 la gente anda celebrando la liga del R. Madrid que termina de ganar hace media hora(os lo adelanto). España es más nocturna. Una vez perdido el enganche y la necesidad de África, de huida,el salario que me atenazaba allí, el balance de los buenos y malos momentos me inhibe a repetir esos años, soy más consciente de lo que encontraré. Es un continente duro, muy duro. He visto gente marchar pues ya no tenía fuerzas para seguir, renunciaba a sus empleos, o retornaba con sus parejas. Los africanos lo hacen muy dificil.La delincuencia, el poco valor de la vida, la enfermedad, la desorganización,el riesgo de la vida, la convivencia dificil que nos hacen a los blancos, etc.Veo que también os llegan agotamientos, que pasais esas etapas, que volveís. Yo a los 20 dias en España(cada seis meses), nece...
La experiencia de guerra, muy fuerte. Yo conozco personalmente en C. Ivoire, religiosos a los que una gente les entra en la Iglesia huyendo de los otros, al final llegan los otros armados, los quieren matar , el cura se opone yh se viven momentos de tensión y peligro muy lejos de cualquier protección, es más no existe esa protección es una cara o cruz. Algunos mueren y otros les queda el haber vivido esos trágicos momentos. Normalmente no os notaba los bajones que tu como humano reconoces tener. Yo llevo 4 años muy malos, a ver si esto termina favorablemente. Un saludo.
Buenas impresiones.No me extraña la dualidad de sensaciones antagónicas con Africa. Yo un día al levantarme no podía hablar, ni mover un músculo de la cintura para abajo, me aterré. Supe que había sido "poisonne"(envenenado), vino un médico español y me inyectó, lo acusó al alcohol, habían sido miles las noches de alcohol antes y después y nunca pasó nada.Años después lo asocié a mi pareja (aún hoy tengo dudas), un día a instancia suya pasé por la Notaria la deje frigorifico,TV. Cocina,congelador, hifi, muebles y coche a su nombre, (antes no estaban). Aún hoy no tengo las cosas claras.Muy realista tu blog, la convivencia de la comunidad a veces debe de ser díficil, yo estudié en los Maristas 12 años, uno de los mejores curas nos decía una cosa que no entendiamos con 15 años y que el nos utilizaba como válvula de escape, nos decia" Señores, lo peor no es ser religioso, lo peor es la convivencia en la orden". Yo soy muy rebelde muy contestatario a la imposición y la injusticia, hubiese t...
Martes, 9 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Robert Blair Kaiser
Asoc. Humanismo sin Credos
Ediciones Khaf
Mario Bruzzone
JC Rodríguez, A Eisman
Juan Fernandez Krohn
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo