100.000 muertos de malaria
04.05.07 @ 09:11:11. Archivado en Desarrollo, Artículos José Carlos (JCR), Naturaleza y medio ambiente
(JCR)
Entre 70.000 y 110.000 niños menores de cinco años mueren cada año en Uganda a causa de la malaria. Son datos que acaba de revelar el ministerio de sanidad de este país, al comenzar una campaña en la que van a distribuir 580.000 mosquiteras. La malaria, también conocida como paludismo es, desde hace muchos años, la primera causa de mortalidad de Uganda. Uno de cada cuatro niños que muere antes de los cinco años fallece a consecuencia de esta enfermedad. Son datos estadísticos, aunque como alguien dijo una vez: las estadísticas no sangran, las personas sí.
En mis primeros años de cura en el África rural y pobre, cuando la gente me llamaba para oficiar el funeral de un niño muerto, solía empezar el acto religioso diciendo “Dios ha llamado a este niño a su reino...” Dejé de pronunciar esta frase el día en que una madre, rota de dolor, que acababa de perder al suyo me preguntó: “¿En tu país también suele Dios llamar a tantos niños pequeños como aquí?”
Primero se siente una debilidad general, acompañada de dolores de cabeza. Después mareos, vómitos, dolores en las articulaciones y algún otro molesto síntoma. Se va uno a la cama, se somete a un análisis de sangre y –si da positivo- se toma unos las pastillas, acompañadas de gran cantidad de líquidos, y a esperar varios días a que se le pase. Si la enfermedad no va acompañada de insomnio, el descanso contribuye a una recuperación más o menos rápida. Servidor de ustedes, que lleva por aquí ya 19 años, ha padecido esta enfermedad unas tres veces al año de promedio, y muchos no tienen tanta suerte de poder contarlo. Lo peor que puede pasar es que se convierta en malaria cerebral, que puede acabar con el ser humano más fuerte en cuestión de horas.
Como ocurre a menudo en las zonas rurales de Africa, no es muy probable que un habitante de una aldea en Uganda viva cerca de un centro de salud donde pueda acudir a los primeros síntomas para recibir un tratamiento adecuado. A esto se añade el hecho de que el parásito del paludismo se ha hecho cada vez más resistente a los fármacos que tradicionalmente se han usado para combatirlo, como la cloroquina y la metaquelfina. La nueva medicina para tratarlo, el Coartem, se usa en Uganda como primera línea de actuación desde el año pasado, aunque ya hay médicos que empiezan a advertir de posibles efectos secundarios serios, sobre todo para personas delicadas del corazón. Lo más eficaz sigue siendo la prevención, sobre todo el uso de mosquiteras tratadas con insecticidas. Sin embargo, a menudo la falta de educación sanitaria y la pobreza en que vive la gente dan lugar a situaciones poco deseables, como el caso de personas que reciben estas mosquiteras gratis para después venderlas. El año pasado la prensa de Uganda se hizo eco de una zona al este del país donde las mujeres empleaban las blancas mosquiteras como vestido de novias.
A menudo se ha señalado la diferencia entre los recursos empleados en la investigación de otras enfermedades que tienen más resonancia pública, como el SIDA, y la malaria, que sigue siendo una enfermedad de pobres y para la que sigue sin haber vacuna.
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JC Rodríguez, A Eisman
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