Los pecados de la Iglesia en África (I)
17.05.07 @ 09:45:02. Archivado en Desarrollo, Política y Economía, Religión, Costumbres, Artículos José Carlos (JCR), Medios de comunicación
(JCR)
Vaya por delante que si no me encantara vivir en África y trabajar con esta Iglesia hace ya tiempo que me habría marchado de aquí. En los casi 20 años que llevo en Uganda me he encontrado con personas excepcionales de una profunda fe y calidad humana, y que estoy convencido de que tenemos mucho que aprender de estos cristianos. Al mismo tiempo, y como en todas partes cuecen habas, uno también se da cuenta de que la Iglesia en países africanos suele cojear casi siempre del mismo pie, o más bien varios pies. Puede ser debido a razones culturales o históricas, pero fenómenos como los que mencionaré a continuación han causado más de un infarto a misioneros que no se toman la vida con suficiente calma. Sin ánimo de ofender a nadie, esta vez me gustaría señalar algunos de los rasgos más chocantes –negativamente- que suelen aparecer en diócesis, parroquias y demás curias de latitudes tropicales, y de los que, por supuesto, tampoco este cura –que ya es casi medio africano- está exento.
1. El miedo a tomar decisiones.
En Europa llevarse bien con los vecinos suele ser opcional. En África puede ser cuestión de vida o muerte. Seguramente por esta razón los obispos suelen tomarse muchísimo tiempo antes de tomar una decisión, sobre todo si se huelen que va a enojar a alguien, y más si ese alguien es un grupo de sacerdotes, políticos o cualquier persona que mañana se pueda tomar la revancha. Es muy comprensible, pero esta estrategia de dar la callada por respuesta suele ser nefasto cuando se hace sistemáticamente y cuando hay situaciones de verdadero abuso que bloquean el funcionamiento de parroquias, oficinas de obispados o cualquier otra institución como una escuela o un hospital. En la diócesis donde trabajé anteriormente estuvimos diez años sin vicario general ni decanos porque el obispo en cuestión –que además era de otra tribu- no se fiaba ni de su sombra. Por la misma razón, una vez realizado un nombramiento al cura en cuestión ya nadie lo mueve de la silla, sobre todo si tiene un puesto jugoso que conlleva viajes al extranjero y acceso a dinero, como director de servicios sociales o rector del seminario.
Si esto sucede con obispos, ya pueden ustedes imaginarse que en este contexto cultural donde el jefe a menudo tiene un poder absoluto, los que están por debajo de él –vicarios episcopales, decanos, párrocos, etcétera- cuando se enfrentan a una situación delicada dudan de si tienen suficientes facultades para tomar determinadas decisiones y suelen lavarse las manos diciendo que ya informaremos al señor obispo, el cual al final dice: “ya veremos” y no raramente aquí se acabó todo.
Con bastante frecuencia, este tipo de situaciones absurdas suelen terminar cuando los donantes extranjeros de la diócesis en cuestión se cansan y emplazan al señor obispo a dejarse de dudas eternas y tomar decisiones de una vez, so pena de ver los fondos de la diócesis suspendidos.
2. Ante los abusos, silencio.
En África hay situaciones de abusos de derechos humanos que claman al cielo. Miles de personas detenidas sin juicio, ricos que arrebatan a los pobres lo poco que tienen, dictadores que hacen lo que les viene en gana y personas expulsadas de sus tierras, por poner algunos ejemplos. Prelados con un par bien puestos, como el arzobispo de Bulawayo Pius Ncube (en Zimbabue) que le dicen al presidente que dimita de una vez y dé libertad al pueblo, o el asesinado monseñor Munzihirwa en Congo son –por desgracia- más bien la excepción que la regla.
Una vez más, factores culturales como la obediencia ciega a la autoridad, la falta de reacción ante problemas importantes o el miedo a perder ciertos privilegios hacen que la Iglesia se escude tras la excusa de “nosotros no hacemos política” cuando los obispos africanos deciden guardar silencio ante graves situaciones de derechos humanos. Peor es incluso cuando un obispo va a bendecir la mansión del político de turno que se ha enriquecido de maneras bastante dudosas. Si en España es muy normal que al final de cada reunión de la conferencia episcopal los obispos hagan público un comunicado con gran resonancia en los medios de comunicación, en África las reuniones de obispos suelen terminar no raramente sin comparecencia ante los medios –a los que parecen tener verdadero pánico- o con mensajes acolchados con una muy medida ambigüedad y lenguaje melifluo que quiere decir y al final no dice nada. A menudo ocurre que hay una gran división entre los obispos en temas políticos y, como en casi todas las culturas africanas se suele tener miedo a la confrontación abierta, acuerdan tácitamente no hablar de temas polémicos.
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